La columna del Director

LA INTOLERANCIA DE LOS TOLERANTES

Polo racista que se vende en redes

Por: Luciano Revoredo

Al tenebroso escenario de miles de muertes y la cataclísmica situación económica a la que nos está llevando la incapacidad y la corrupción del gobierno, se sumaron esta semana dos reveladores debates en las redes sociales. Ambos son como parte de una misma radiografía que muestran las manchas de una metástasis en la política y la sociedad peruanas.

El primero fue el cargamontón que hicieron a Juliana Oxenford por haber osado salirse de la pauta que dicta la corrección política y haber entrevistado a Christian Rosas en su programa de televisión.

Rosas es evangélico, hijo del pastor y excongresista Julio Rosas y uno de los dirigentes del colectivo Con mis hijos no te metas. Es una persona que menciona a Dios en su discurso. Es decir, un prospecto para el silenciador caviar. Un apestado para la progresía. Un mal ejemplo para la sociedad de nuestro “estado laico”. Nadie lo debe entrevistar. Hay que cerrarle el paso en los medios. Así es el totalitarismo de los tolerantes caviares y comunistas.

Suiry Sobrino Verástegui, feminista proaborto, que se define como especialista en género, y activista contra el acoso sexual fue una de las que empezó el acorralamiento a Oxenford tuiteando: Las críticas hacia Christian Rosas son válidas y legítimas, pero hablemos también del rol que cumplen los medios al momento de brindarle espacios a sujetos despreciables con discursos irresponsables.

A este aviso de la policía del pensamiento progre se sumo la inenarrable Tatiana Astengo con: Juliana perdóname, pero hay sectas a las que no se les puede dar ni una milésima de centímetro, menos en un país como este, donde demostrado está que es fácil lavar cerebros, es prácticamente hacerles campaña.

Se sumaron rápidamente otros tuits lamentables como este: “La verdad no sé para qué carajo les dan cabida a estos fanáticos religiosos en los medios como los evangélicos y católicos, sí estos millonarios tienen cuatro canales de TV, radios en el AM, y el Estado no les cobra impuestos. @julianaoxenford cada día desatinada”.

O este otro: “No se entiende la baja manera en que algunos periodistas pretenden hacer noticia o generar polémica por rating. Ese tipo es un ser despreciable y se conoce de más su asqueroso discurso. Una decepción @julianaoxenford”.

No deja de sorprender como quienes pregonan la tolerancia y las formas democráticas, los reyes del eufemismo para suavizar sus ideas radicales, los defensores de la libertad, rápidamente pierden la compostura y toda corrección cuando se trata de silenciar lo que les resulta incómodo. Se olvidan entonces de la libertad que tanto pregonan, de su supuesto respeto a las personas, llamando “sujetos despreciables” a los que no pasan por el aro de sus prejuicios y desvaríos.

Está claro que la progresía es lo más incoherente y mendaz. Su actitud cínica resulta evidente cuando se dan estos casos en que se desenmascara su verdadera faz.

Otro caso notable esta semana en las redes ha sido todo el odio y resentimiento que se ha evidenciado cuando se soltó el bulo del cierre del Haití, emblemático café de Miraflores.

Inmediatamente saltó una jauría de resentidos, racistas e izquierdosos de toda laya a echar su veneno.

  • Crecí en Miraflores hasta adolescente y mi único recuerdo del Haití era que me llegaba al p***** tener tan poco espacio para caminar pues media vereda estaba ocupada por viejos pitucos tomando su cafecito. Ya bastante vía pública ocupan los pitucos con sus camionetones de m*****.
  • Yo nunca supe qué era Haití, hasta hace 3 años que empecé a ir a Miraflores. Vivía en Carabayllo e ir a Miraflores era latón…veía a toda la gente blanca y alzada por afuera y nunca me llamó la atención entrar jajajaja
  • Solo un mínimo porcentaje de limeños/as podía costear el consumo en el Haití de Miraflores. ¡Por supuesto que es un símbolo, pero de la Lima elitista y excluyente!
  • Falsa alarma: El Haití de Miraflores no cerrará. Se niega a morir, así como el racismo y el clasismo imperante en nuestro país. Así como los señores blancos canosos que tienen los recursos suficientes para sentarse ahí a tomar un café y para evitar morir de COVID-19 en la calle.
  • ¡Qué bueno que cerraron ese café de mierda! Recinto de clasistas y racistas que miraban, pantonera en mano, con desdén al transeúnte ocasional. Haití, sus viejos lesbianos, su historia irrelevante -salvo pal choleador nostálgico-, y Miraflores, se pueden ir a la c***** de su madre.

 Estos son algunos comentarios tomados al azar de las redes sociales. Revelan la condición casi patológica de los odiadores. Un café ubicado en una zona turística y exclusiva, que por ende es de las que pueden cobrar precios internacionales, convertido en estandarte de una supuesta discriminación por los maestros del rencor, aquellos que están convirtiendo nuestro país territorio de animadversiones y que están imponiendo anteojeras traumáticas para ver la historia.

Son aquellos que respiran animosidad, rencillas, miseria humana; aquellos que han bebido de la fuente de la falsa historia indigenista, herederos de Sendero Luminoso, ven al Perú como el escenario de una lucha clasista y racista.

El Perú es un país mestizo con vocación de unidad y de integración. Sin embargo, las izquierdas han venido trabajando en romper eso. Su visión es divisionista. Han africanizado al negro, victimizan la cultura andina, negando el evidente mestizaje, reniegan de la herencia española, todo esto para generar conflictos.

El bicentenario ya está aquí. Trabajemos para afirmar un país unido. Dejemos de lado a quienes han perdido el tren de la historia anclados en el odio y construyamos un Perú que sea la patria de todos.

Mantengamos la esperanza en las palabras de Riva Agüero cuando dijo:  Algún día por obra de una generación mas activa, feliz y decidida que la nuestra, el Perú volverá a ser grande como en sus mejores tiempos.

 

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