
Por: Luciano Revoredo
El último domingo entre las múltiple notas que la televisión nos mostró vimos a Pedro Castillo y Lilia Paredes llegar con gran despliegue de seguridad al distrito de Tacabamba en Chota para emitir su voto. A la prensa le pareció un asunto normal. La transmisión por todos los medios resaltó el hecho que lleguen a votar y se repitieron los lugares comunes de siempre.
Lo que nadie cuestionó es que mover un avión hasta Cajamarca tiene un costo aproximado de cuarenta mil soles. A esto hay que sumarle al menos cuatro mil más por el helicóptero hasta Tacabamba, los gastos de toda la comitiva, viáticos y demás, sin contar el despliegue innecesario de seguridad y el costo horas hombre que implica.
Cabe preguntarse ¿no era más simple que Castillo y esposa luego de quince meses viviendo en Lima hayan cumplido con actualizar los datos en el DNI como manda la ley y votar en el lugar de su residencia? Eso es lo que hace cualquier persona normal, sobre todo aquellos que cambian de provincia o región. Modificar los datos del DNI y obtener el nuevo actualizado cuesta 41 soles.
Pedro Castillo está disfrutando las mieles del poder. Obviamente no piensa que con los más de cincuenta mil soles de todos los peruanos que ha gastado en ir a votar hubiera podido hacer algo de mayor utilidad en beneficio de los pobres de los que tanto habla.






Y no digamos la huella de carbón, que dejan nos medios de transporte. Ni un ecologeta ha abierto la boca al respecto.