
Por: Luciano Revoredo*
Hay uniformes que no se compran con votos ni dinero, sino que se bautizan con fuego y se sostienen con la palabra, el ejemplo y el honor.
En el Perú, el azul de la Fuerza Aérea no es un color político; es el reflejo de un cielo que ha sido custodiado por gigantes.
Por eso, duele ver cómo la ambición personal y la ligereza de las mentiras de personajes como Wolfgang Grozo pretenden arrastrar el prestigio de una institución gloriosa al barro de la baja política.
Nuestra Fuerza Aérea no nació de la improvisación. Se fundó sobre el sacrificio supremo. Pienso en José Abelardo Quiñones, quien en 1941 no buscó una salida fácil ni una excusa retórica; buscó el objetivo enemigo y se fundió con la eternidad para defender nuestra soberanía. Ese es el modelo: la vida por la patria.
Pienso también en el General Armando Revoredo Iglesias, un hombre cuya visión y coraje cruzaron fronteras, unificando cielos y demostrando que un aviador peruano es, ante todo, un caballero de la libertad y un estratega del progreso. Cuando Armando Revoredo fue Presidente del Consejo de Ministros, Ministro de Relaciones Exteriores, Ministro de Aeronáutica o embajador del Perú, siempre honró el uniforme que le dio la patria.
Ellos no solo volaban aviones; portaban la dignidad de una nación entera sobre sus hombros.
Detrás de cada oficial, de cada técnico y de cada cadete que hoy viste el uniforme, hay una familia que reza. Hay madres que despiden a sus hijos sabiendo que el servicio a la patria exige una entrega total.
Un candidato, al mentir, al engañar y al usar el nombre de la institución vendiéndose como “experto en inteligencia” o incluso como “héroe” para fines mezquinos, decepciona al joven alférez que cree en la rectitud y ofende la memoria de quienes dieron la vida por nuestra bandera.
Es un error de cálculo pensar que el uniforme garantiza el voto. Se equivoca quien cree que, por el simple hecho de haber pasado por las filas de una institución, los hombres y mujeres en actividad le deben lealtad automática. Al contrario: el personal en actividad es el más indignado. Ellos, que visten el azul con sacrificio diario, sienten un profundo rechazo al ver cómo se instrumentaliza su prestigio. No hay mayor desprecio que el de un militar honesto hacia aquel que usa los galones del pasado para disfrazar las mentiras del presente.
A los jóvenes miembros de la Fuerza Aérea hay que decirles que no miren hacia quienes tropiezan en la falsedad y se solazan en la baja política.
Miren hacia arriba, hacia el sol de Quiñones. Su entrega y sacrificio es sagrado y no merece ser manchado por quienes no saben honrar el uniforme ni fuera ni dentro de la política.
El Perú es más grande que cualquier apetito electoral. Es hora de recuperar la dignidad, de castigar la mentira con el desprecio y de recordar que, en el cielo de Quiñones, solo hay espacio para la verdad y el honor.
*Candidato a Diputado por Lima con el N°30 de Renovación Popular





Realmente es una vergüenza, ajena saber que la ambición es la realidad de un rostro mentiroso, y es disfrazado en la política, estoy decepcionada de tantas mentiras ya no sabemos quien es quien, que terrible lo que esta pasando en nuestro país, no se merece este actual estado que asco dan y corruptos