Iglesia y sociedad

PRIMERO DE MAYO: SAN JOSÉ OBRERO VS. PROSELITISMO COMUNISTA

Por: Carlos Polo

Todos los 1 de mayo, la Iglesia Católica celebra la fiesta de San José Obrero. Según el santoral cristiano, San José, esposo de la Virgen María y también carpintero de Nazaret sirvió con su trabajo a cubrir las necesidades de María y de Jesús. Padre y custodio del Señor le enseñó su oficio con el cual el Hijo de Dios se asoció a los trabajos de los hombres. Por eso también es el patrono de los trabajadores. El Papa Venerable Pío XII instituyó esta fiesta en 1955 ante un grupo de obreros reunidos en la Plaza de San Pedro en el Vaticano.

La fecha no fue elegida por casualidad. Pío XII eligió el 1 de Mayo que coincidía con el Día Internacional del Trabajo en memoria de los obreros muertos por el reclamo de las 8 horas laborales. Esto sucedió en Haymarket Square, Chicago, Estados Unidos.

Sin embargo, para la década de los 50s del siglo pasado, la Internacional Comunista se había adueñado de la narrativa de esta fiesta en una búsqueda reivindicativa para todos los sindicatos que a nivel mundial abrazaban su ideología. Como es usual para una  ideología impositiva como la comunista, cada año se celebraba menos el trabajo y más el comunismo. En todo caso el tema del trabajo estaba cada vez más utilizado como un medio para imponer la plataforma comunista e infiltrarla en todos los sindicatos, asociaciones y grupos.

San José Obrero devolvió el sentido original a esta celebración del trabajo humano. La des-ideologizó para todos los católicos, para los hombres de buena voluntad, para todos los que creían en la bondad y beneficio del trabajo honrado y digno pero no querían comunismo.  En ese sentido no se puede negar la sugerente y oportuna idea de Pío XII.

Sin embargo, esta pugna entre San José Obrero vs. proselitismo comunista no acabó. De tanto se reactiva como ahora en el Perú.

Este 1 de mayo el detonante fue el primer, accidentado, correteado, manoseado, inmoderado y anecdótico debate entre los candidatos a la presidencia del Perú, Keiko Fujimori y Pedro Castillo.

Y no es que los extremos de la referida pugna sean representados por estos candidatos, sino porque el Perú se encuentra ante la amenaza comunista de la propuesta de Pedro Castillo y de su mentor, el delincuente Víctor Cerrón, que parece ser el ideólogo intransigente y conflictivo, sediento de poder, detrás de Castillo tratando de ganar más influencias y consolidar su posición.

El Perú está hoy en una disyuntiva. O vota por una opción comunista o una que no le niega una aspiración legítima al trabajo y a una serie de valores que se pueden vivir en democracia. Y la opción comunista tiene posibilidades reales de tomar el poder.

No son pocas las referencias del Plan de Gobierno de Perú Libre, partido al que representa Pedro Castillo, beligerantes y además contrarias a la Iglesia Católica y sus miembros.

Para empezar, propone abolir el Concordato (tratado entre el Estado Peruano y el Estado Vaticano) que garantiza la independencia entre Iglesia y Estado y regula la histórica y permanente cooperación de la Iglesia Católica con el bienestar de los peruanos, y la pandemia actual no es la excepción.

Asume la leyenda negra izquierdista acusando a la Iglesia Católica de “aliado político, mediático y propagandístico (del imperialismo español)… y mientras destruían nuestras culturas y ejecutaban a los líderes nativos”. Además de una serie de temas sociales y morales contrarios a la doctrina de la Iglesia Católica como son la legalización del aborto y la promoción del concepto de género. En resumen, tal como los regímenes comunistas actuales y de antaño, la candidatura de Pedro Castillo es meridianamente anti-cristiana.

Y ante esta amenaza comunista, la jerarquía de la Iglesia Católica en el Perú no se ha pronunciado. Nada oficial se ha escuchado de los obispos en su conjunto.

Uno se pregunta si ese bicho del mainstreaming anti-fujimorista les impide decir algo que la doctrina les obliga.

“La Iglesia tiene el derecho y el deber de pronunciar juicios morales sobre realidades temporales cuando lo exija la fe o la ley moral” lo dice Vaticano II en la Constitución Pastoral Gaudium et Spes y lo reitera el entonces Cardenal Joseph Ratzinger en su Nota Doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política. En esta Nota se señala más adelante que “la conciencia cristiana bien formada no permite a nadie favorecer con el propio voto la realización de un programa político o la aprobación de una ley particular que contengan propuestas alternativas o contrarias a los contenidos fundamentales de la fe y la moral”.

Sobradísimas razones como para que los obispos peruanos corporativamente ayuden a que los católicos peruanos tengan una conciencia bien formada expresando, en coherencia con la doctrina de la Iglesia, que los católicos no podemos votar por la propuesta de gobierno del candidato Pedro Castillo.

Sería muy triste recibir un comunicado tan inútil como intrascendente, similar a los últimos en referencia a las recientes elecciones. Cuando los peruanos más necesitábamos la guía y claridad doctrinal de los pastores, recibimos un mensaje ambiguo que dejaron a la grey a merced del populismo de candidatos de agenda anticristiana. Como ovejas sin pastor.

No tuvimos ni una pizca de la valentía de Pío XII ni de la sapiencia de fondo en la institución de la fiesta de San José Obrero. De otra manera, quizás nos hubieran librado de  gobierno afines al socialismo del siglo XXI  tan ineptos como corruptos.

 

 

Dejar una respuesta