
Por: Alfredo Gildemeister
Cuando aquel lejano domingo 18 de mayo de 1980, muchos jóvenes votamos por primera vez a los 18 años, entre ellos este humilde servidor ya con 19 años, el Perú volvió a la democracia y al Estado de Derecho, luego de doce años de dictadura militar. Sin embargo, era un hecho que la mayoría de los ciudadanos peruanos no teníamos la menor idea acerca de vivir en democracia y bajo un Estado de Derecho. Habíamos votado, lo cual era toda una novedad obviamente, habíamos depositado la cedula marcada con nuestro voto en el ánfora de votación, firmado el planillón y metido la punta del dedo medio de la mano derecha en la famosa tinta indeleble, la cual lucíamos con orgullo democrático, especialmente ante las chicas que nos miraban con admiración puesto que habíamos ejercido nuestro derecho al voto y ya éramos unos demócratas a carta cabal que vivíamos en un Estado en democracia. Pero, ¿Qué diablos significaba vivir en un Estado de Derecho y bajo un régimen democrático? Los jóvenes nuevos votantes no teníamos la menor idea y menos aún sobre en qué consistía el Congreso de la República, más aún cuando en esos años funcionaba el sistema bicameral con Cámara de Diputados y Cámara de Senadores. Sobre el Poder Ejecutivo asumíamos que lo conformaba el presidente de la República, sus ministros y punto. Y en cuanto al Poder Judicial, pensábamos que lo conformaban los jueces que administraban justicia y listo. En cuanto a las principales instituciones del Estado como el Ministerio Público, muchos pensaban que era un ministerio nuevo, con ministro incluido. El Tribunal Constitucional era una novedad copiado de la Constitución española de 1978, así como el denominado Consejo Nacional de la Magistratura, también copy paste de España, como lo fue la mayoría de lo establecido en la Constitución de 1979, que era la Constitución vigente en aquellos años ochenta. En relación a los Derechos Fundamentales o derechos humanos, alguna idea teníamos, mas en lo relativo a las libertades de prensa y de expresión que estaba de moda a raíz del cierre de medios por el gobierno militar, así como alguno que otro derecho como el de propiedad, especialmente luego de la reforma agraria de 1969. Por lo demás, se vivía en una ignorancia cuasi absoluta en relación a estos temas, y que conste que cuando cursaba mi cuarto año de secundaria en 1976, llevé el curso de “Educación Cívica” que obviamente bajo una dictadura militar, no nos enseñaban nada de democracia y menos sobre una Constitución como la de 1933, que era la vigente cuando Velasco dio el golpe militar el 3 de octubre de 1968, y que había sido derogada por no decir desaparecida de plano.
Debo reconocer que los mayores a nosotros como mis padres y abuelos, sí recordaban algo sobre cómo funcionaba una democracia y el Estado de Derecho. Tenían un recuerdo lejano y nada más. En base a eso, nos explicaban a los jóvenes votantes de aquél entonces lo que más o menor recordaban, inclusive recordaban al “Poder Electoral” como cuarto poder del Estado. Ese era el nivel de la “cultura democrática” de los peruanos a inicios de los ochenta. Un nivel muy pobre, por cierto, casi incipiente, con lo que tendríamos que ir aprendiendo sobre la marcha. Han pasado casi cuarenta y dos años desde aquél entonces y las verdades sean dichas, la falta de cultura democrática y de conocimiento del funcionamiento del Estado de Derecho en los peruanos, salvo honrosas excepciones, se mantiene igual e, inclusive, peor pues la ignorancia al respecto va aumentando ante la falta de formación, especialmente a nivel escolar en niños y jóvenes, de un buen curso de Educación Cívica, Educación ciudadana o como diablos se le quiera llamar, en donde se les enseñe cómo funciona una democracia y el Estado de Derecho, en qué consisten el Bien Común, el principio de Subsidiaridad, la Constitución y los Poderes del Estado, la importancia del equilibrio entre dichos poderes, la relevancia fundamental de la representación del pueblo o sociedad civil en el Parlamento o Congreso, lo cual hace que dicho Poder del Estado sea el mas importante, tal como lo diseñó John Locke en 1655 y luego lo perfeccionara Montesquieu, etc. Falta pues formación democrática, cultura democrática y no quiero ni pensar en el nivel de formación política, todo lo cual se nota como hoy, inclusive, entre “políticos consagrados” que ocupan cargos públicos, se denota que no tienen la menor idea de lo que es el Congreso, el Poder Ejecutivo o del funcionamiento del equilibrio de poderes y respeto a la voluntad de las mayorías. Por solo mencionar algunos conceptos fundamentales y esenciales que todo ciudadano debe conocer y, con mayor razón, en el caso de un político, un presidente de la República, congresistas, ministros, alcaldes, regidores, etc. lo cual, por lo apreciado en los últimos años y peor aún en el actual gobierno, nos demuestran que no tienen la menor idea de lo que significa vivir bajo las reglas de una democracia y en un Estado de Derecho.
Precisamente, para cubrir este gran y lamentable vacío de formación, esta falta de “cultura democrática” y formación cívica en los ciudadanos peruanos, es que el constitucionalista Carlos Hakansson Nieto y la educadora e historiadora Rocío Chirinos Montalbetti acaban de publicar en formato digital y se venderá por internet al cómodo precio de S/25.00 soles, el excelente libro titulado “La Constitución y Tú – 10 Lecciones de Ciudadanía” y ya se está programando una segunda edición en formato impreso. Este estupendo trabajo bajo la edición de Equo S.A. y de la Consultora de Educación Personalizada – CEP, desarrolla en diez lecciones fundamentales, temas que toda formación básica en democracia requiere. Lecciones como: La persona humana, sus derechos y libertades; Los derechos sociales, otros derechos y su protección; El Perú, Estado, Nación y Patria; ¿Qué es la Constitución?; La separación de poderes; El Poder Legislativo; El Poder Ejecutivo; El Poder Judicial; El Tribunal Constitucional y la reforma de la Constitución; y El Sistema Nacional de Defensa, orden y control internos; son los temas que desarrolla este estupendo trabajo que definitivamente llena un gran vacío en la formación democrática que todo ciudadano peruano debe cultivar.
De allí que tomando en cuenta la gran falta de cultura democrática existente en el Perú, agravada especialmente en los últimos años, recomendamos esta excelente obra, fruto del trabajo de dos brillantes profesionales como Hakansson y Chirinos, obra que tanto a nivel escolar como, inclusive me atrevo a recomendar, a nivel universitario, constituye un contundente aporte a la formación y cultura democrática de los jóvenes peruanos. Concluyo con la frase relativa a Santo Tomás Moro que encabeza la introducción al libro, referido a la misión de servicio de todo político: “No era de los que querían servirse de la política, sino de los que sirven a la política”.





