Política

EL NIÑO DE LA FAROLA

Por: Alfredo Gildemeister

Víctor Martín siempre fue un niño muy responsable y obediente. Así lo habían educado sus padres. A sus diez años de edad, se levantaba muy temprano para ayudar a su madre en las labores de su humilde hogar y luego se iba a la escuela en donde cursaba el sexto año de educación primaria. Vivía en la ciudad de Moche, al norte del Perú. Cuando regresaba de la escuela y anochecía, lamentablemente en su hogar no había electricidad por lo que a fin de no hacerle gastar y comprar velas a su madre, muy ingeniosamente recordó que en la calle, cerca de su casa, había un poste o farola de luz que emitía una fuerte luminosidad, con lo cual se dijo: “¡ahora sí podré estudiar y hacer mis tareas!”.

A partir de ese momento, Martín llevando sus libros y cuadernos, se tiraba al suelo al pie del poste y muy tranquilamente hacía sus tareas escribiendo con su gastado lápiz y evitando no gastar mucho el pedacito de borrador que le quedaba. Y así día a día, al margen de si enfriaba en las noches o de la gente que pasaba por allí. Todo iba bien y así transcurrieron las semanas y los días. Lo que no sabía Martín era que cada día estaba siendo filmado por la cámara de seguridad de la municipalidad que estaba instalada cerca de allí. Algún funcionario del Serenazgo observó lo que filmaba la cámara de seguridad y no se le ocurrió mejor cosa que colgar en las redes sociales el video de Martín estudiando. En esos momentos fue que interviene la Providencia Divina. ¡El video se volvió viral en las redes sociales, especialmente en YouTube! Martín no tenía la menor idea de que su imagen estudiando de noche, tirado en la vereda al pie de un poste, estuviera dando la vuelta al mundo.

Un buen día, recibió la visita de un extraño que cambiaría su vida y la de su familia por completo. Resulta que, a miles de kilómetros de distancia, un empresario de origen árabe proveniente del Reino de Bahrein, cuyo nombre es Yaqoob Yusuf Ahmed Mubarak, de 31 años, se conmovió mucho con lo que le sucedía a Martín, razón por la cual, inmediatamente contactó a su asesor mexicano, Gilberto Rosas Landa, pidiéndole que ubicase al niño. Una vez ubicado, suspendió todas sus actividades y reuniones de negocios para viajar desde su lejano país hasta la localidad de Moche, en la región Lambayeque, para conocer a Martín en persona. Luego de darle un fuerte abrazo ¡Un milagro! Este desconocido venido de lejanas tierras, le hizo entrega a Martín de una billetera. Cuando Martín recibió la billetera preguntó con toda inocencia: “Pero, ¿qué voy a guardar aquí? ¡Papeles!” Grande fue su sorpresa cuando vio que en el interior habían, ¡nada menos que 2 mil dólares! ofreciéndole adicionalmente implementar una sala de cómputo en el colegio Ramiro Ñique de Moche, en el que estudiaba Martín su educación primaria. ¡Un milagro! Pero allí no terminó el milagro. Cuando Mubarak ingresó a la humilde y sencilla vivienda de Martín, viendo con asombro la precariedad en la que vivía, prometió construirle una casa de dos pisos y ayudar para que su madre emprenda un negocio.

Martín no lo podía creer. Su madre lloraba emocionada dándole gracias a Dios y a este extraño y generoso empresario árabe que tan generosamente se portaba con su hijo sin conocerlo de nada. Mubarak fue con Martín al poste bajo el cual estudiaba, se echó en la vereda pues quería saber lo que se sentía estudiar allí y de esa manera, y luego jugó fútbol con Martín y sus amigos. Cabe mencionar que lo único que le pidió a cambio Mubarak a Martín por todo esto, fue valorar el esfuerzo y respetar mucho a su madre. Antes de despedirse, éste se comprometió a volver en el próximo mes de diciembre para conocer la nueva vivienda de Martín y compartir un almuerzo con toda su familia. Este empresario apareció como un ángel en casa de Martín y como un ángel se fue al poco rato. Nadie lo podía creer.

Así como Mubarak le ofreció a Martín construirle una casa de dos pisos, montarle un negocio para su madre y una sala de cómputo para su escuela, también le prometió mejorar su escuela. Sin embargo, ¡Aunque usted no lo crea! Las autoridades peruanas le han puesto a Mubarak, para variar, una serie de trabas a las donaciones ofrecidas a la escuela, ya que se le informó que el centro “ya tiene un presupuesto para su reconstrucción”. ¡Solo en el Perú puede pasar algo así! En lugar estar agradecidos por la generosidad de este empresario, ¡se le ponen impedimentos! ¡Prefieren que los niños sigan estudiando en una escuela destruida hasta que buenamente sea reconstruida algún día, si es que llega a hacerse! Pareciera que el Estado peruano no quisiera que los niños peruanos se eduquen mejor y en este caso, que los niños estudien en una escuela digna y no en ruinas.

“Yo me entusiasmé cuando nos llamó la autoridad municipal, pensamos que era para que nos cuente qué necesiten, pero fue para decirnos que no podemos reconstruir nada, ni una pared ni un ladrillo, porque ya hay un plan de reconstrucción, que para el 2020 lo empezarán y lo que nosotros hemos hechos ellos lo tendrán que demoler”, sostuvo a RPP el asesor mexicano de Mubarak, Gilberto Rosas Landa. Se le explicó que la donación tenía que seguir una serie de procedimientos presenciales que se dificultan porque él vive en México. “Ella nos dijo que teníamos que seguir un procedimiento estandarizado, presentar una petición de donación que tiene que meterse en mesa de partes como algo personal. ¿No puede ser posible la entrega directa del dinero?”, comentó. Rosas Landa agregó que Mubarak desea cumplir con su ofrecimiento de donación para el colegio para no quedar como que solo fueron para tomarse “la foto”.

Ante esta situación, Martín le pidió a su madre viajar a Lima para pedirle ayuda al mismo presidente Vizcarra. Martín viajó a Lima, llegó hasta la puerta de Palacio de Gobierno para dejarle un mensaje al presidente, en donde le decía estar decepcionado luego de no haber recibido la ayuda necesaria para mejorar la infraestructura de su colegio. Martín declaró lo siguiente: “No ha hecho caso y creo que no nos quiere ayudar. Nos dijo que dentro de poco iba a mandar a alguien para tomar medidas y nadie se ha acercado a ver. No ha movido nada para ver si nuestro colegio está en mal estado”. Martín declaró sentirse muy contento por la donación recibida de Mubarak “pero muy decepcionado del Presidente Vizcarra que ni siquiera nos ha ayudado a hacer un aula del colegio”.

¿Hasta cuándo los propios peruanos pondrán trabas, impedimentos y obstáculos a otros peruanos? ¿No se desea un país mejor y lo más óptimo para la educación de nuestros niños? ¿No constituye la educación lo más importante y lo único que hará que este país desarrolle y salga adelante? Al parecer, el presidente de la República, la ministra de Educación y el gobierno en general, no lo entienden así. Están más interesados en la implementación de la nefasta ideología de género y los porno textos escolares, que la verdadera educación de nuestros niños. ¡Una lástima!

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