La columna del Director

LLEGÓ EL TREN DE PORKY

Por: Luciano Revoredo
En un contexto donde la modernización del transporte público en Lima es una necesidad urgente, el proyecto del tren Lima-Chosica, impulsado por el alcalde Rafael López Aliaga, emerge como un símbolo de progreso y esperanza para millones de limeños. Este ambicioso proyecto, que conectará Lima con Chosica a través de una ruta de 30 kilómetros con 11 estaciones, promete transformar la movilidad urbana, reducir la congestión vehicular y mejorar la calidad de vida de miles de ciudadanos, especialmente en Lima Este.
A pesar de las trabas burocráticas y las críticas mezquinas que intentan opacar esta iniciativa, el trabajo incansable de la Municipalidad Metropolitana de Lima (MML) y su alcalde demuestra que la voluntad de progreso puede superar cualquier obstáculo.
El tren Lima-Chosica no es solo un medio de transporte; es una apuesta por la dignidad de los peruanos que, día a día, enfrentan un sistema de transporte público saturado, inseguro e ineficiente. Con la llegada de 90 coches de dos pisos y 19 locomotoras donadas por la empresa estadounidense Caltrain, la MML ha dado un paso audaz para ofrecer una alternativa moderna y accesible. Estos trenes, equipados con aire acondicionado y asientos numerados, prometen un estándar de confort “a la americana” que revolucionará la experiencia de viaje para más de 200,000 pasajeros al día.

Este proyecto no solo busca aliviar la presión sobre las carreteras, sino también devolverle a los ciudadanos algo invaluable: tiempo. Como señaló Juan de Dios Olaechea, presidente de Ferrocarril Central Andino, los limeños pierden hasta cuatro horas diarias en traslados. Con el tren, ese tiempo se reducirá significativamente, permitiendo a las familias compartir más momentos juntos y a los trabajadores ser más productivos. Este es un proyecto que prioriza a la gente vulnerable, a aquellos que dependen del transporte público para sus actividades diarias.

Superando las trabas burocráticasA pesar de los evidentes beneficios, el proyecto ha enfrentado obstáculos por parte del Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC), liderado por el ministro César Sandoval, quien ha sido señalado por su actitud obstructiva y poco colaborativa. López Aliaga ha denunciado públicamente las “trabas políticas” que retrasan la autorización para una simple prueba en vacío, un paso técnico crucial para demostrar la viabilidad del tren. Estas demoras, lejos de responder a preocupaciones técnicas legítimas, parecen estar motivadas por intereses mezquinos que buscan frenar el progreso de Lima.

El ministro Sandoval ha insistido en la falta de documentación técnica y en la necesidad de cumplir requisitos legales, pero estas exigencias parecen más una excusa para dilatar el proyecto que un verdadero interés por la seguridad o la planificación. La infraestructura ferroviaria existente, diseñada para carga pesada, está en buen estado y puede adaptarse para pasajeros con ajustes menores. Además, las locomotoras y vagones donados, que operaron hasta diciembre pasado en California con estándares de mantenimiento superiores a los peruanos, no son “chatarra” como algunos detractores han querido insinuar, sino un activo valioso para modernizar el transporte público a un costo significativamente menor que adquirir trenes nuevos.

La actitud del MTC contrasta con la voluntad de la MML, que ha gestionado con éxito la llegada del primer lote de trenes al puerto del Callao, demostrando una capacidad logística admirable. La ceremonia de presentación en el Parque de La Muralla, donde se exhibieron los trenes, fue un mensaje claro: el progreso no espera a los mediocres que se aferran a la burocracia.

Las críticas al proyecto, provenientes tanto de sectores políticos como de algunos “expertos”, carecen de sustento frente a los beneficios tangibles que el tren promete. Se ha cuestionado la antigüedad de los trenes, pero estos fueron fabricados entre 1985 y 2000 y reacondicionados entre 1998 y 2002, con un 70% de las locomotoras y más del 80% de los vagones en condiciones sólidas, según informes técnicos de la MML. Las reparaciones necesarias son menores y no justifican el alarmismo de quienes hablan de “tecnología obsoleta”.

Asimismo, las preocupaciones sobre la contaminación de las locomotoras diésel son exageradas. En un país donde el parque automotor ya genera altos niveles de emisiones, el tren ofrece una alternativa más eficiente y menos contaminante por pasajero transportado. Además, la MML está comprometida con implementar medidas de mitigación, como filtros de partículas, para minimizar el impacto ambiental.

Por otro lado, las críticas sobre la falta de competencias legales de la MML para gestionar un servicio ferroviario urbano ignoran que el proyecto cuenta con un convenio marco con el MTC y que la coordinación con la Autoridad de Transporte Urbano (ATU) y la concesionaria Ferrovías Central Andina puede resolverse con voluntad política y diálogo. La municipalidad no pretende operar el tren directamente, sino concesionarlo a una empresa privada, lo que garantiza su sostenibilidad económica.

El tren Lima-Chosica es mucho más que un proyecto de infraestructura; es una visión de futuro que coloca a las personas en el centro de las decisiones. Mientras el MTC se pierde en trámites y excusas, Rafael López Aliaga y la MML demuestran que el trabajo comprometido puede superar cualquier barrera. Este tren no solo conectará distritos como Chosica, Chaclacayo, Huaycán, Ate y El Agustino con el centro de Lima y el Callao, sino que también conectará a los peruanos con la posibilidad de una vida más digna y eficiente.Es hora de dejar atrás la mezquindad y los intereses políticos que frenan el desarrollo. Como bien señaló el alcalde, “el Perú merece un transporte público moderno”. El tren Lima-Chosica es un paso firme hacia ese objetivo, y su éxito dependerá de la voluntad de todos los actores involucrados de priorizar el bienestar de la población sobre las disputas burocráticas. Que el trabajo y la visión de progreso prevalezcan, porque Lima y sus ciudadanos no pueden esperar más.

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