
Por: David Echevarría Landauro
En 1980, las elecciones en Perú fueron disputadas con nueve partidos políticos de izquierda. Aunque, en esos días, gran parte de la izquierda seguía comprometida con la democracia, había dos facciones militantes que simpatizaban con la lucha armada como una sola ruta potencial hacia el poder. Estos fueron Sendero Luminoso (SL) y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA).
En 1989 el líder izquierdista Alfonso Barrantes Lingán pudo conseguir que las facciones más moderadas de la izquierda formaran el Acuerdo Socialista Izquierdista (ASI), pero los partidos mejor organizados, el Partido Unificado Mariateguista (PUM) y el Partido Comunista Peruano (PCP), permanecieron separados, unidos bajo el grupo Izquierda Unida (IU). Era una situación compleja o difícil para las elecciones de 1990 en las que la ASI e IU juntas obtuvieron menos del 12 por ciento de los votos. Ninguno de los partidos de izquierda pudo establecerse como una opción electoral en el Perú.
En enero de 2019 Vladimir Cerrón, líder y creador del partido marxista, Perú Libre, organizó un evento en el que varias organizaciones socialistas se reunieron en Huancayo. El propósito de la reunión era forjar una alianza de izquierda para las elecciones de 2021. Entre ellos estaba Juntos Por El Perú, un partido comunista liderado por Verónica Mendoza. Sin embargo, estaba claro que Mendoza no estaba lista para seguir a Cerrón, porque, entre otras diferencias, este había hecho algunas declaraciones discriminatorias que no estaban en línea con las políticas de inclusión e igualdad de su partido.
En 2021, Perú Libre de Cerrón obtuvo una ajustada victoria electoral con Pedro Castillo como candidato presidencial. Castillo es un activista del sindicato de maestros rurales de los Andes sin experiencia previa en política nacional. Ahora tiene el enorme desafío de unir a su partido y forjar alianzas con otros partidos.
Castillo, de 51 años, era prácticamente desconocido hace siete meses, pero el 11 de abril, en primera vuelta, derrotó a 17 candidatos al obtener el 18% de los votos emitidos. Y el 6 de junio, en la segunda vuelta de las elecciones, derrotó por un estrecho margen a la candidata derechista Keiko Fujimori por 51,1 % a 49,9 %, una diferencia de 44.000 votos.
Keiko es una líder del clan político más poderoso del país, pero no gusto por su política contaminada por corrupción. En su artículo “¡Castillo no tiene mandato de refundación!” Juan Carlos Tafur en Sudaca escribió que “… simplemente, lo que pasa es que el pueblo, por razones en algunos casos inimaginables, terminó votando por Castillo, pero no por su ideología o por su perfil político, sino en protesta contra el statu quo, contra Keiko, contra Lima, de manera montañera, vamos a conocer, pero en ningún caso por un proyecto bolivariano”.
Pedro Castillo no fue la primera opción como candidato de Perú Libre. Fue elegido cuando Vladimir Cerrón, el fundador del partido y ex gobernador de la región de Junín fue prohibido de postularse para el cargo de presidente por motivos de corrupción. Cerrón fue condenado a tres años y nueve meses de prisión pendiente. Lo que significa que no tenía que ser detenido, pero no puede ocupar cargos públicos, incluso como asesor del Gobierno, directa o indirectamente. Sin embargo, Simeon Tegel escribe en el diario Washington Post: “… Cerrón parece estar en contacto diario, aunque secreto, con Castillo, mientras que también trolea a opositores políticos, e incluso aliados, en línea”.
Se ha hecho evidente que Cerrón es una “sombra” que dicta las decisiones del nuevo presidente. Como partidario de las dictaduras cubana y venezolana, hará que el nuevo gobierno peruano se haga parte del bloque antidemocrático en América Latina. Intentará incluir al Perú en el eje “castro-chavista” dirigido desde Cuba con la complicidad de Venezuela, Bolivia y Nicaragua y el respaldo de la Argentina peronista y el comunista López Obrador de México.
La crisis política encarnada por la inexperiencia del gobierno de Castillo se debe a tres puntos: primero nombrar a un gabinete mediocre de figuras de izquierda, incluidos marxistas radicales de línea dura, algunos implicados en delincuencia, que carecen de experiencia técnica o profesional en administración; segundo, la influencia política de Vladimir Cerrón; y tercero, la insistencia en tener una Asamblea Constituyente, que las encuestas muestran que no cuenta con la aprobación ciudadana. Debido a esto, ni siquiera el plan de izquierda moderada del ministro de Economía y Finanzas Pedro Francke tendrá la aprobación de un Congreso hostil y una presidencia que ha perdido el apoyo inicial de los partidos Morado y Somos Perú.
La elección de Guido Bellido, congresista de Perú Libre, (en lugar de Verónica Mendoza, que era la preferida por la izquierda moderada), como primer ministro ha colocado a Cerrón en la toma de decisiones del nuevo gobierno. Bellido es un congresista confrontativo, que es considerado incluso por muchos en la izquierda como no calificado para ser primer ministro. Bellido también es objeto de una investigación criminal por defender el terrorismo al escribir una publicación tolerante sobre Sendero Luminoso, el partido extremista maoísta responsable del asesinato de campesinos en las décadas de 1980 y 1990. También ha elogiado a Fidel Castro por impedir abiertamente que los homosexuales participen en la revolución cubana.
La selección de Bellido provocó un caos en el mercado que obligó a Castillo a nombrar, como ministro de Comercio y Hacienda, a Pedro Francke, un neocomunista visto como moderado, para calmar al mercado y a los empresarios peruanos. Cerrón había criticado a Francke como parte de los “Chicago Boys”. Sin embargo, tras la toma de posesión, Cerrón coincidió en que el economista era la mejor opción para la estabilidad económica.
De acuerdo con la Constitución, Castillo sometió al Congreso el gabinete el 26 de agosto para solicitar el voto de confianza. Dos días después el gabinete de ministros, presidido por Bellido, recibió el voto de confianza. Con la aprobación del Congreso Castillo puede empezar a gobernar y tratar implementar su plan de gobierno. Pero también puede encontrar su tumba porque su partido solo tiene 37 escaños en el Parlamento de 130 miembros. Así, la oposición domina el Congreso. Y es ahí donde empiezan las complicaciones, porque los tres grupos de derecha: Fuerza Popular, renovación Popular, y Avanza país pueden encontrar aliados en Somos Peru, Partido Morado, Podemos Perú y Alianza para el Progreso para aplicar la “incapacidad moral permanente.” Esta fue la figura legal con la que el congreso se deshizo anteriormente de dos presidentes, Pedro Kuczynski y Martin Vizcarra.
Sin embargo, el problema para Castillo y Cerrón no se alivia con el voto de confianza ya que el objetivo mayor de Castillo y Cerrón es tener una Asamblea Constituyente para reescribir la Constitución. No buscan un acuerdo fundamental con el Congreso, porque no tienen mayoría parlamentaria. De esta manera para obtener su objetivo necesitan disolver el Congreso, reescribir la Constitución y así hacer cambios fundamentales en el Perú. Según el periodista Juan Carlos Tafur, que escribe en Sudaca, Pedro Castillo, quiere seguir el camino ideológico y político para hacer del Perú una nueva Venezuela o Nicaragua. Pero, el dúo Castillo–Cerrón no tiene un mandato popular para convertir al Perú en un país socialista
Estas disputas políticas sólo perjudican al público. El país necesita que el Ejecutivo y el Congreso encuentren juntos soluciones a la pandemia, la reactivación económica, que brinden confianza a los inversionistas para evitar que sus acciones se desvaloricen, que paren la devaluación de la moneda peruana y detengan la retirada de dinero del país.






Militares pro Pedro Castillo atentan con la democracia en el Perú
Como elemento adicional al estado de caos político y económico en que está inmerso el Perú está el preocupante hecho que un grupo de malos militares y policías hayan formado una coraza protectora al presidente Pedro Castillo y su entorno de corrupción familiar.
Es cuando menos curioso que tanto la policía como el ejército peruano, quienes fueron las instituciones protectoras del país más golpeadas por la insania terrorista de Sendero Luminoso que azotó al Perú durante décadas, ahora surjan un grupúsculo de sujetos sin el menor escrúpulo ni vergüenza que se han convertido los grandes escuderos del gobierno con mayor corrupción de la historia del Perú Pedro Castillo Terrones, aliado incondicional del MOVADEF, brazo político de Sendero Luminoso.
Gustavo Bobbio Rosas forjó su carrera dentro del régimen Fujimontesinista donde fue asesor personal del General de Nicolás Hermoza Ríos, el cual está ahora cumpliendo una condena de 35 años presión por haber robado al ejército peruano ocho millones de dólares, dinero correspondiente a las raciones de comida de nuestros soldados que luchaban y morían en la guerra del Cenepa.
A la caída del régimen corrupto de Fujimori-Montesinos Gustavo Bobbio Rosas fue depurado del ejército en la limpieza subsecuente que inició el presidente Valentín Paniagua.
Estando fuera del ejército y su protector Hermoza Ríos en la cárcel, tomó contacto con Antauro Humala, quien junto a su hermano Ollanta habían protagonizado un alzamiento fallido. Gustavo Bobbio confesó sin el menor rubor en una entrevista al diario La República que el condenado por asesinato Antauro Humala “es un gran amigo al que le doy consejos cuando me los pide”. Lamentablemente las aventuras de Antauro Humala terminaron en la localidad de Apurimac cuando protagonizó nuevamente otro alzamiento sangriento que terminó con el asesinato de cuatro jóvenes policías. Antauro Humala fue capturado por el ejército junto a su ideólogo Fernando Bobbio Rosas, hermano del ex General Gustavo Bobbio, siendo condenado a 21 años de prisión.
En el año 2008 fue elegido presidente Ollanta Humala y Bobbio Rosas le exigió airadamente que le nombrara Ministro de Defensa del Perú ya que él se consideraba el único capaz para ese puesto, lo cual Ollanta Humala no aceptó su chantaje y lo apartó de su gobierno.
En 2014 toma contacto con el dueño del partido de extrema izquierda Perú Libre, Vladimir Cerrón Rojas que ya en ese entonces era gobernador regional de Junín y que luego sería condenado por delitos de corrupción de funcionarios y enriquecimiento ilícito, motivo por el cual no pudo presentarse como candidato presidencial y tuvo que ser sustituido por su “hombre de paja” Pedro Castillo Terrones, igual o más corrupto con él.
Para lograr sus fines participó activamente en la campaña de Pedro Castillo y su seudo partido Perú Libre aliado con el MOVADEF, que logró la presidencia de la república en unas muy cuestionadas elecciones generales plagadas de acusaciones de fraude.
A partir de agosto de 2021 Gustavo Bobbio fue nombrado asesor de la DINI ya que la Jefatura de la misma fue asignada al cuestionado ex Mayor de la policía José Fernández Latorre amigo de Pedro Castillo. Al parecer no le molestó que siendo general de ejército se subordine a un mayor de la policía, señal que el dinero hace maravillas en las personas cuyos intereses son subalternos que se puede apreciar en su constante cambio de camiseta desde Fujimorista pasando por los Humala y ahora con Vladimir Cerrón.
Alineado con el modus operandi de este gobierno, el diario Peru21 alertó que Gustavo Bobbio consiguió que el presidente Pedro Castillo nombrara a dedo a su hijo Arturo Bobbio Carranza, un sujeto sin oficio ni beneficio, como alto cargo al interior de la Superintendencia Nacional de Migraciones con un jugoso sueldo de más de 20,000 soles, una entidad que no solo emite pasaportes sino es la encargada de controlar el ingreso y la salida de peruanos y extranjeros al territorio nacional. Clave en estos momentos de fuga de todos los identificados en actos de corrupción de este gobierno.
Lo más preocupante de todo es que desde ese entonces el ex general Bobbio Rosas es un defensor acérrimo de este corrupto gobierno, manifestando a la Revista Caretas que cuando conoció a Pedro Castillo le sorprendió su “gran sensibilidad social” y su “honestidad”. Además, sostuvo que Pedro Castillo garantiza el desarrollo sostenible del país.
Pedro E. Kuljevan