La columna del Director

DE FRANCISCO A LEÓN XIV: CÓMO LOS MOVIMIENTOS POPULARES SE CONVIRTIERON EN UN INSTRUMENTO DE INFLUENCIA IDEOLÓGICA DENTRO DE LA IGLESIA

Por: Luciano Revoredo

El reciente informe del Instituto Lepanto sobre el V Encuentro Mundial de Movimientos Populares, celebrado en Roma en octubre de 2025, ha puesto nuevamente sobre la mesa una cuestión que muchos católicos vienen observando con creciente preocupación desde hace más de una década: la estrecha relación entre sectores del Vaticano y organizaciones sociales que profesan abiertamente postulados marxistas, socialistas revolucionarios o agendas ideológicas incompatibles con la doctrina católica.

Para comprender la importancia de este informe es necesario mirar el fenómeno en perspectiva. El encuentro de 2025 no constituye un hecho aislado. Es la culminación de un proceso iniciado durante el pontificado de Francisco y que hoy parece encontrar continuidad bajo León XIV.

El origen: Francisco y los Movimientos Populares

Los Encuentros Mundiales de Movimientos Populares nacieron en 2014 por iniciativa directa del papa Francisco y del entonces Pontificio Consejo Justicia y Paz.

Desde su origen fueron presentados como espacios de diálogo entre la Iglesia y organizaciones que trabajan con los sectores más pobres y marginados de la sociedad. La propuesta giraba en torno a las denominadas tres “T”: Tierra, Techo y Trabajo.

Nadie puede objetar esos objetivos. La Iglesia ha defendido históricamente la dignidad del trabajo, la propiedad privada con función social y la protección de los más vulnerables. Sin embargo, desde el inicio surgieron interrogantes sobre la naturaleza de muchas de las organizaciones invitadas.

Numerosos participantes provenían de movimientos campesinos radicales, organizaciones de ocupación de tierras, colectivos anticapitalistas y agrupaciones vinculadas a diversas expresiones de la izquierda latinoamericana.

La pregunta era legítima: ¿estaba la Iglesia dialogando con los pobres o estaba estableciendo alianzas privilegiadas con organizaciones ideológicamente comprometidas con proyectos revolucionarios?

Bolivia 2015: el punto de inflexión

Si el encuentro de Roma de 2014 fue el punto de partida, el celebrado en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, en julio de 2015, constituyó el verdadero punto de inflexión.

El evento se realizó bajo el patrocinio del gobierno de Evo Morales y reunió a más de mil quinientos delegados procedentes de movimientos sociales de todo el mundo.

La imagen resultó particularmente significativa: el Papa Francisco compartiendo protagonismo con uno de los líderes más emblemáticos del socialismo latinoamericano del siglo XXI.

Durante aquellos días se sucedieron discursos contra el capitalismo global, llamados a transformar las estructuras económicas internacionales y propuestas de articulación política entre movimientos populares de distintos continentes.

Francisco pronunció uno de los discursos más comentados de su pontificado social. Denunció las injusticias económicas, criticó las formas contemporáneas de exclusión y alentó a los movimientos a continuar organizándose para defender a los más pobres.

Muchos católicos vieron en aquellas palabras una legítima preocupación pastoral. Otros comenzaron a advertir un riesgo creciente: que la Iglesia estuviera otorgando legitimidad moral a organizaciones cuyos presupuestos ideológicos estaban inspirados en categorías provenientes del marxismo, la lucha de clases y diversas corrientes revolucionarias.

La preocupación aumentó cuando Evo Morales entregó al Papa el ya famoso crucifijo con la hoz y el martillo, símbolo que para millones de víctimas del comunismo representa persecución religiosa, totalitarismo y violencia política.

Aunque el episodio fue presentado como un gesto protocolar, se convirtió en una imagen emblemática de las tensiones que acompañarían a los Movimientos Populares durante los años siguientes.

Una red internacional en expansión

Lejos de tratarse de encuentros ocasionales, las reuniones posteriores consolidaron una red internacional cada vez más articulada.

A lo largo de los años participaron organizaciones provenientes de América Latina, Europa, África y Asia que compartían una visión común de transformación social y económica.

Muchas de ellas defendían reivindicaciones legítimas relacionadas con la pobreza, la vivienda o los derechos laborales.

Sin embargo, otras mantenían vínculos explícitos con proyectos políticos revolucionarios, defendían modelos socialistas de organización económica o promovían agendas incompatibles con la enseñanza moral de la Iglesia.

Durante el pontificado de Francisco estos movimientos encontraron en diversos organismos vaticanos un interlocutor privilegiado y una plataforma de legitimación internacional difícil de imaginar en épocas anteriores.

Lo que inicialmente fue presentado como una forma de acercarse a las periferias sociales terminó convirtiéndose en una estructura permanente de colaboración entre sectores eclesiales y movimientos de fuerte contenido ideológico.

El informe Lepanto: nombres, organizaciones y documentos

Es precisamente esta evolución la que analiza el reciente informe del Instituto Lepanto.

El documento estudia detalladamente la composición del V Encuentro Mundial de Movimientos Populares celebrado en octubre de 2025.

Los investigadores identifican la presencia de organizaciones como el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra de Brasil, La Vía Campesina, UTEP de Argentina y numerosas agrupaciones internacionales que reivindican expresamente referentes marxistas o socialistas revolucionarios.

Según el informe, varias de estas organizaciones no solo promueven transformaciones económicas radicales, sino que además respaldan campañas favorables al aborto, al activismo LGBT y a otras iniciativas incompatibles con la doctrina católica.

El estudio sostiene que no se trata de casos aislados sino de una tendencia recurrente que aparece una y otra vez en la composición de los encuentros y en los documentos finales aprobados por los participantes.

Para los autores, la cuestión central ya no es si existen activistas de izquierda presentes en estos eventos, sino por qué precisamente estos movimientos son escogidos como interlocutores privilegiados de la Iglesia.

La novedad de 2025: la entrada de la sinodalidad

Lo que convierte al encuentro de 2025 en un acontecimiento especialmente significativo es un elemento nuevo que no había estado presente con esta intensidad en reuniones anteriores.

Por primera vez participaron oficialmente representantes de diócesis, conferencias episcopales, organismos pastorales y estructuras vinculadas al proceso sinodal.

Este hecho es considerado por el Instituto Lepanto como un cambio cualitativo de enorme importancia.

Ya no se trata únicamente de encuentros entre movimientos sociales y organismos vaticanos. Se trata de una integración cada vez más estrecha entre estas organizaciones y las propias estructuras clesiales.

La sinodalidad, concebida originalmente como un proceso de escucha y discernimiento, aparece ahora como el marco institucional dentro del cual se desarrollan estas alianzas.

Y aquí surge una preocupación fundamental.

Si quienes participan activamente en estos procesos representan de manera desproporcionada determinadas corrientes ideológicas, el resultado puede ser una progresiva colonización de

estructuras eclesiales por agendas políticas ajenas al Evangelio.

La Iglesia corre entonces el riesgo de sustituir la evangelización por el activismo y la doctrina por la militancia.

Spin Time Labs y la cuestión de la infiltración ideológica

Uno de los aspectos más llamativos señalados por el informe Lepanto es la elección de Spin Time Labs como una de las sedes vinculadas al Encuentro Mundial de Movimientos Populares.

Spin Time Labs es conocido por albergar diversas iniciativas sociales y políticas identificadas con posiciones progresistas y activistas. Para los autores del informe, su inclusión en un evento patrocinado por organismos vaticanos no constituye una simple decisión logística, sino un símbolo del tipo de alianzas que se están promoviendo.

Sin embargo, la preocupación principal del informe no radica únicamente en la elección de una sede determinada.

Según Lepanto, el verdadero problema es que el Encuentro Mundial de Movimientos Populares tiene como objetivo explícito fortalecer los vínculos entre estas organizaciones y las iglesias locales a través de diócesis, conferencias episcopales y organismos pastorales.

En otras palabras, la inquietud de los autores no se limita a la presencia de activistas marxistas en un encuentro internacional. Lo que consideran alarmante es la posibilidad de que estructuras eclesiales ordinarias se conviertan en canales para la difusión de ideologías políticas incompatibles con la doctrina católica.

Esta interpretación adquiere especial relevancia a la luz de la composición del comité organizador del encuentro.

El propio dossier oficial distribuido por el Vaticano identifica entre los organizadores a la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP) de Argentina, el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) de Brasil, La Vía Campesina, Slum Dwellers International, la Red PICO de Estados Unidos, Mediterranea Saving Humans y diversas organizaciones obreras de inspiración católica.

El informe Lepanto sostiene que varias de estas organizaciones mantienen posiciones explícitamente marxistas y que algunas de ellas han respaldado públicamente iniciativas favorables al aborto o al activismo LGBT.

A juicio de los autores, la cuestión fundamental ya no consiste en la presencia de estas organizaciones en encuentros promovidos por el Vaticano, sino en el hecho de que se les otorgue un papel estructural en procesos destinados a influir sobre la vida pastoral de las iglesias locales.

Desde esta perspectiva, el Encuentro Mundial de Movimientos Populares dejaría de ser un simple foro social para convertirse en un instrumento de difusión ideológica dentro de ámbitos eclesiales.

León XIV y la continuidad del proyecto

Muchos observadores esperaban que el cambio de pontificado supusiera una revisión de esta dinámica. Sin embargo, el encuentro de 2025 parece indicar más continuidad que ruptura.

Durante su intervención ante los participantes, León XIV reiteró conceptos ya utilizados por Francisco y expresó su cercanía a los movimientos presentes con una frase que ha sido ampliamente

citada por el informe Lepanto: “Estoy aquí. Estoy con ustedes”.

Sin duda, el Pontífice buscaba manifestar cercanía pastoral hacia quienes trabajan entre los sectores más pobres de la sociedad. Pero la cuestión planteada por el informe permanece abierta.

Cuando entre los destinatarios de ese respaldo se encuentran organizaciones que promueven ideologías incompatibles con la fe católica, la legitimación pública que reciben adquiere

inevitablemente una dimensión política. No pocos católicos se preguntan si los responsables vaticanos conocen realmente la trayectoria y los objetivos de todos los grupos que participan en estos encuentros. Y si los conocen, la pregunta resulta aún más inquietante.

La cuestión de fondo

El problema no es la preocupación por los pobres.  El problema no es la justicia social.  El problema no es la defensa de los trabajadores. Todo ello forma parte esencial de la misión de la Iglesia.

La cuestión es otra. ¿Puede la Iglesia colaborar estrechamente con movimientos inspirados en el marxismo sin terminar legitimando su visión del mundo? ¿Puede asumir categorías intelectuales

nacidas de la lucha de clases sin afectar la integridad de su mensaje? ¿Puede la sinodalidad convertirse en un instrumento mediante el cual determinadas corrientes ideológicas adquieran

influencia creciente dentro de las estructuras eclesiales? Son preguntas incómodas, pero inevitables.

Una advertencia para el futuro

El informe Lepanto puede ser discutido. Sus interpretaciones pueden ser debatidas. Pero la documentación que presenta merece una respuesta seria. Lo que está en juego no es simplemente la

organización de un encuentro internacional. Lo que está en juego es la identidad de la misión evangelizadora de la Iglesia. A lo largo de dos mil años el cristianismo ha sabido dialogar con el

mundo sin confundirse con él. Ha defendido a los pobres sin abrazar ideologías materialistas. Ha promovido la justicia sin convertirse en un movimiento político. El desafío actual consiste

precisamente en mantener ese equilibrio. Porque cuando la Iglesia deja de transformar el mundo desde el Evangelio y comienza a adoptar las categorías ideológicas del mundo para interpretar su

propia misión, corre el riesgo de perder aquello que la hace única.

Los Encuentros Mundiales de Movimientos Populares nacieron como una iniciativa pastoral. La pregunta que plantea hoy el informe  es si no han terminado convirtiéndose en algo muy distinto.

Para los católicos de América Latina, este debate posee además una importancia particular. La región ha conocido durante décadas los intentos de instrumentalizar la fe cristiana al servicio de

proyectos revolucionarios. La experiencia histórica demuestra que cuando la Iglesia se identifica excesivamente con una determinada propuesta política termina debilitando su capacidad

evangelizadora y dividiendo a los fieles. Precisamente por ello, las preguntas planteadas por el informe Lepanto trascienden un encuentro concreto y obligan a reflexionar sobre el rumbo que están

tomando ciertas estructuras eclesiales en el mundo contemporáneo.

 

PARA CONSULTAR LOS INFORMES INDIVIDUALES DE LOS PARTICIPANTES, HAGA CLIC AQUÍ PARA DESCARGAR EL INFORME COMPLETO .

Dejar una respuesta