
Por: Juan Carlos Eguren N.
Para las familias, las empresas y los países, la estabilidad es indispensable más no suficiente.
El país ha ingresado a una etapa de estabilidad, no como Suiza, sino a la peruana o latinoamericana, es decir medio chicha, pero estabilidad al fin.
En el ámbito de la institucionalidad con sus defectos y debilidades crónicas tenemos un sistema de justicia (Tribunal Constitucional, Ministerio Público y Poder Judicial) estable y más o menos predecible. En lo político por diferentes razones entre ellas la conveniencia mutua (nos quedamos todos) hay una buena relación entre el Poder Ejecutivo y el Congreso, que no se veía desde la elección de PPK en el 2016. A lo que se van sumando por intereses presupuestales los gobiernos locales y regionales.
En el campo económico tenemos un alineamiento ortodoxo entre el BCR, el MEF, la SBS, INDECOPI y los organismos reguladores como OSITRAN, OSINERMING, entre otros, con la complacencia de las agencias calificadoras de riesgo país y los organismos multilaterales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, etc.
La mayor inestabilidad la detectamos en el escenario político-social con partidos muy débiles y poco representativos y movimientos sociales violentistas en la zona sur, pero sin llegar a ser un riesgo de índole nacional y más aún muy desgastados y desprestigiados con muy limitada capacidad de convocatoria y movilización.
A los compatriotas nos encanta auto flagelarnos y ver siempre el vaso medio vacío, con el aliento incesante de la prensa y las redes sociales que sólo tienen ojos para la crítica destructiva. Lo que sofoca la posibilidad de recuperar la confianza y credibilidad en un futuro mejor, felizmente cada vez los medios de comunicación son menos creíbles debilitando por ende su credibilidad y poder.
Hasta aquí, reiteramos el concepto de estabilidad chicha, que es indispensable para generar confianza a los agentes económicos sin cuya inversión no podremos salir del estancamiento en que nos encontramos.
Dijimos que la estabilidad es indispensable pero no suficiente, por que si la economía de la gente de a pie no mejora rápidamente, si no se genera más y mejor empleo, si no se reduce rápidamente la pobreza y la desnutrición, la estabilidad terminará quebrándose con consecuencias graves e impredecibles.
El gobierno tiene dos tareas urgentes que deben ser abordadas con sentido de urgencia: la seguridad ciudadana y el relanzamiento económico, este último pasa por modernizar, simplificar, desburocratizar el estado, vinculada por sinergias a promover y facilitar la inversión, pequeña, mediana y grande, nacional e internacional, pública y privada. Si se tiene éxito la estabilidad se consolida, caso contrario colapsara.





