
Por: Luciano Revoredo
El Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual (Indecopi) ha publicado una “Guía de Buenas Prácticas contra la Discriminación por Identidad de Género y Orientación Sexual en el Consumo y la Publicidad”, un documento que, bajo la fachada de promover la igualdad, se convierte en un vehículo para imponer una agenda ideológica progresista que socava los valores tradicionales, la libertad de empresa y el sentido común.
Esta guía no solo es innecesaria, sino profundamente perjudicial para la sociedad peruana, al priorizar una visión divisiva del mundo basada en la ideología de género sobre la realidad objetiva y las prioridades económicas de los ciudadanos.
La guía, elaborada en colaboración con la Asociación PROSA, se presenta como una herramienta para orientar a las empresas, especialmente a las micro y pequeñas, en el trato “adecuado” hacia consumidores de la comunidad LGBTI. Sin embargo, lo que Indecopi omite es que este documento no responde a una demanda orgánica de la sociedad peruana, sino a una imposición de elites progresistas que buscan reconfigurar las normas sociales a través de la coerción institucional. ¿Cuántos peruanos, en su día a día, consideran que la prioridad del Estado debe ser regular cómo las empresas tratan a consumidores según su “identidad de género”? La respuesta es clara: muy pocos. Mientras el país enfrenta problemas reales como la inflación, el desempleo y la inseguridad, Indecopi desvía recursos públicos para promover una agenda que no refleja las verdaderas necesidades de los ciudadanos.
El documento apela a conceptos como “identidad de género” y “orientación sexual” como si fueran verdades universales, ignorando que estas nociones son construcciones recientes, carentes de consenso científico y profundamente controvertidas. La guía define “identidad de género” como una “vivencia interna e individual” que puede no corresponder al sexo biológico, exigiendo que las empresas adapten sus prácticas a esta subjetividad.
Esto no solo es impracticable para pequeños negocios que luchan por sobrevivir, sino que constituye un ataque directo a la realidad biológica, que ha sido la base de la organización social durante milenios. ¿Por qué Indecopi asume que las empresas deben reeducarse para aceptar una visión del mundo que muchos peruanos rechazamos por motivos culturales, religiosos o simplemente racionales?
Uno de los aspectos más alarmantes de la guía es su intrusión en la autonomía de las empresas. Se les insta a implementar protocolos, capacitar personal y modificar sus políticas internas para alinearse con los principios de no discriminación basados en la ideología de género. Por ejemplo, se sugiere que los empleados eviten términos como “señor” o “señora” para no “ofender” a quienes no se identifican con su sexo biológico, y que se consulte a los clientes cómo desean ser tratados. Esto no solo es una absoluta imbecilidad, sino que complica innecesariamente la interacción comercial, sino que impone una carga administrativa y económica desproporcionada, especialmente para las MYPE, que operan con márgenes ajustados.
Además, la guía promueve la idea de que las empresas deben “promover una cultura de empatía y tolerancia” y evitar “estereotipos” en su publicidad. ¿Quién define qué es un estereotipo? ¿Por qué una empresa no puede apelar libremente a los valores de su público objetivo? Obligar a las compañías a adoptar un lenguaje y una narrativa específicos es una forma de censura encubierta, que limita la libertad de expresión y fuerza a los empresarios a plegarse a una ideología que no necesariamente comparten. En un mercado libre, las empresas deberían tener el derecho de operar según sus principios, siempre que no violen la ley. La guía, sin embargo, va más allá, sugiriendo que cualquier desviación de su marco ideológico puede ser sancionada como “discriminación”.
La guía insiste en conceptos como el “nombre social” y la “expresión de género”, exigiendo que las empresas los reconozcan incluso cuando contradicen documentos oficiales como el DNI. Esto plantea un problema práctico y ético: ¿por qué un comerciante debe priorizar la autopercepción de un cliente sobre datos verificables? En un país donde el fraude y la suplantación de identidad son preocupaciones reales, esta recomendación no solo es ingenua, sino potencialmente peligrosa. Al validar la subjetividad por encima de la objetividad, Indecopi debilita la confianza en las instituciones y fomenta un entorno donde las reglas se doblegan ante las demandas individuales, sin importar cuán irracionales sean.
El documento también apela a instrumentos internacionales como los Principios de Yogyakarta y la Opinión Consultiva OC-24/17 de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, como si estos fueran vinculantes para el Perú. Esta referencia a normas extranjeras ignora el contexto cultural y legal del país, donde la mayoría de la población aún valora la familia tradicional y la distinción clara entre hombre y mujer. Imponer estándares globalistas progresistas no solo aliena a los peruanos, sino que socava la soberanía nacional al ceder la definición de nuestros valores a organismos supranacionales.
La guía perpetúa una narrativa de victimización al presentar a la comunidad LGBTI como un grupo inherentemente oprimido que requiere protección especial. Si bien es cierto que toda persona merece respeto, exagerar las supuestas discriminaciones en el consumo y la publicidad crea una percepción distorsionada de la realidad. ¿Es realmente común que un negocio niegue servicios a alguien por su orientación sexual? Los ejemplos citados, como la negativa de acceso a baños según el sexo biológico, reflejan situaciones puntuales que no justifican un cambio estructural en cómo operan miles de empresas. En lugar de fomentar la cohesión social, la guía divide a la sociedad en grupos enfrentados, donde unos son “víctimas” y otros “opresores” potenciales.
Además, al sancionar a empresas por supuestos actos de discriminación, Indecopi envía un mensaje intimidatorio: cualquier interacción que no se alinee con la ideología de género puede ser castigada. Esto no solo desalienta a los negocios a operar con confianza, sino que fomenta una cultura de denuncias frívolas, donde cualquier ofensa subjetiva puede convertirse en un caso legal. En un país con recursos limitados, ¿es este el uso más eficiente de la autoridad de Indecopi?
El mayor problema de la guía es su ataque implícito a los valores que han sostenido a la sociedad peruana: la familia, la fe y la moral. Al promover la ideología de género, Indecopi no solo ignora las creencias de millones de peruanos, sino que las menosprecia al etiquetarlas como “prejuicios” o “estereotipos”. La guía asume que la aceptación incondicional de la autoidentificación es un progreso, pero para muchos, esto representa una erosión de las verdades fundamentales sobre la naturaleza humana. La distinción entre hombre y mujer no es un constructo arbitrario, sino una realidad biológica y cultural que ha dado forma a nuestras leyes, costumbres y relaciones sociales.
En un país donde la familia tradicional sigue siendo un pilar, la imposición de una agenda que cuestiona estas bases es un acto de arrogancia institucional. Indecopi no tiene el mandato de reeducar a la sociedad ni de dictar cómo deben pensar los ciudadanos. Su rol es proteger a los consumidores, no adoctrinarlos en una visión del mundo que muchos rechazan.
La “Guía de Buenas Prácticas” de Indecopi es un ejemplo claro de cómo las instituciones públicas pueden ser capturadas por ideologías progresistas que no representan a la mayoría. Lejos de promover la igualdad, este documento fomenta la división, la coerción y la erosión de la libertad. Es imperativo rechazar esta agenda y defender los principios que han dado estabilidad a nuestra sociedad: la verdad biológica, la libertad de empresa y el respeto mutuo sin imposiciones ideológicas.
Los peruanos no necesitan guías para aprender a tratarse con dignidad; lo que necesitan es un Estado que priorice sus verdaderos problemas y respete sus valores. Indecopi debe volver a su mandato original y dejar de actuar como un agente del “wokismo” global.
La resistencia a estas políticas no es intolerancia, sino un acto de sentido común y amor por lo que realmente somos como nación.






Muy bien dicho: una absoluta imbecilidad
La foto puede describirse? Es increíble lo que se indica. Vamos a estudiar la guía y no para acatarla precisamente.
Pero, como se aplicarían sanciones si se trata de un texto que carece del carácter legal para tal cosa, el principio jurídico de nula poena, no lo permite, luego se trata de un desvío de recursos, sí, pero cuya capacidad vinculante es harto limitada.