Cultura

HACIA UN VERDADERO CAMINO EXISTENCIAL

Por: Ignacio A. Nieto Guil

La penumbra existencial en la que se halla inserto el hombre actualmente se podría deber a una vida sin valores (1), a la falta de compromiso en su interioridad y a no poseer un fin claro que alumbre su existir diario. Y aquí nace la pregunta ¿Cómo se orienta el espíritu humano  en los albores del siglo XXI? Clarificar tamaña pregunta en los agitados tiempos actuales demanda una actitud parecida a la de “Le Penseur” de Auguste Rodin en la que encontramos, precisamente, un hombre de “bronce pensado”. Esto quiere decir, que la actitud propia del pensador es pausada, reflexiva y, en la contaste y firme búsqueda de la verdad. En ese intervalo se encuentra la disposición interior del espíritu que busca conocer. Pues sumergiéndose –el espíritu– en su propio silencio, muchas veces, entiende cosas que son muy difíciles de trasmitir, más teniendo en cuenta que aquel al cual se le trasmite no siempre tiene condiciones espirituales aptas para receptarlas. También, desde ese silencio se percibe el mundo en otra manera.

Muchos podrían reprochar lo anterior. Y en la misma resonancia Socrática, José Ortega y Gasset nos invita a reflexionar: «Camino lento, no te apresures, que el único lugar a donde tienes que llegar es a ti mismo». Entiéndase bien, esto no se trata de un inmanentismo, sino de volcarse a una debida interioridad. Pero el mundo moderno se encapricha para que así no sea. Lo contradictorio es que aun no conociéndonos a nosotros mismos creemos conocer el mundo. Por supuesto desde el egoísmo y soberbia. En muchas ocasiones, no tendemos a hablar de la verdadera tiranía que nos agobia. Quizás si la conociéramos, otras tiranías sanarían su herida; aquellas que son más visibles y asfixian constantemente. Siempre tenemos el remedio a todo, pero jamás cura, ya que perece con la misma enfermedad y hasta acelera su agonía. Entonces entramos en un círculo vicioso cada vez más fatal y arrogante.

La gobernanza del ruido lo tiene todo permitido y nos ataca para no dejarnos en paz. Atenta contra el silencio que nuestra alma necesita para revitalizarse. Mientras el tiempo pasa nos vamos marchitando. Aquello que alguna vez anhelamos si tuvimos la oportunidad va muriendo y nosotros también. Quizás es más fácil que nuestra existencia esté sedada y sin emociones verdaderas. Y por otro lado creemos ser seres empáticos; pero la realidad es que jamás entendemos al otro ¿Qué le pasará internamente? Nos han metido falsos conceptos de cómo hemos de vivir; quizás algunos lo aprovechan en pos de otros.

Y, en cuanto al hombre rebelde cuya anarquía moral es como la de un sicario sin escrúpulos, es aquel que ama el protagonismo y solventa las mayores maldades; nada da a cambio, pero si lo toma todo injustamente. Lo más grave es que perpetra la paz de otros ruinmente ¿Acaso no habrá castigos para ellos? Quizás sea una razón más para creer que sí la hay. Siempre estamos a un peldaño de partir, allí no hay distingo alguno, todos nos asemejamos en ese sentido, cuando se trata de caminar hacia el único destino, es decir, la muerte” ¿Y si pensamos más en ella? ¿No sería tal vez un camino mejor? ¿No trataríamos de dar más luz siendo acreedores de un mejor destino para cuando llegue el día? O como citó un gran sabio –Castellani– en un magnífico libro explicando a otro gran sabio –Kierkergaard–: “Si al final resulta que hemos de perecer para siempre, vivamos de tal modo a hacer que eso no sea justo” (2) Y me atrevo a un más, tengamos el verdadero riesgo de pensar que hay luz al final del camino, y allí tal vez nuestra existencia se encamine; tenga su verdadero propósito de ser y existir.

Que mejor que concluir con una frase de San Agustín: “No salgas fuera de ti, vuelve a ti, en el interior del hombre habita la verdad”.

 

 

(1) E. Rojas, El Hombre Light (Pág. 95). Editorial Planeta.

(2) L. Castellani, DE KIERKEGORD A TOMAS DE AQUINO (Pág. 51). Editorial Guadalupe.

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