
Por: Luciano Revoredo
El tercer gabinete de Castillo resultó peor que los anteriores. Pero esto no es casual ni se debe solo a la incompetencia del ocupante de la presidencia. La degradación moral, la destrucción de las instituciones, la convivencia con la corrupción, la decadencia social y los escándalos es parte de una estudiada estrategia comunista para imponer su hegemonía.
En la medida en que la sociedad empieza a ver todo esto como normal y no reacciona ellos han avanzado.
La instauración de la tiranía comunista en el Perú está en marcha. Todos los días nos van tanteando. Ensayando un acto más para ver si lo toleramos.
Cada ministro que renuncia tras cometer alguna tropelía es reemplazado por uno peor. El nuevo ministro nunca corrige lo hecho por el anterior y así nos juegan al hecho consumado.
Todo esto sucede ante nuestros ojos como en una coreografía siniestra bajo las ordenes del Foro de Sao Paulo y el G2 cubano. Pedro Castillo es el nombre y apellido de la crisis que nos ha tocado vivir. Pero este ser despreciable es el ejecutor de un plan que excede su ignorancia supina.
Castillo es un agitador, un personaje de los bajos fondos de la cloaca comunista. Un emprendedor de huelgas y asonadas que de pronto se ha visto con todo el poder en las manos. Es absolutamente negado para la alta política. No es capaz siquiera de articular dos frases coherentemente, ni de leer un discurso elaborado por sus también impresentables asesores, pero como todo comunista es perverso y pérfido. Está entonces en disposición de cumplir el plan que le han trazado a la par que se victimiza.
La masiva desaprobación de la población no les preocupa. Van tejiendo lentamente la estructura que llegado el momento funcionará como una máquina opresora. Entonces será tarde. Sin libertades públicas, convertidos en un narcoestado más y bajo el control del castrochavismo solo quedará el camino de la insurrección o la diáspora.
Aún estamos a tiempo, quedan espacios democráticos y podemos expresarnos. Eso no durará mucho. Los ciudadanos patriotas y lo que queda del congreso tienen que actuar.






Pues mientras se mantenga el rating del esperpento televisivo de las 7, la generación eeg, no va a reaccionar. ¿Hay algún rebelde? ¿Algún Neo? Me atrevo a más, no hay ningún Zemour en nuestra intelectualidad, no esperemos que las cosas cambien. Sedados cómo están los empresarios por los narcodólares baratos (bolivianos qué más), que mantienen sus economías, no hay más, pobres de nosotros.