Cultura

JOVEN HITLERIANO SALOMÓN

Por: Andrés Valle Mansilla

Actualmente está en la cartelera comercial la película “Jojo Rabbit”, dirigida por el neozelandés Taika Waititi (realizador de Thor: Ragnarok), quien interpreta al imaginario Adolf Hitler del niño protagonista. Está cosechando buenos comentarios por su visión satírica del adoctrinamiento nacional-socialista llevado a cabo sobre la juventud alemana durante la dictadura de Hitler. Sin duda, es un tema de actualidad, dado que la situación se repite en países donde la libertad de pensamiento es un bien lujoso, como Corea del Norte, Cuba o Venezuela. No por ser países ajenos debe minimizarse la amenaza del adoctrinamiento en los países democráticos. España es un actual buen ejemplo de ello, debido a la amenaza de eliminar el llamado “pin parental” que permite a los padres de familia informarse del contenido de los cursos impartidos en los colegios de ese país y decidir si quieren que los estudien sus hijos.

Así como en la Alemania nazi, en la era soviética se llevaba a cabo similar adoctrinamiento. Para ejemplificarlo de manera cinematográfica mencionaré a una película de hace 30 años: “Europa Europa” dirigida por la polaca Agnieszka Holland. Narra la historia de Salomon Perel, un adolescente judío alemán que debe migrar con su familia a Polonia, tras el aumento de la persecución y discriminación a los judíos, especialmente durante la “Noche de los cristales rotos” (1938). Sin embargo, Polonia es invadida y Salomon, junto con su hermano Isaac deben dejar atrás a su familia y migrar hacia la parte del país ocupada por el ejército de Stalin. Pese a ello, ambos acaban separados y Salomon es acogido en un Komsomol(colegio soviético) ubicado en la actual Bielorrusia donde se le instruye y adoctrina en la fidelidad a la revolución socialista y a sus líderes Lenin y Stalin. Ahí presencia el escarnio que se les hace públicamente a los disidentes y a los que profesan cualquier religión

Todo parece desarrollarse con relativa normalidad hasta que los alemanes invaden la Unión Soviética y Salomon acaba nuevamente separado de sus compañeros de colegio, para ser hecho prisionero por soldados alemanes, ante quienes se presenta como un alemán “purasangre” debido a su dominio del alemán y ruso, a la pérdida de sus documentos y a la captura del hijo de Stalin. Los alemanes lo acogen en un batallón y por sus méritos militares se gana el respeto de sus compañeros. Para ello, una pareja de esposos alemanes que perdió a su hijo en combate, decide adoptarlo y llevarlo a un colegio de las Juventudes Hitlerianas en Brunswick. Ahí nuevamente es adoctrinado pero en una ideología antagónica a la soviética: se le enseña la fidelidad al führer, el entrenamiento militar para matar comunistas, y por supuesto, el antisemitismo.

Hasta aquí llega mi reseña de la película para no arruinarles la fiesta con spoilers. Lo que siguen son situaciones por las que pasó el personaje: ocultamiento de su identidad judía por ser circunciso, su rechazo a comer carne de cerdo, la desaparición de sus documentos de identidad, su desconocimiento total del Holocausto y del paradero de su familia, su crédula actitud ante la propaganda nazi de “reasentar” a los judíos más allá de los Urales o en Madagascar, y sobre todo, su despertar sexual con Leni, una alumna fanatizada por la dictadura y deseosa de “darle un hijo” al Reich, interpretada por una joven Julie Delpy, conocida aquí por ser la pareja cinematográfica de Ethan Hawke en la trilogía “Antes de” dirigida por Richard Linklater. Basta imaginarse todas esas situaciones para crisparse los nervios en medio de un medio extremadamente hostil para los judíos.

A pesar de todo lo anterior, la historia es verdadera, pues se basa en el libro autobiográfico de Salomon Perel (que lleva como nombre el mismo del presente artículo), quien ahora cuenta con 95 años, es ciudadano israelí y viaja impartiendo conferencias por el mundo acerca de sus experiencias en la Segunda Guerra Mundial. La película (alemana, por cierto) ganó el Globo de Oro al mejor filme extranjero, entre otros reconocimientos y al altamente recomendable en sus aspectos técnico y artístico y está convincentemente protagonizada por el debutante Marco Hofschneider. Creo que el parlamento más recordado de la película es el que Isaac Perel le dice a su hermano menor: “No le cuentes a nadie tu historia porque nadie te va a creer”.

La extraordinaria experiencia de Perel durante la guerra es un ejemplo de ingenio para la adaptación y la supervivencia en medio de dictaduras totalitarias que promovieron un adoctrinamiento basados en la ceguera ideológica, el afán de silenciar el pensamiento crítico y el desprecio por toda disidencia. En ambos imperios se ejecutaron o encarcelaron a incontables opositores, algunos célebres como Sophie Scholl y Aleksander Solzhenitsyn. Ante el reciclaje de los comunistas en el llamado “marxismo cultural” de finales del siglo XX, el adoctrinamiento ha resurgido y aprovecha el actual analfabetismo funcional de las masas (producto del escaso hábito por la lectura y de los complacientes hábitos consumistas) para penetrar en las conciencias débiles, como bien denuncian los que sobrevivieron a dichos métodos en tiempos no tan lejanos y a los que todavía poseen pensamiento crítico individual.

Esta amenaza es real y no una exageración. Hoy en día existen videos en internet en los que se hace mofa, denuncia o crítica (explícita o velada) de esa manía de ciertos gobiernos por manejar el pensamiento de las masas y vigilar o amenazar a quienes disientan, por más que se revistan con el ropaje de demócratas y tolerantes. Ahora el nazismo está prohibido (a perpetuidad) en Alemania y el comunismo soviético, con sus 100 millones de muertos en todo el mundo cayó, pero sus más fieles seguidores en sus cómodos puestos académicos, culturales o políticos en occidente se han “metamorfoseado” ideológicamente para tener algo con qué comer. Ese Frankenstein intelectual forjado a lo largo de cinco décadas es la ideología de género, cuya progresiva imposición en los países que alguna vez fueron cristianos está acelerando la decadencia de occidente. De ahí la importancia de desenmascararla y combatirla, especialmente tras conocer este detalle de la historia.

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