
Por: Alberto González Cáceres
El Pensador Católico Brasileño Plinio Correa de Oliveira todos los días se vuelve vigente y muy actual. Sus incontables libros, manifiestos, comunicados, artículos, opiniones y comentarios sobre política, religión, sobre cultura, sociedad, sobre arte y civilización, en fin, sobre todas las manifestaciones del hombre, nos presenta un hombre realmente profético, que pudo ver más allá de la realidad y que dedicando su vida a la defensa de nuestra Iglesia, nos mantuvo siempre alertas para no hacer parte de la gran apostasía de la Cristiandad, que ciertamente es la causa de la gran crisis que sufre hoy la humanidad.
Así pues, es el nacimiento instalado recientemente en el Vaticano, que nos invita a recordar su artículo Dos cuadros, dos mentalidades, dos doctrinas que fuera publicado en junio de 1951 en la Revista Catolicismo.


En concreto, ese nacimiento que se ha instalado no puede ser algo bueno para los cristianos, algo bueno para el alma o algo querido por Dios. Mutatis mutandi, veamos lo que nos dice Plinio Correa de Oliveira comparando dos cuadros relativos a la Virgen y el Niño:
“ Haga el lector un ejercicio de imaginación, y suponga que le sea posible regresar a los tiempos de Cristo, y visitar la habitación modesta donde vivía la Sagrada Familia en Nazaret. Al entrar, usted encuentra a la Virgen jugando con el Niño; y que dichas personas fuesen exactamente como Rouault (siglo XX) los imaginó en el cuadro que reproducimos aquí.

¿Esa imagen colmaría su expectativa? ¿Corresponde a lo que se debería esperar de la Madre de Dios, y del propio Verbo Encarnado? ¿Encontraría en esas figuras un reflejo auténtico del espíritu cristiano, de las virtudes inefables de Jesús y María? Evidentemente no.
Por lo tanto, quien se empeñe en que el arte cristiano refleje de modo digno y apropiado el espíritu de los Evangelios y de la Iglesia, no puede ser indiferente a que cuadros de este género se generalicen entre los fieles.
¿Qué terminará pensando y sintiendo sobre la Sagrada Familia un pueblo que tenga frente a sí obras pictóricas o escultóricas de este jaez? El arte cristiano tiene la misión de auxiliar dentro de sus posibilidades peculiares la difusión de la sana doctrina, y no se puede considerar que el espíritu de este cuadro sea propicio para dicho fin.
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Para aclarar mejor estas afirmaciones, consideremos cuanto es eficaz, por el contrario, para hacer comprender por los sentidos lo que la Iglesia nos enseña sobre Jesús y María, este cuadro del “Maitre de Moulins”, (siglo XV) representando también a la Virgen y el Niño.






