
Por: Alfonso Chunga Ramírez
Si me pusiera mediático, pondría vocecita de mermelada y diría si las elecciones fueran mañana, ganaría Keiko por goleada.
Pero este no es un pronóstico, es una constatación. Hacerla de pronosticador con todos los poderes fácticos en la faltriquera de Marcelo raya en el sodomismo, que no en el masoquismo.
De lo que registren las actas electorales responderán a su turno los que se prestaron para esta venta-patria de garaje.
Antes que eso ocurra, el bicentenario nos concede, vaya uno a saber si por penúltima vez, el espacio de una resistencia contra el saqueo y mal que escalda a tantos, privilegia en el liderazgo de esa resistencia a Keiko Fujimori. Deplorada predilecta de la caviarada, acosada a dedicación exclusiva del sicariato político, apretada obsesiva de Canal M, el canal de Marcelo, Keiko navega en conversos caudales electorales.
Remedando a la piedra despreciada por los albañiles, es elegida por el arquitecto para levantar lo demolido por los infelices y, solo al paso, poner el pecho de la Nación al senderismo de sombrero, machete, patrañas y bolsillo profundo.
Las ánforas del campo y de la ciudad, desbordando el truco de los truqueros la ungieron su representante en abril y prometen alzarla presidente en junio, deferentes deferencias que asquean a los menesterosos, tan pero tan solos en sus arcadas; y sin siquiera papel higiénico para disimular sus miserias.
Partidas las aguas frente a los atracadores, ganapanes, perdularias, compadritos, liendres y traidores puñal en mano; una maciza porción de la Patria llama a Keiko no a ganar las elecciones sino a construir el futuro.
Keiko no necesita los resultados si las elecciones fueran mañana, tiene el resultado de ayer y de hoy. Con eso tiene bastante. Y vaya que les jode.




