Por: María Ximena Rondón
La dura persecución religiosa en Nicaragua perpetrada por la dictadura sandinista de Daniel Ortega es un tema ignorado por los medios de comunicación. Durante las últimas semanas, han sido acosados y arrestados sacerdotes y obispos. Radios y canales de televisión católicos han sido cerrados. Algunas iglesias fueron cerradas. En redes sociales corrió una imagen fuerte de la celebración de la Misa en el exterior de una parroquia en la que la gente recibía la comunión a través de las rejas.
Durante la madrugada del 19 de agosto, la policía al servicio del dictador nicaragüense de izquierda secuestró al Obispo de Matagalpa, Mons. Rolando Álvarez, junto con otras ocho personas, entre las cuales había sacerdotes y seminaristas. La policía también allanó la casa de los padres de Mons. Álvarez, según denunció una de sus sobrinas.
Mientras tanto, en la Parroquia Santa Lucía, los fieles también tuvieron que reunirse por la madrugada para evitar que la policía se llevara a los sacerdotes.
Quizás el caso más conocido es la expulsión el pasado mes de julio de las Misioneras de la Caridad, fundada por Santa Teresa de Calcuta, quienes se dedicaban a la atención de los más pobres entre los pobres del país.
En marzo de este año, fue expulsado de Nicaragua el Nuncio Apostólico (una suerte de embajador del Vaticano), Mons. Waldemar Stanislaw Sommertag.
Y podríamos remontarnos a varios ataques contra la Iglesia Católica que ocurren desde el año 2018. Por ejemplo, en junio de ese año, los paramilitares al servicio de Ortega asesinaron a un monaguillo de 15 años llamado Sándor Dolmus.
El comienzo de toda esta tragedia está fechado en abril de 2018, cuando se desataron protestas en varias ciudades de Nicaragua debido a que el dictador Daniel Ortega decidió aumentar el aporte de los trabajadores y empleadores al Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), medida que fue derogada tras las protestas. Pero la violencia y la represión no se pudieron controlar. Y muchos de estos actos fueron perpetrados por las fuerzas afines al gobierno en contra de la Iglesia Católica.
Es importante recalcar que Daniel Ortega es un dictador de izquierda, ya que el partido al que pertenece y del que es presidente, el Frente Sandinista de Liberación Nacional, está catalogado como una organización política-militar de izquierda. Entre su ideología, figura el socialismo, populismo, nacionalismo de izquierda, antiimperialismo, comunismo, marxismo-leninismo, guevarismo, entre otras joyas zurdas.
Está inspirado en Augusto C. Sandino, un guerrillero de fines de la década de 1920, y en la Revolución Cubana (otro país sumido en la miseria).
¿Por qué recordamos esto? Para no olvidar que los gobiernos de izquierda jamás traen nada bueno. Llegan al poder engañando a los incautos, abriendo heridas y dándose aires de justicieros sociales. Una vil mentira, pues resultan ser más corruptos y abusadores que aquellos calificados por estos como “corruptos o dictadores”. Basta con analizar el caso de Pedro Castillo en el Perú.
Estas dictaduras de izquierda detestan a la Iglesia Católica porque esta se opone a sus intereses. Porque realmente socorre a la gente cuando lo necesita y es el baluarte de los valores y la moral. Sí, esa es la verdadera Iglesia Católica, no la que dicen representar los abusadores sexuales y los políticamente correctos.
Una historia similar a lo que ocurre en Nicaragua y que casi nunca se cuenta es la de la Guerra Cristera, que tuvo lugar en México de 1926 hasta 1929. El gobierno del entonces presidente Plutarco Elías Calles (un político de izquierda) persiguió a la Iglesia Católica y ejecutó a miles de católicos. Realmente es impresionante leer los testimonios de esa época, que contaban cómo la gente se organizó para defender a su Iglesia y que incluso iban a Misa a escondidas, arriesgando su vida. Si desea conocer más sobre ese duro y desconocido periodo de la historia, puede ver la película “Cristiada”, donde actúa Andy García.
La historia se repite en Nicaragua: Una religión perseguida y cuyo martirio es ignorado a propósito por los medios de comunicación y la “historia oficial”. Además, jamás relacionarán la tendencia política de izquierda con los perseguidores, ya que mucho del establishment (lamentablemente) está ocupado por gente de izquierda, quienes buscan imponer su ideología por las buenas o por las malas.
En el caso peruano, ante la exitosa “Operación Patriota” contra los remanentes del grupo Sendero Luminoso en el VRAEM, cabe recordar que muchos sacerdotes y religiosas fueron perseguidos y asesinados por los terroristas (que profesaban una ideología maosita-comunista) entre los 80´s y 90´s.
Para cerrar y advertir que esta persecución no es un caso aislado, un reporte publicado por la ONU en el 2020 declara que la religión, especialmente la cristiana, es enemiga de los derechos humanos…Todos sabemos que los supuestos derechos humanos son el caballo de batalla de la izquierda y de todas sus prácticas perversas. Por ejemplo, en Perú son conocidos por su defensa acérrima de los pobres y desolados terroristas.
No ignoramos el sufrimiento de la Iglesia Católica en Nicaragua. Todos tienen derecho a la libertad religiosa y debemos velar por su cumplimiento ante los partidarios de la izquierda que dicen defender la libertad y la tolerancia, cuando son unos hipócritas que manipulan ambas cosas bajo su conveniencia.





Sabemos que Dios no ignora el sufrimiento de sus fieles, y dice bien la Escritura que les hace esperar, pero también que les hará justicia. Bien sabemos también (y ellos además) que la izquierda nunca ha ganado sin fraude, una vez que Ortega llene la medida de sus pecados, se le acabará el sucio juego, y no tendrá escapatoria.