
Por: Luciano Revoredo
Tras semanas de honda incertidumbre y un escrutinio que mantuvo en vilo a todo el país, la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) ha culminado finalmente el conteo de actas al 100%. Los resultados oficiales e irreversibles confirman que Keiko Fujimori es la legítima vencedora de la segunda vuelta presidencial. Esta victoria va mucho más allá de un éxito partidario; representa el triunfo de la democracia y la libertad sobre los proyectos refundacionales que pretendían desestabilizar nuestra patria.
A lo largo de este arduo proceso electoral, desde esta tribuna mantuvimos una postura crítica respecto a ciertos aspectos y planteamientos de Fuerza Popular. Sin embargo, hoy que la voluntad popular se ha manifestado en las urnas, las discrepancias del debate democrático deben dar paso a la unidad nacional. El éxito de la gestión de Keiko Fujimori será, indiscutiblemente, el éxito de todo el Perú. Por el bienestar de nuestras familias, la reactivación de nuestra economía y la pacificación de las calles, extendemos nuestras sinceras felicitaciones a la presidente electa y le deseamos el mayor de los éxitos en la conducción del Estado.
Frente a los resultados, no han faltado las voces de siempre que intentan empañar la elección, pretendiendo instalar la falsa narrativa de que “no hay nada que celebrar” y que la ganadora no tiene la legitimidad para gobernar desde su propia línea partidaria. Discrepamos de ese derrotismo interesado. En una democracia, el triunfo se consolida en las urnas, y así sea por un solo voto de diferencia, una victoria es una victoria legítima. Minimizar este resultado es un agravio contra la voluntad popular.
Keiko Fujimori ha ganado en franca lid y tiene todo el derecho constitucional, político y moral de celebrar su triunfo y de conformar un gobierno de acuerdo con los principios y el programa que el pueblo respaldó.
En esa misma línea, es imperativo formular un llamado de alerta a la presidente electa para que no ceda ante los cantos de sirena de las viudas del caviarismo, del rojerío y sus tontos útiles. Esas facciones desplazadas, expertas en mimetizarse en el aparato estatal sin haber ganado jamás una elección, que ya han empezado a exigir un supuesto “gobierno de concertación con todos”. Lo que realmente buscan es capturar ministerios y consultorías para aguar la agenda patriota y conservadora que el país necesita. Fuerza Popular ha ganado las elecciones y debe gobernar con los suyos y posibles aliados ideológicos, no bajarse la llanta a sí mismos; en el nuevo diseño del Estado no debe haber el más mínimo espacio para el caviarismo y sus agendas progresistas que tanto daño le han hecho a la gestión pública.
El desenlace de estos comicios marca un hito de salvación nacional. El Perú se ha librado de caer en las garras de un modelo colectivista e ideologizado que ya ha demostrado su ineficacia y potencial destructivo en el resto de la región. La ciudadanía ha sabido identificar y cerrarle el paso a las políticas populistas de una izquierda radical que, bajo promesas de falsa equidad, buscaba socavar el libre mercado, ahuyentar la inversión privada y desmantelar la institucionalidad que tantos años de esfuerzo nos costó construir.
El modelo económico y los valores fundamentales de la República, la propiedad privada, el orden público y el respeto a la familia, han sido defendidos con patriotismo por millones de peruanos que se negaron a ver al país sumido en el caos institucional y el retroceso económico.
por otro lado, resulta profundamente lamentable la falta de solvencia moral y madurez democrática exhibida por el candidato de Juntos por el Perú, Roberto Sánchez. Al negarse a aceptar los resultados, Sánchez no hace más que reincidir en el libreto clásico de la izquierda radical: respetar las reglas del juego solo cuando les favorecen.
Esta preocupante actitud no ataca a una agrupación política en particular, sino que busca deslegitimar los cimientos del sistema electoral y sembrar la polarización en las calles. Un verdadero patriota reconoce la voluntad popular expresada en las urnas; la obstinación de la izquierda solo demuestra su incapacidad para poner los intereses de la nación por encima de sus ambiciones ideológicas.
El camino que tiene por delante el nuevo gobierno no será sencillo. El Perú requiere recuperar con urgencia el principio de autoridad, combatir con mano firme la criminalidad que azota nuestras ciudades y devolverle la confianza a los sectores productivos que generan empleo real.
Saludamos este nuevo amanecer con optimismo convencidos de que solo bajo el imperio de la ley, el respeto a nuestras tradiciones y la defensa de la libertad podremos enrumbar al país hacia el desarrollo.
Esa es la hermosa responsabilidad que tiene Keiko Fujimori en sus manos.





Esperemos que lo hagan bien en los próximos 5 años