La columna del Director

SOBRE EL VOTO EN ABSTENCIÓN

Por: Luciano Revoredo

En los momentos cruciales, cuando peligra la patria, cuando la nación misma está adormilada, cuando pende sobre nuestras cabezas la amenaza del peor autoritarismo y la corrupción se ríe en nuestras narices, no cabe la neutralidad de la abstención.

La abstención tiene sentido cuando el tema en votación puede colisionar con intereses particulares del votante. Pero como manifestación de voluntad en casos cruciales como una vacancia presidencial es un acto de una cobardía e indolencia inaceptables. Es decir que los demás decidan. Eso es lo que expresa.

La abstención es una forma de participar en el proceso de decisión, agazapado, como un merodeador que va calculando, pero no se involucra en el resultado, sea el que fuere. La abstención expresaría así claramente la indiferencia ante lo que se resuelva. Los que votan en abstención miran para otro lado, les resulta indiferente la decisión que se tome, ya sea a favor o en contra de lo propuesto.

Un parlamentario recibe un poder delegado del soberano, que es el pueblo, para que cumpla funciones de representación, legisle y cumpla con la fiscalización y el control político. ¿Cómo representa a sus votantes quien se abstiene?

Antiguamente no se permitía la abstención. El parlamentario estaba obligado a tomar partido en todas las votaciones. Según da cuenta el erudito en materia parlamentaria César Delgado Guembes, “En el Perú, la abstención ha sido reconocida como forma de expresión sólo a partir de la incorporación que realiza el Reglamento de la Cámara de Diputados en su Artículo 170, el año 1988. Hasta dicha fecha rigió el venerable y longevo Reglamento Interior de las Cámaras Legislativas de 1853, que excluía dicha opción”.

Después de lo que hemos visto en el Pleno del Congreso en que se debatió y votó la de la Moción de vacancia presidencial de Martín Vizcarra, cabe preguntarse si no habría que eliminar la opción del voto en abstención. Mientras eso no suceda habría que recordar a los parlamentarios aquellas palabras de Cristo cuando enseña: “Que vuestro modo de hablar sea: Sí, sí o no, no. Lo demás viene del maligno”.

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