
Por: Luciano Revoredo
Pedro Castillo desprecia a la prensa libre. Odia lo que no puede controlar. En la campaña electoral comúnmente no concedía entrevistas. Cuando las concedía las cortaba abruptamente apenas surgía un tema incómodo y partía cobardemente. En sus mítines hablaba frecuentemente de la prensa basura.
En la primera etapa electoral, cuando nadie lo conocía aceptó una entrevista con Diego Acuña en UCI TV. Esta entrevista puso al descubierto su absoluta orfandad mental y su ignorancia en temas económicos. Cuando tan iletrado personaje asumió la presidencia, la entrevista se convirtió en un clásico y Acuña se catapultó periodísticamente.
En varias ocasiones los matones que lo acompañaban en la campaña agredieron a los periodistas que pugnaban por acercarse al candidato. Estos hechos violentos se repitieron cuando ya ocupaba la presidencia, incluso atacando y maltratando violentamente a reporteras del propio canal del estado.
Desde que Castillo ocupa Palacio de Gobierno no ha concedido ni una entrevista ni ha realizado conferencias de prensa. En una ocasión convocó a la prensa extranjera pero no dio declaraciones. Solo leyó un pronunciamiento.
Esa es la relación de Castillo con el periodismo. De humillación y desprecio. Como una rata acorralada cuando tiene que enfrentar a la prensa en libertad solo sabe mostrar las fauces y huir.
Finalmente se anunció, que tras todos los escándalos de corrupción que lo rodean convocaba a la prensa. Entonces algunos ingenuos pensaban que daría la cara. Que finalmente mostraría un gesto democrático y enfrentaría a la prensa libre al menos para pedir disculpas por su desastroso gobierno. Pero no fue así.
La convocatoria fue cerrada. Solo cinco periodistas elegidos por el poder. Los buscones de siempre. Fernando Carvallo el implacable con lo que considera la derecha política, pero genuflexo con la caviarada. La siempre palaciega Mónica Delta. Jaime Chincha, ese Mini-me de Bayly. El intrascendente Pedro Tenorio y la inenarrable Mávila Huertas.
Una reunión a puerta cerrada. En secreto como le gustan a Castillo. Luego todos salieron convertidos en voceros del gobierno neosenderista. Así no más, sin mayores explicaciones a dar a conocer las decisiones de Castillo y sus buenas intenciones.
Ni una pregunta incómoda. Ni una crítica. Ni una defensa de la prensa libre. Son la negación del periodismo. Los turiferarios de la corrupción. Los que hacen periodismo con rodilleras.





