La columna del Director

ONCE AÑOS DE LA ABEJA

Por: Luciano Revoredo

Hace once años nació La Abeja. No fue el resultado de un cálculo empresarial ni de una estrategia política. Fue una respuesta. La respuesta que el Perú necesitaba, un espacio donde pudiera ejercerse un periodismo libre, una reflexión seria y una defensa sin complejos de los principios que han dado forma a nuestra civilización.

Desde el primer día tuvimos claro que no bastaba  únicamente con informar. Informar es indispensable, pero no suficiente. Cuando la verdad es relativizada, cuando la libertad se ve amenazada y cuando los fundamentos morales de una nación son sistemáticamente cuestionados, el silencio deja de ser neutralidad para convertirse en complicidad.

Por eso nació La Abeja. Y por eso, once años después, seguimos aquí.

Durante este tiempo hemos vivido probablemente uno de los períodos más convulsos de la historia republicana reciente. Hemos visto desfilar presidentes, crisis ministeriales, vacancias, un golpe de estado, disoluciones del Congreso, enfrentamientos entre poderes del Estado, una pandemia, un intento de golpe de Estado y una creciente degradación del debate público. Lo que en otros países habría ocupado varias generaciones de vida política, el Perú lo ha experimentado en apenas una década.

En medio de esa tormenta, La Abeja decidió hacer algo que hoy parece casi imposible: mantener una línea editorial coherente.

No nos hemos movido al ritmo de las encuestas. No hemos cambiado de principios según la conveniencia del momento. No hemos buscado agradar a los poderes políticos ni económicos. Hemos preferido conservar la independencia antes que la comodidad, porque un medio que renuncia a su libertad para obtener favores deja de servir a sus lectores y termina sirviendo al poder.

A lo largo de estos once años hemos visto cómo el progresismo intentó presentar sus postulados como verdades indiscutibles. La ideología de género, el relativismo moral, el aborto como supuesto derecho, la deconstrucción de la familia, el debilitamiento de la autoridad, el ataque a la tradición y el desprecio por la herencia cultural de Occidente fueron promovidos desde organismos internacionales, sectores académicos, buena parte de la prensa tradicional, numerosas organizaciones financiadas desde el exterior y hasta por una parte deplorable de la iglesia. Frente a esa ofensiva cultural, La Abeja no guardó silencio.

Defendimos la vida cuando hacerlo implicaba ser objeto de campañas de descalificación. Defendimos la familia cuando muchos preferían adaptarse al lenguaje dominante. Defendimos la libertad económica cuando se pretendía convencer a los peruanos de que el estatismo era la solución a todos los problemas. Defendimos la propiedad privada, la responsabilidad individual y el principio de subsidiariedad cuando eran presentados como conceptos anticuados frente a las nuevas utopías colectivistas.

No lo hicimos por nostalgia ni por ideología, sino porque estamos convencidos de que esos principios siguen siendo los pilares de cualquier sociedad verdaderamente libre. Pero nuestra batalla también ha sido espiritual y cultural.

Como medio de inspiración cristiana y profundamente identificado con la tradición católica, hemos defendido con claridad la identidad de la Iglesia frente a las corrientes que pretenden diluir su misión sobrenatural en un mero activismo político o ideológico. Hemos sostenido que la Iglesia no existe para repetir las consignas del mundo ni para adaptarse a cada moda cultural, ni para convertirse en una oenegé, sino para anunciar, íntegramente y sin rebajas ni complejos, el Evangelio de Jesucristo.

Por ello hemos manifestado nuestras discrepancias con aquellas corrientes del llamado progresismo cristiano que, a nuestro juicio, terminan subordinando el depósito de la fe a categorías ideológicas o sociológicas pasajeras. Creemos que la auténtica renovación de la Iglesia nunca puede edificarse sobre la renuncia a su doctrina, sino sobre una fidelidad más profunda a Cristo, a la Sagrada Escritura, a la Tradición y al Magisterio. La defensa de la civilización cristiana forma parte inseparable de la defensa de la libertad. Una sociedad que pierde sus raíces termina perdiendo también el sentido de su dignidad, de su historia y de su futuro.

Pero nuestra voz no se ha limitado a la batalla cultural. También hemos acompañado con atención crítica la evolución política del Perú. Advertimos tempranamente los riesgos que suponía el progresivo deterioro institucional durante el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski. Denunciamos con firmeza las graves consecuencias institucionales producidas durante el gobierno de Martín Vizcarra, cuya confrontación permanente entre poderes profundizó la crisis política y debilitó el equilibrio constitucional. Lo que lo condujo a dar un golpe de estado cerrando inconstitucionalmente el congreso.

Fuimos igualmente claros frente al gobierno de Francisco Sagasti, cuya administración consolidó, en diversos ámbitos, una agenda política y cultural cercana a postulados progresistas que considerábamos ajenos a las prioridades reales del país.

Y cuando Pedro Castillo intentó quebrar el orden constitucional mediante su golpe de Estado del 7 de diciembre de 2022, La Abeja no necesitó esperar el consenso de nadie para denunciarlo. Desde el primer momento defendimos la Constitución, la democracia y el Estado de derecho, convencidos de que ningún proyecto político  puede situarse por encima de la ley.

Asimismo, hemos mantenido una actitud crítica frente a las deficiencias, vacilaciones y errores de quienes han ejercido posteriormente el poder, porque nuestra lealtad nunca ha estado con los gobiernos de turno, sino con el Perú.

Sabemos que muchas de nuestras posiciones han sido incómodas. Hemos sido objeto de querellas judiciales, ataques, caricaturas, intentos de descalificación y campañas de descrédito. Nada de ello nos sorprende. Quien decide participar en la batalla de las ideas debe aceptar que la libertad tiene un precio. Todo agravio viniendo de los albañales de la izquierda mendaz y homicida es para nosotros una condecoración.

Sin embargo, también hemos recibido el reconocimiento de miles de lectores dentro y fuera del Perú y diversas distinciones que valoramos como un homenaje al esfuerzo colectivo de todos quienes hacen posible este proyecto. Son reconocimientos que pertenecen, sobre todo, a nuestros colaboradores.

Ellos constituyen el verdadero patrimonio de La Abeja. Intelectuales, historiadores, economistas, abogados, filósofos, periodistas, sacerdotes, docentes y jóvenes escritores han encontrado en estas páginas un espacio para desarrollar ideas que difícilmente habrían tenido cabida en otros medios. La riqueza intelectual de nuestro portal proviene precisamente de esa comunidad de personas libres que, desde distintas disciplinas, comparten el compromiso con la verdad y con el futuro del Perú. A todos ellos les debemos una inmensa gratitud.

Y, por supuesto, a nuestros lectores. Ustedes han sido la razón de nuestra existencia durante estos once años. Han leído, discutido, compartido y difundido nuestros artículos. Han apoyado un proyecto completamente independiente, sostenido mucho más por la convicción que por los recursos materiales. Gracias a ustedes hemos demostrado que todavía existe un amplio sector de peruanos que no está dispuesto a renunciar a sus principios ni a aceptar pasivamente el pensamiento único.

Once años representan una etapa importante, pero no el final del camino.

La crisis política que atraviesa el Perú continúa. La batalla cultural está lejos de haber concluido. Las presiones para imponer una visión relativista de la persona, de la familia, de la educación y de la propia naturaleza humana siguen presentes. El intento de reescribir nuestra historia, debilitar nuestras instituciones y vaciar de contenido nuestra identidad nacional tampoco ha cesado.

Por eso La Abeja seguirá haciendo aquello para lo que nació. Seguiremos defendiendo la vida, la familia, la libertad, la propiedad, la economía de mercado, la tradición cultural del Perú y las raíces cristianas de nuestra civilización. Seguiremos dando voz a quienes creen que la verdad existe y que vale la pena defenderla.

Porque las modas pasan. Los gobiernos pasan. Las ideologías terminan agotándose. Pero los principios permanecen.

Y mientras esos principios necesiten una voz que los defienda, La Abeja seguirá volando, con la misma libertad, la misma convicción y el mismo compromiso con que inició su camino hace once años.

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