La columna del Director

LESCANO: DE MEDIOCRE CONGRESISTA A CÍNICO ASESOR

Por: Luciano Revoredo
Yonhy Lescano, conocido por su paso como congresista de Acción Popular y su fracasada candidatura a la presidencia, ha dejado una huella en la política peruana no por sus logros, sino por su mediocridad y su alineación a corrientes de izquierda radical que poco han contribuido al desarrollo del país. No se puede olvidar su cerrada defensa del corrupto Martín Vizcarra en el Congreso y su oposición a las investigaciones de la Comisión Lava Jato, que presidió Rosa Bartra y que el tiempo ha demostrado que andaba en lo cierto. Hoy, en una jugada que solo él consideraría maestra, Lescano se ha posicionado como asesor de uno de los “niños” del Congreso, recibiendo un generoso sueldo mientras critica cínicamente a la misma institución que le paga. Un ganapanes de última categoría.
Durante su tiempo como congresista, Lescano no destacó precisamente por su productividad o por propuestas innovadoras que mejoraran la vida de los peruanos. Al contrario, su gestión fue marcada por un desempeño que muchos etiquetarían como mediocre, con pocas iniciativas legislativas que realmente impactaran positivamente en la sociedad. Su inclinación hacia la izquierda radical, más que una convicción ideológica, parecía un mero disfraz para ganar adeptos en un país cada vez más polarizado.

El caso de acoso sexual a una periodista es una mancha indeleble en su carrera. En 2019, se descubrió que Lescano había enviado mensajes de connotación sexual a una periodista, lo cual no solo demostró su falta de ética, sino también su desprecio por el respeto hacia las mujeres en un entorno profesional. Fue suspendido por 120 días por la Comisión de Ética del Congreso, una sanción que muchos consideraron insuficiente dada la gravedad de sus acciones. Sin embargo, en lugar de reflexionar y rectificar, Lescano ha continuado su carrera política con una desfachatez que solo puede ser descrita como de un cinismo vergonzoso.

Ahora, desde su nuevo rol como asesor, donde sigue cobrando de los fondos públicos, Lescano aprovecha cada oportunidad para lanzar dardos envenenados contra el Congreso, la misma institución que le permite vivir cómodamente. Su crítica constante a López Aliaga, suena más a una táctica de distracción que a una verdadera preocupación por la gestión pública. Desde su posición improductiva, ataca a otros políticos con la misma hipocresía con la que él mismo se ha conducido, olvidando que su propia historia está teñida de escándalos y actitudes poco ejemplares.
Es irónico ver cómo Lescano, quien una vez fue descalificado por sus actos de acoso, ahora se erige como un crítico moral de la política peruana. Su comportamiento es el reflejo de una política donde el oportunismo y el cinismo prevalecen sobre la auténtica vocación de servicio. Su crítica a López Aliaga no puede tomarse en serio cuando viene de alguien que ha demostrado tan poco respeto por la ética y la decencia en su trayectoria pública.
No hay que olviodar que aparte de sus problemas personales y profesionales, las relaciones familiares de Lescano también han estado bajo el ojo público. Su hermana, Vasty Lescano, fue sentenciada por terrorismo y cumplió una condena de 16 años por su vinculación con Sendero Luminoso, la sanguinaria organización terrorista que sembró el terror en Perú durante décadas. Este hecho no solo ha marcado la vida de Lescano, sino que también nos permite cuestionar su integridad y su proximidad a ideologías extremistas, aunque él mismo nunca haya sido acusado de participar directamente en actividades terroristas. Sin embargo, la sombra de su hermana y sus vínculos familiares con el terrorismo persiguen su imagen pública, añadiendo otra capa de controversia a su ya cuestionada carrera política.
Yonhy Lescano representa lo peor de una clase política que en lugar de trabajar por el bien común, se dedica a la autosupervivencia y a la crítica vaciada de contenido y credibilidad. Su paso de congresista a asesor no es más que un cambio de título para seguir disfrutando de los privilegios del poder, mientras mantiene una actitud que solo puede describirse como una burla a la inteligencia del pueblo peruano.

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