Política

¿TEMIDO O AMADO? MEJOR SER ESTRATEGA Y RESPETADO

Por: María Ximena Rondón

Esta semana escuché una charla titulada “La Real Naturaleza de la Política” de Mike Rothfeld, presidente de la Foundation for Applied Conservative Leadership, la cual me hizo reflexionar sobre la importancia de la considerar a la política como un juego de estrategia y que es mejor que un político sea respetado en lugar de solo ser temido o amado.

En primer lugar, Rothfeld afirma que en el camino de la política, una persona tiene éxito cuando sabe influir en el entorno y que la educación y la formación no lo son todo.

Consideramos que estos dos caminos propuestos son complementarios y que son recursos cruciales para que un individuo pueda alcanzar el poder y mantenerse en él.

Además, el ponente indica que uno debe aprovechar las creencias e ideas que pueden atraer a un determinado grupo de votantes, lo cual pensamos que hacen muchos políticos actuales. Por ejemplo, muchos votan por determinado candidato si éste afirma defender la vida, la familia natural y la libertad religiosa.

La estrategia es crucial y sobrepasa las buenas intenciones que un aspirante al gobierno puede tener. Esto se suma a una educación orientada a las cuestiones que le serán útiles para evaluar si sus propuestas son viables y saber desarrollarlas. Algunos temas que el político debe aprender son economía, filosofía, relaciones internacionales, antropología, ciencia política, comunicación y hasta sociología. Tal como señala George Orwell en 1984, “la ignorancia es poder”. Si un político tiene un conocimiento y un intelecto superior al de las masas, podrá diseñar una estrategia para influenciarlas y manipularlas. Incluso, debe ser minucioso en estudiar a sus rivales, y como afirmó Rothfeld, aprovechar las disputas entre estos para lograr beneficiarse.

Sabemos que la manipulación, con la que se logra la persuasión, es un elemento central de la política. No se puede pretender lanzar una campaña política o una campaña de marketing sin tener un plan para alcanzar las emociones y la razón de los objetivos, así como conocer cuál es su bagaje cultural. Con ello, podrá elaborarse el discurso de impacto.

Esto no solo se reduce a la campaña, sino también para mantenerse en el poder, ya que al ser una autoridad, es importante saber comunicarse con su pueblo y lograr formar una opinión pública positiva.

El segundo punto está relacionado al primero y es lograr un equilibrio entre “ser temido y amado”, dicotomía planteada por Nicolo Macchiavello en “El Príncipe”. Ambas reacciones son producto de una manipulación de emociones. Nosotros afirmamos que lo más sensato y beneficioso para un político es tener una autoridad respetable.

El mejor modelo de autoridad es Jesucristo, ya que al ser el “Mesías” su comportamiento no implicaba ser un líder dictatorial y hacer que la gente lo temiera, sino que lograba un justo medio aristotélico. Podía hacerse amar, pero también inspiraba el sano temor de Dios al explicar las consecuencias del pecado.

Para lograr ese respeto y autoridad, el político debe ser una persona consecuente con sus acciones. Esta premisa funciona tanto para un socialista como para un conservador. Si uno afirma creer en algo, debe ser un reflejo de ello en su vida y con sus actos. Por ejemplo: si un político promete que acabará con la corrupción, pero él mismo es un corrupto, pierde toda credibilidad y respeto a diferencia de uno que tiene una vida recta y ejemplar.

En conclusión, la política es un juego de estrategia para aprovechar los recursos que la sociedad presenta y saber cómo ganarse el respeto e imponer autoridad en la carrera y la ostentación del poder. Es la mejor forma de sobrevivir y asegurar el bien común.

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