La columna del Director

CIEN DÍAS DE DEMOLICIÓN DEL PAÍS

El reino de la incertidumbre

Por: Luciano Revoredo

Llegaron los siempre esperados cien días. Una vieja costumbre ha establecido ese hito como una primera parada para el análisis de lo avanzado en ese  tiempo por un gobierno. Siempre es un plazo que resulta limitado, pero a la vez revelador de las intenciones de la nueva administración. Este cometario será breve, como breves son los alcances del desgobierno que nos aqueja.

En el caso de Perú Libre y sus aliados de la izquierda de todos los pelajes es un esfuerzo estéril tratar de establecer avances, estamos ante el más desastroso y malsano inicio de un gobierno en la historia del Perú republicano.

Los cien días han estado signados por la improvisación y la mediocridad de una gavilla de impresentables y delincuentes que han tomado el poder. Los ministros y altos funcionarios son prontuariados desechables .

Por su parte Pedro Castillo se ha revelado como un ser ladino y mendaz, pero a la vez incapaz de tomar decisiones, negado para comunicar, disminuido intelectualmente y dueño de una orfandad mental de primer orden. No hay un solo ángulo rescatable de su ignorancia invencible, de su contumacia en el error. A cien días de su gobierno solo queda un camino y es el de la vacancia. Su permanencia en la presidencia denigra a la nación, mancilla la institución presidencial y repugna a la razón.

Pero si algo se ha de decir al cumplirse los primeros cien días de desgobierno neosenderista es que la incertidumbre se ha sembrado y es el signo distintivo de la hora actual.

La parálisis de las inversiones es inminente. La inflación empieza a rodar como una pequeña bola de nieve, la corrupción aflora por todas partes, la incapacidad y la prepotencia campean, la violencia asoma, la destrucción de la propiedad privada se hace cotidiana, la captura de las instituciones comenzando por las fuerzas armadas es evidente, el lumpen comunista se está empoderando cada día más y la demolición del país está en marcha. Vamos a un país desmoralizado, sometido, débil y pobre. Ese es el escenario propicio para establecer el narcoestado que el Foro de Sao Paulo ha prescrito. Eso es lo que quiere la gentuza que ha tomado el poder. Aún estamos a tiempo de impedirlo.

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