La columna del Director

EN LA REPÚBLICA CAVIAR ¿QUIÉN VIGILA A LOS VIGILANTES?

Por: Luciano Revoredo

La salud de una democracia no se mide solo por el acto de depositar un voto cada cierto tiempo, sino por la absoluta confianza en que ese voto será respetado. Hoy, esa confianza en el Perú está herida de muerte y eso es muy peligroso. Cuando una sociedad descree de las instituciones y del sistema se abren las puertas a las más inciertas aventuras que suelen terminar muy mal.

Hoy el sistema democrático y sus instituciones tutelares están bajo asedio por los claros indicios de un fraude electoral y por la aparición de una red de vínculos, contratos y parentescos que escandalizaría a cualquier observador imparcial, pero que en nuestro país se pretende normalizar bajo la protección de la tiranía de los biempensantes, los políticamente correctos y los oportunistas que acabaran pagando caro su complicidad.

Estamos al borde del precipicio y es  hora de llamar a las cosas por su nombre: la imparcialidad del sistema electoral peruano y de sus supuestos guardianes de la sociedad civil es, hoy por hoy, una ficción.

¿Cómo podemos aceptar como “opinión neutral” la defensa cerrada del sistema que hace un representante de la CONFIEP, el otrora potente y respetable gremio empresarial, cuando descubrimos que su trayectoria profesional lo une umbilicalmente a la ONPE de Fernando Tuesta Soldevilla? Ese mismo Tuesta que, desde su cómoda posición de “gurú” académico, diseñó las reformas que hoy mantienen al sistema en cuidados intensivos. No es una carrera profesional; es una puerta giratoria que siempre gira hacia el mismo lado.

Pero el escándalo no termina en las oficinas de los gremios. Se traslada a los sets de televisión, donde “expertos” en estadística desfilan para sentenciar, con aire de superioridad, que aquí no ha pasado nada. Lo que omiten mencionar, mientras que los conductores callan, es que la objetividad se disuelve cuando el experto resulta ser el sobrino de la periodista que más ha blindado al sistema desde su tribuna, es decir Rosa María Palacios, la portaestandarte de la sinvergüencería caviar ¿Análisis científico o relaciones públicas familiares?

La cereza del pastel de este despropósito es la Asociación Civil Transparencia a la que el ingenio popular ha empezado a llamar transferencia, ya que parece haberse convertido en un club de amigos del poder. Es inaceptable que su presidente, Álvaro Henzler, mientras funge de “observador”, cobre facturas al JNE a través de otras oenegés. ¿Cómo se puede supervisar con rigor a quien te paga las consultorías? A esto se suma una vicepresidenta, Fabiola León-Velarde, cuya lealtad política hacia el vizcarrismo quedó sellada con su renuncia tras la vacancia del Lagarto, su mentor. Por otro lado cabe preguntarse ¿Con qué derecho Transparencia, una ONG que maneja fondos de la progresía y el mundialismo se ha erigido en arbitro moral de nuestro país? ¿No es hora de lanzarles un portazo en la cara y que dejen de meter sus narices en asuntos de los peruanos?

Estamos ante una endogamia política y técnica asfixiante. Los mismos que diseñan las reglas (los “caviarizados” reformadores), son los que dirigen los organismos (ONPE/JNE), los mismos que los “vigilan” desde las oenegés (Transparencia) y los mismos que validan todo desde los medios de comunicación.

Esta red de “coincidencias” es una realidad tan evidente como infame. No se trata de teorías de conspiración; se trata de conflictos de interés tan evidentes que ameritan una fiscalización real. El Perú no puede seguir siendo el feudo de una casta que se intercambia los puestos y los cheques mientras la voluntad popular queda en el limbo. La transparencia no se proclama en un logo; se demuestra con las manos limpias y fuera del entorno de quienes organizan las elecciones. Es tiempo de que estos “vigilantes” rindan cuentas.

1 comentario

  1. Pero como se hace para que rindan cuentas si el sistema está parasitado en todos sus niveles? No parece haber parte sana, la alianza medios-universidades en manos de los mismos, que además tienen el control de la justicia hace que sea impracticable, la probabilidad de que salgamos es tan remota, tan pequeña, que no va a quedar más que dejar que el Perú se hunda, toque fondo, a lo Cuba, no hay más esperanza, setenta años de urss, como le pasó a Rusia. A menos que ocurra un milagro antes, pero sí a Santa Rosa de Lima, según la tradición de Palma, nuestro Señor, la mandó a freir buñuelos, qué podemos esperar nosotros pobres pecadores.

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