Internacional

UNA HERIDA ABIERTA EN EL CORAZÓN DE FRANCIA

 

Por: Percy Hartley

Como hija primogénita de la Iglesia, Francia desarrolló su esplendor y apogeo en los albores de la civilización cristiana en uno de los aspectos de mayor destaque: la tendencia hacia lo maravilloso, la tendencia hacia lo celestial en sus ambientes, costumbres y construcciones. Así como lo hemos visto en la dulzura de vivir, en el bien-querer y en el bien-comer, también ha destacado, brillantemente, en las tendencias arquitectónicas. Y si a esto sumamos el principio gótico europeo: “Todo por el Cielo, todo hacia el Cielo “ que inspira notablemente sus edificaciones, el summun de su creación, su obra maestra, simbólica y espiritual, era la Catedral dedicada a la Madre de Dios.

De una belleza discreta, no pomposa comparada con Köln o Milano, resplandeciente como un santo cuando el sol la acariciaba antes de caer la tarde, iluminada artificialmente con tanto buen gusto de noche, era un espectáculo digno de ser contemplado cuando era vista de costado desde un bateau mouche al navegar por el Rio Sena, pareciendo un tesoro brillante recién descubierto, como cuando es contemplada en su fachada de día, caminando hacia ella , admirando el rosetón de vitrales góticos memorables, previa parada obligatoria en el monumento de Carlomagno a caballo y sus pajes, que tan celosamente le hacen guardia cerca del pórtico principal, adornando majestuosamente la isla de  La Cité,  tan cerca de un conjunto  de edificaciones magníficas, como el Palacio Real ( hoy Ministerio de Justicia ) donde aun podemos admirar la Sainte Chapelle, que es un relicario en la tierra para tesoros del Cielo ( ya hice una descripción detallada de ella en anterior artículo en La Abeja ) o el Ayuntamiento parisino, imponente y caballeresco.

De su interior, en estilo típico gótico, destacaban para mí sus bellísimos rosetones, arriba en el pórtico y en los laterales, considerando la típica nave en forma de Cruz que tenían las catedrales medievales europeas, y el estilo de sus altares, para gloria de la Galia. Pero verla en llamas , es una herida abierta en el corazón de Francia. Al ver las tristes imágenes de su destrucción parcial por un incendio,  aún no queda claro si fue un negligente accidente o un atentado bien planificado, lo que no puede descartarse luego de varios ataques públicos sucesivos  recientes contra Iglesias en Francia que han pasado casi desapercibidos. Lo primero que pensaba es en las reliquias que custodia, no en su estructura que amenazaba desplomarse y en efecto ver caer la aguja en el centro de la nave era aterrador. Lo que causaba desasosiego era el destino finalmente de las invaluables reliquias que atesora, como la Corona de Espinas y todo en plena Semana Santa, aumenta la suspicacia.

Hasta donde tenía conocimiento, ésta solo era expuesta los viernes por la tarde, aunque quizás por Semana Santa, lo sea permanente. Eso nos lo podrá decir quien vive en Paris. Y esa exposición usualmente es detrás del altar principal. La Corona de Espinas, finísimamente guardada en un relicario, aparentemente no tuvo daños, como tampoco una túnica de San Luis Rey de Francia, pese a que  las noticias no hablan de las reliquias de los santos franceses como Santa Genoveva y de algunas imágenes famosas que albergaba, como nuestro propio Señor de los Milagros que en réplica y con bandera peruana estaban en un altar lateral. Me gustaría saber también su suerte.

Fue tan inspirador ver a un grupo numeroso de franceses, quizás también de visitantes de otros países, rosario en mano, hacer una vigilia. Fue tan sintomático ver el incendio de una obra de arte que representaba tan noblemente la Cristiandad, reflejo de los tiempos que precisamente vivimos que hasta parecerá una metáfora. Seguramente resurgirá y reverdecerá mucho la Fe y se reinaugurará por todo lo alto y diremos de nuevo, parafraseando en un artículo lo que el evangelio dice de Jerusalén, las palabras que sobre la Catedral de Notre Dame escribiera el pensador católico brasileño Plinio Correa de Oliveira, luego de una visita nocturna, admirando detalles de sus laterales: “  “! He aquí la Catedral de belleza perfecta, la alegría del mundo entero ! “. Residuum revertetur.

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