La columna del Director

LÓPEZ ALIAGA EN CARRERA

Por: Luciano Revoredo

El panorama electoral para la alcaldía de Lima vuelve a colocar a la capital frente a una disyuntiva crucial. La oferta política presenta un contraste evidente entre candidaturas marcadas por contradicciones de gestión, problemas judiciales o falta de coherencia ética, y un liderazgo que ha demostrado capacidad de gestión, orden fiscal y resultados tangibles para la ciudad.

Al examinar las distintas propuestas dirigidas al sillón municipal, surgen cuestionamientos de fondo que van más allá del simple debate ideológico.

La gestión distrital de Carlos Bruce en Santiago de Surco, por ejemplo, ha estado envuelta en polémicas vecinales debido a los cambios de zonificación e incrementos de densidad  impulsados bajo el marco de la Vivienda de Interés Social.  Zonas residenciales que de pronto vieron incrementada la densidad poblacional con edificios de 18 pisos. El descontento de diversos sectores por el impacto en el perfil urbano y los servicios públicos revela tensiones en su modelo de desarrollo. A ello se suma una evidente desconexión socio-cultural en una capital con arraigados valores tradicionales y familiares, donde los estilos de vida exhibidos en la esfera pública generan reserva en vastos sectores conservadores, el hecho de que Bruce sea un activista de la homosexualidad a través de declaraciones, eventos financiados por la municipalidad y su “matrimonio” con un joven venezolano definitivamente no es algo que le sume en el electorado limeño.

Por su parte, tras años al frente de Magdalena del Mar y cinco reelecciones y su breve paso por el Poder Ejecutivo, la trayectoria de Francis Allison arrastra antecedentes que ponen en escrutinio su transparencia, pues el episodio judicial vivido en Miami en 2009 por la omisión de declaración de divisas,  lamentablemente para él, marcó una mancha en su perfil financiero que sus opositores señalan hasta hoy como un indicador de ligereza institucional.

En el caso del octogenario Ricardo Belmont, su figura apela a un populismo vacío con vigencia sólo en la retórica, pero su perfil está  severamente mellado por el caso del Canal 11, donde miles de ciudadanos aportaron sus ahorros bajo la promesa de convertirse en accionistas de RBC Televisión, proyecto que derivó en litigios y en el impago sistemático de utilidades a los pequeños inversionistas que depositaron en él su confianza patrimonial. Para muchos esto configura la más grande y masiva estafa ocurrida en el Perú. Por otro lado pende sobre él un grave problema judicial por su ilegal incursión y apropiación de bienes en las instalaciones de PBO Radio.

En otra orilla del espectro, aunque el discurso de Susel Paredes se centra supuestamente en la institucionalidad, su gestión legislativa y fiscalizadora ha tenido serios cuestionamientos; se trata de un personaje de doble moral, que antepone sus arrestos sexuales a la ley y el orden. Se le ha cuestionado en particular, la contratación en su despacho parlamentario de personal envuelto en graves delitos de pedofilia y violación de menores, un depravado al cual defendió y sobre cuyos crímenes nunca deslindó con firmeza,  evidenciando una doble vara de medir frente al escrutinio público.

Finalmente, la liberación de Daniel Urresti por orden del Tribunal Constitucional en el caso del asesinato del periodista Hugo Bustíos obedeció al cómputo de los plazos de prescripción de la acción penal de acuerdo con la norma aplicable, y no a una absolución de fondo sobre su inocencia, es decir su condena por homicidio permanece vigente, no ha sido declarado inocente, por lo que volver a postular bajo la sombra de un proceso extinguido por meros formulismos procesales de temporalidad deja abierta la interrogante sobre la idoneidad moral exigida a la primera autoridad de la ciudad.

Los demás candidatos que se han inscrito para las elecciones municipales simplemente no cuentan por su escaso liderazgo, por la inexistencia de una trayectoria política reconocida o por la crisis de sus respectivos partidos políticos.

Frente a este escenario de vacíos y cuestionamientos, la candidatura de Rafael López Aliaga destaca por su firmeza conceptual, trayectoria corporativa y resultados verificables en la gestión metropolitana. A diferencia de los cuadros políticos tradicionales, López Aliaga aporta la perspectiva de la gestión privada de categoría mundial. Su paso por la Municipalidad Metropolitana de Lima demostró que es posible reordenar las finanzas municipales sin recurrir al incremento desmedido de arbitrios ni al endeudamiento irresponsable, pues su política de austeridad presupuestal, eliminación de asesorías superfluas y redireccionamiento del gasto administrativo hacia la inversión pública directa sentaron un precedente de eficiencia.

El sello distintivo de su gestión previa ha sido el pragmatismo enfocado en la infraestructura social básica para los sectores más vulnerables. Iniciativas como la instalación de sistemas de potabilización mediante atrapanieblas y reservorios de distribución en las zonas periurbanas de la capital constituyeron una respuesta concreta a la carencia del recurso fundamental en los sectores marginados, del mismo modo que la priorización de muros de contención y vías de acceso en los distritos periféricos redujo directamente el riesgo operacional ante desastres naturales y mejoró la movilidad urbana de miles de familias.

Asimismo, ante los cuestionamientos planteados por sectores opositores sobre su participación como primer regidor en la nómina municipal habiéndose quedado la lista sin candidato a alcalde, la figura legal y la lógica de gestión son absolutamente claras. El ordenamiento electoral peruano contempla la sucesión de gobierno en la que el primer teniente alcalde asume la titularidad de la alcaldía en caso de vacancia o ausencia del candidato principal.

Presentarse a la contienda liderando el equipo de regidores garantiza la continuidad del plan de gobierno y la preservación del modelo de gestión para asegurar que el liderazgo, la visión estratégica y la capacidad de fiscalización de López Aliaga dirijan los destinos de la capital con el respaldo de un equipo técnico cohesionado.

Lima no requiere improvisación ni figuras lastradas por controversias éticas o judiciales. La evaluación integral de la oferta electoral evidencia que, ante alternativas con deudas procesales, discrepancias financieras o contradicciones ideológicas, la propuesta encabezada por Rafael López Aliaga representa la alternativa con mayor coherencia doctrinal, capacidad ejecutiva e impacto comprobado en favor de los sectores necesitados de la metrópoli.

No hagamos una tormenta en un plato de sopa. Al margen del ruido político y las especulaciones sesgadas, la norma electoral es sumamente clara: el retiro o renuncia del candidato a la alcaldía no invalida la lista inscrita, la cual permanece plenamente facultada para competir bajo los mecanismos legales de sucesión que el propio sistema establece. Resulta improcedente, por lo tanto, cuestionar o calificar de irregular un procedimiento que se ciñe de manera estricta al marco legal vigente y a las reglas de juego democráticamente normadas; lo que está amparado por la ley no constituye una anomalía, sino el ejercicio transparente de una prerrogativa constitucional orientada a garantizar la continuidad institucional y la voluntad popular.

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