La columna del Director

LA DERECHA TEMU

Por: Luciano Revoredo

Hay derechas que se compran con un clic. La foto luce bien, la descripción promete dureza, radicalidad, ruptura con el sistema. Pero cuando llega el paquete, el contenido es de plástico blando, talla infantil y con instrucciones confusas. Esa es la derecha Temu, una derecha de vitrina, medio bamba, barata en principios,  y cara en decepciones.

Como en el famoso marketplace chino, el marketing es impecable. Se vende como antisistema, como enemiga frontal del progresismo, como la que va a “poner orden”. Sus voceros gritan fuerte en campaña, hablan de valores, de patria, de mano dura. Pero apenas pisan el poder real, pactan con la izquierda radical, colocan al hermano de Cerrón en la mesa directiva, miran al techo cuando hay corrupción y se refugian en la vieja excusa de la “gobernabilidad” y la “estabilidad” cuando hay que tomar decisiones radicales. El resultado es siempre el mismo, la supuesta derecha termina siendo el mejor seguro de vida del statu quo.

Esta derecha Temu no es nueva en el Perú. Es la derecha que se indigna selectivamente, que denuncia solo cuando el corrupto es del bando equivocado, que relativiza los escándalos propios y se escandaliza con los ajenos. Es la derecha que dice combatir al caviaraje y al rojerío, pero vota con ellos cuando toca repartir cuotas, archivar investigaciones o blindar funcionarios. Mucho ruido, pocas nueces, y demasiados arreglos bajo la mesa.

El problema no es solo la incoherencia, es el engaño. Porque esta derecha se presenta como dura y radical, pero en la práctica es funcional al mismo sistema que dice combatir. No confronta al progresismo cultural, lo tolera. No enfrenta la corrupción estructural, la administra. No defiende valores, los usa como eslogan. Es una derecha sin columna vertebral, adaptable como el plástico barato, capaz de deformarse según la temperatura del momento.

En contraste, existe otra derecha, incómoda para muchos, atacada por casi todos, pero coherente. Una derecha con valores, con límites claros y con un discurso que no se negocia en pasillos ni en las madrugadas. Renovación Popular representa, hoy por hoy, esa diferencia esencial.  Una derecha que no se disfraza de radical para luego diluirse en consensos falsos, ni se declara anticorrupción para después guardar silencio cuando el problema toca a aliados circunstanciales.

La derecha con valores no es la que grita más fuerte, sino la que sostiene su posición cuando llegan las presiones. Es la que entiende que pactar con la izquierda no es pragmatismo, sino claudicación, cuando lo que está en juego son principios básicos. Es la que no acepta dobles estándares, ni distintas varas según el color político del implicado. Corrupción es corrupción, venga de donde venga, y punto.

La derecha Temu, en cambio, vive del cálculo corto. Hoy se vende como alternativa, mañana se convierte en muleta del sistema. Hoy promete limpieza, mañana pide paciencia. Hoy denuncia, mañana archiva. Es una derecha que teme incomodar a los poderes reales, a los medios, a los opinólogos que marcan la pauta de lo “aceptable”. Por eso termina siendo una derecha domesticada, predecible, perfectamente compatible con la decadencia que dice combatir.

El país no necesita más productos de oferta engañosa. No necesita derechas de utilería, ni líderes de cartón. Necesita claridad, coherencia y coraje. Necesita saber quién está dispuesto a pagar el costo de no pactar con lo inaceptable. En ese escenario, la diferencia entre la derecha Temu y una derecha con valores no es un matiz, es un abismo.

Porque al final, como en toda compra fallida, el problema no es solo que el producto sea malo. El problema es darse cuenta, demasiado tarde, de que te vendieron humo envuelto en una foto bonita. Y en política, ese error se paga caro.

Y es justamente ahí donde la comparación se vuelve decisiva. Frente a la derecha Temu, inflada por el marketing y vacía de contenido, Renovación Popular aparece hoy como la mejor opción para quienes buscan una derecha auténtica, con valores claros y sin doble discurso. No porque sea perfecta, sino porque no se esconde, no se diluye y no negocia principios a cambio de aplausos momentáneos. En un escenario saturado de imitaciones baratas, Renovación Popular es, hoy, la alternativa más coherente para quienes no quieren volver a comprar promesas que se rompen al primer uso o que no dan la talla.

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