PAOLA UGAZ: DE ANTICATÓLICA A “VOCERA” PAPAL… O LA FEA ESTRATEGIA DEL OPORTUNISMO

Port: Luciano Revoredo
La periodista Paola Ugaz, conocida por su anticatolicismo militante, su fidelidad al progresismo caviar y sus múltiples sospechas de corrupción, ha decidido en estos días de luto para la Iglesia —tras la muerte del Papa Francisco— reinventarse como una suerte de “vocera” del pontífice. Un salto de fe… pero en su propio instinto de supervivencia mediática.
En las últimas 48 horas, Ugaz ha dado entrevistas y escrito artículos donde pretende presentarse como interlocutora privilegiada del Papa. Ayer domingo y hoy lunes, en La República —el diario predilecto de todo buen caviar en apuros—, ha publicado columnas en las que intenta hacer relevante que el Papa, en una de esas tantas cartas genéricas que solía firmar, le haya respondido sobre el tema de la corrupción. Como si una nota de cortesía papal pudiera ser usada como certificado de pureza personal.
Sería interesante saber si en esos “intercambios” que ahora exhibe como trofeos, Ugaz aprovechó para contarle al Papa cómo sostiene el pago de dos pensiones en el colegio más caro y laico del Perú, cómo pudo adquirir —sin bancarizar— un terreno de más de 400 mil dólares de su socio de aventuras anticlericales, o cómo compra departamentos de lujo de la familia Vargas Llosa por otros 400 mil dólares. No creemos sinceramente que todo ello provenga de los honorarios de “niñera de los nietos” del Nobel, aunque siempre hay incautos dispuestos a creer en cuentos de hadas.
En su afán de protagonismo, Paola Ugaz termina además confesando que recibió información privada de parte de su inseparable amigo, el sacerdote Jordi Bertomeu, sobre la audiencia que Giuliana Caccia sostuvo con él. También reconoce que Bertomeu habría filtrado el contenido de la reunión con Sebastián Blanco. Se confirma así lo que muchos ya intuían: Bertomeu filtraba, y sus periodistas de confianza propagaban. El desenlace, sin embargo, no fue el que esperaban: el mismo Papa Francisco, casi de inmediato, revocó la excomunión con la que amenazaban a Giuliana Caccia y Sebastián Blanco, dejando constancia de que nunca había firmado el documento. Así quedó expuesta una burda maniobra que pretendió disfrazar una vulgar extorsión como un acto de justicia eclesial.
Paola Ugaz, siguiendo el guion de Bertomeu, también pasó de “agente encubierta” a vedette de segunda en los medios. Lo que antes pretendía ser un periodismo serio hoy no pasa de ser una patética operación de autopromoción. En realidad, más que defender una causa, Ugaz parece estar tratando de curarse en salud: sabe que, si el próximo Papa decide no interesarse en su caso o busca que impere una verdadera justicia, ya no contará con el blindaje político y mediático que hasta ahora la ha protegido. Su misión imposible de limpiar su imagen parece cada vez más cerca del ridículo que del éxito.
Además, en su reciente entrevista en Exitosa Noticias, Ugaz se permitió acusar al cardenal Juan Luis Cipriani de no obedecer al Papa Francisco. Afirmación que solo puede sostener quien desconoce —o finge desconocer— cómo funciona la Iglesia.
Cipriani jamás actuó contra la comunión eclesial, y pensar que alguien puede pasarse por encima del Vaticano impunemente para ir al velorio del Papa o reuniones con otros cardenales es, simplemente, ignorancia en estado puro. O pura mala entraña.
Pero no solo eso: es claro que Paola Ugaz ya empieza a preparar su siguiente objetivo ahora que ya suprimieron el Sodalicio y se quedaron sin tema para victimizarse. Porque ella, descubrió hace tiempo que atacar a grupos religiosos es rentable. En fondos de cooperación, en premios internacionales, en contratos editoriales y en protección mediática. ¿Por qué cambiar una estrategia que tantos dividendos ha generado?
Sin embargo, esta vez, los tiempos parecen no estar de su lado y ella lo sabe. Con el Papa fallecido, posiblemente con los procesos fiscales en su contra avanzando, el casi inminente inicio del juicio a Susana Villarán, la cosecha de casi una década de odio y difamación parece estar llegando. El sacerdote Jaime Baertl, por ejemplo, ya se lo viene advirtiendo en cartas notariales donde desmonta, una a una, sus falsedades.
Paola Ugaz podrá cambiar de personaje —periodista seria, agente encubierta, vocera papal improvisada—, pero al final la verdad tiene la persistencia del tiempo. Sin sus protectores en el Vaticano, no queda más que la exageración. Y el oportunismo, por más que se maquille, siempre deja entrever sus feos rasgos.






Excelente artículo..