
Por: Juan Carlos Eguren
Cuando dos equipos peor que mediocres se enfrentan en la cancha cada uno que se siente potencialmente perdedor espera un golpe de suerte para ganar el partido. Pero ambos mediocres quedarán satisfechos con el empate. Así están los Poderes Ejecutivo y Legislativo, cada uno peor que el otro.
La desgracia no esta en los integrantes de los dos poderes del estado quienes se mantienen cómodos y bien remunerados, la tragedia la sufre el pueblo que cada día está peor, para los burócratas no pasa nada, sus ingresos están garantizados por cuatro años por delante.
En este contexto y condiciones no habrá disolución del congreso ni vacancia presidencial.
La legitimidad de origen del poder que ostentan es “legítimo” proviene de una elección popular o designaciones sin idoneidad pero en el marco de la ley. Este poder les otorga la capacidad de gobernar pero a contra pelo la obligación de hacerlo con capacidad, responsabilidad, transparencia, honestidad y sometidos a rendir cuentas a los electores, no es un cheque en blanco por cinco años que les garantiza impunidad para hacer tropelías pensando que el pueblo tiene que aguantarlas sumisamente.
Los gobernantes se equivocan al pensar que no pasará nada y que los delitos del gobierno se esclarecerán en la próxima década. El país no es viable ni sostenible en estas circunstancias.
Cuando las autoridades pierden legitimidad, como obviamente a ocurrido, el pueblo ya no confía en sus gobernantes como custodios del contrato social que nos da sentido de país. Sin el contrato social, los derechos naturales del pueblo, como la vida, la libertad y la propiedad, se ponen en grave peligro y cuando los seres humanos se sienten en grave riesgo reaccionan y se defienden con todo.
La complicidad por conveniencia del gobierno y el congreso a estas alturas es obvia, el primero no gobierno y el segundo no fiscaliza, su sobrevivencia depende uno del otro, la apariencia de conflicto, no es más que una puesta en escena para aparentar y engañar al pueblo con la expectativa que se resolverá, cuando ninguno de los dos tiene interés en romper el status quo.
El poder que ostentan y los encantos que implican no serán renunciados, el pueblo se los tendrá que arrebatar más temprano que tarde.
Los congresistas que dicen estar a favor de la vacancia, del adelanto de elecciones o la suspensión deben diferenciarse de los cómplices, ponerse en modo campaña e intentar representar/liderar a la inmensa mayoría del pueblo que clama por el adelanto de elecciones. Si no lo hacen estaríamos sólo ante amagos de la boca para afuera.




