
Por: Luciano Revoredo
La farsa de Pedro Castillo está llegando a límites intolerables, el impresentable sujeto que perpetró un golpe de Estado el 7 de diciembre de 2022, disolviendo ilegalmente el Congreso y proclamando un “gobierno de excepción” para aferrarse al poder, ahora busca entorpecer a la justicia con una patética huelga de hambre.
Procesado por rebelión y conspiración, este aliado del terrorismo y agente de la izquierda internacional representada por el Foro de Sao Paulo no solo traicionó a la democracia peruana, sino que ahora insulta a la nación al presentarse como víctima de un supuesto “juicio politizado”. La realidad es clara: Castillo es un peligro público, un títere de agendas extranjeras y un criminal que merece enfrentar todo el peso de la ley.






