Política

LO PEOR DE TODO ES EL DAÑO MORAL

Por: Juan Luis Vásquez Budge
Mucho se habla del daño económico que nos está haciendo este gobierno; otros agregan el daño a la salud, pero muy pocos hablan del daño moral, en mi opinión, el peor de todos pero al parecer, al que menos atención se le presta.
Ni los más de 70,000 fallecidos, ni los miles de millones despilfarrados o robados, ni los millones de nuevos pobres, ni el formidable incremento de la informalidad, ni nada, se comparan con el daño moral ocasionado.
La historia de la humanidad está repleta de ejemplos de destrucción, tragedias, guerras y pandemias peores que ésta, y en todas tenemos evidencia de la capacidad de los pueblos para sobreponerse y resurgir con más fuerza. Ejemplos sobran. Pero pocos se atreven a hablar o evitan hacerlo cuando se trata de analizar el daño moral generado por un comportamiento vergonzoso casi generalizado, y lo peor, aceptado por la gente aunque pretendan demostrar lo contrario con sus reclamos y críticas.
En mi opinión, la mayor prueba de lo que menciono es la gran cantidad de gente instruida, aceptando pasiva y sumisamente, so pretexto de que “mejor malo conocido que bueno por conocer”, que permanezca un presidente no electo, comprometido a lo largo de su vida empresarial y política, en evidentes y numerosos actos de corrupción, algunos con procesos abiertos, y otros muy graves y recientes ligados a complots contra el desarrollo y negación de apoyo que trajeron como consecuencia la multiplicación de fallecidos por malas adquisiciones y escasez provocada de productos.
Y si así fuera, y nos enfrentáramos a un congreso que se hubiera convertido en algo peor que este gobierno prepotente, ideologizados, corrupto, plagado de verdaderos actos de traición y saqueo indiscriminado, especialista en engaño y victimización, chantajista y sometido al chantaje de ONG’s, acostumbrado a la compra de conciencias, amigo del nepotismo, derrochador, frívolo e incompetente, pues, había que enfrentarlo con valentía y decisión, porque fue nuestra responsabilidad apoyar el proceso de demolición y satanización que llevó al cierre del Congreso anterior, a pesar de las voces sensatas que pedían a gritos prudencia.
En pocas palabras, ese es el peor legado que nos deja Vizcarra; enfrentarnos no sólo a un penoso proceso de recuperación social y económico, sino al flagelo de la inmoralidad y pérdida de valores producto de nuestro cobarde, condescendiente, poco rebelde, conformista, permisivo e indiferente comportamiento. Estuvo en nuestras manos evitarlo, demostrar lo contrario y corregir el rumbo, pero nos acobardamos por temor a lo desconocido.

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