Política

¡Paradojas de la vida, camarada!

Por: Hugo Guerra Arteaga

Hasta hace poco una ONG liberal me convocaba a dar charlas a grupos de disidentes cubanos que venían a Lima para obtener una visión democrática.

Con un algunos jóvenes habaneros descubrimos en el aula que el mayor crimen de la tiranía castrista no es la violación sistemática de derechos humanos físicos, sino el lavado cerebral de toda una nación. Por ejemplo, “democracia” equivale a dictadura del partido, un mismo término pero con diferente concepto.

Luego, con un ex juez pasado a la oposición demostramos que llamaba Constitución a lo que en realidad es el estatuto de la revolución, porque nunca tuvieron en Cuba una constituyente autónoma. Llamaba “leyes” a los decretos dictatoriales; y entendió que jamás había sido magistrado, sino simple verdugo del castrismo. Por tanto, sus sentencias nada tenían que ver con la justicia, sino con el mantenimiento del orden abusivo impuesto por el partido único.

Con un PhD en economía el descubrimiento fue peor: pese a sus largos años de estudio jamás había entendido cómo funciona la libertad de mercado y tampoco cuáles son los fundamentos morales del liberalismo básico, porque la propaganda era lo único que le habían enseñado desde el pregrado.

Igualmente doloroso fue el testimonio de una profesora de escuela quien entendió que ella nunca había alfabetizado a los niños, sino que los había adoctrinado. Siempre había usado al ‘Che Guevara” como único ejemplo válido para enseñar el uso de la letra Ch.

Fue terrible, sesión tras sesión, grupo tras grupo, hicimos comprender a estos jóvenes cubanos que el régimen les había robado su identidad deformando la esencia de su intelecto y cómo les había construido una realidad paralela en la que les llegaron a castrar la voluntad de la rebelión.

Gracias a la internet y los cambios geopolíticos del mundo finalmente ahora entienden que el mundo no termina en las costas de su isla sino que, parafraseando a Ciro Alegría, el mundo es una realidad humana ancha, ajena y compleja.

Hoy esos jóvenes son algunos de los líderes de la lucha final contra el comunismo cubano; son quienes desde el malecón de La Habana lanzan el SOS que estamos obligados a respaldar.

Más: paradójicamente quizá ellos, después de lograr su victoria, serán quienes vengan al Perú para enseñar a nuestros jóvenes a quitarse de encima la estupidez del comunismo que ahora asalta el poder vía el fraude electoral. ¡Paradojas de la vida, camarada!

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