
Por: Edistio Cámere
- En una sociedad democrática, las opciones educativas para los padres de familia tienen que ser variadas y diversas. La pluralidad de la oferta, para que calce con la libertad de elección, reclama que los colegios se distingan entre sí en mérito a su proyecto educativo, a su cultura y procedimientos que – conocidos con anticipación – permitan una acertada y justa decisión por los interesados.
- Los colegios no son islas. Necesitan para funcionar de una infraestructura que tiene que mantenerse; de docentes competentes remunerados adecuadamente; de equipos, y materiales técnico-pedagógicos…etc. cuya oportunidad, disponibilidad y calidad suponen unos costos que tienen que incluirse en el precio final del servicio educativo. Para tener una idea, el factor fundamental en la composición de un presupuesto escolar es el dedicado al personal, que debe frisar entre el 60 y 70% del mismo. El porcentaje aplicado a los gastos de funcionamiento u operativos debe estar alrededor de un 10 a 15%. Estos porcentajes hacen dudar y, en mucho, que la educación sea una cornucopia de dinero a retirar.
- A diferencia de la industria y del comercio, el quehacer educativo incluye insumos intangibles que operan al margen de las leyes del mercado, pero contribuyen decididamente en el aprendizaje. Son impagables. Su valor no se puede tasar: el consolar a un alumno cuando está triste; alentarlo cuando arrecia el desánimo; corregirlo cuando yerra; orientarlo para mejor elegir; reconocer sus logros o simplemente escucharlo…, así se podría seguir abundando en hechos ‘in- apreciables’.
- La neutralidad que caracteriza la relación entre un vendedor y un comprador cualquiera no se predica en la relación profesor-alumno. La dinámica de la convivencia, el trato personal, las manifestaciones propias de la edad de los alumnos, fecundan brotes de afecto, de preocupación y de efectiva ayuda. Al componente afectivo –insumo intangible– no se le puede poner precio.
- La axiología de un colegio compromete las mismas entrañas de su organización en su múltiple complejidad: cultura, procesos, normas, actividades, estilo didáctico, metodologías…Al tiempo que aquella reclama de adhesión de parte de los docentes. Por eso, la ejemplaridad es un elemento esencial en toda actividad educativa. En el comercio, en la industria, etc. se valora más la pura y simple eficiencia. En la educación la eficiencia viene condicionada por la ejemplaridad, porque la acción del maestro no se cumpliría correctamente si el alumno, descubriera en aquel los mismos vicios o defectos contra los cuales predica. (García Morente)
- La educación es un servicio de asistencia –se enseña al que no sabe- brindado por profesionales y utilizado con asiduidad por los padres cuyos hijos se encuentran en edad escolar. En tanto que la educación es un proceso que requiere continuidad, a los padres de familia con respecto a los docentes y al colegio se les puede denominar propiamente: clientes. Sin embargo, es inapropiado incluir a los alumnos dentro de la categoría de consumidores, primero porque la educación no es una mercancía y, en segundo lugar, porque sus efectos no se consumen, ni se extinguen, todo lo contrario, perduran en el tiempo incorporados en el alumno.
- El derecho a la educación supone el deber de ejercitarlo. Ese deber – irrenunciable – por naturaleza y por la ley es de competencia de los padres. Aquellos son quienes tienen que velar por que sus hijos inicien y culminen sus estudios escolares. Su relación con el colegio no termina con su elección y el pago de la pensión. Entre ambos se establece una alianza, basada en la confianza mutua y objetivada en competencias y responsabilidades claramente distinguibles pero que concurren complementariamente en beneficio de la educación del alumno-hijo.
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