Cultura

TAMBIÉN LA SALUD MENTAL ESTÁ EN CRISIS EN EL PERÚ

Por: Silvia Suárez*

Las declaraciones del  Premier Héctor Valer, quien señaló  que irá a las instituciones máximas de las colegiaturas de Psicólogos para hacerse una prueba de salud mental, es un acto de autosuficiencia y autoengaño en cultura psicológica. Desconoce de los procedimientos psicológicos, ya que no basta una prueba para un diagnóstico, por lo general se usa una batería de pruebas psicológicas (cinco pruebas a más) y se hacen  varias entrevistas a profundidad  para evaluar a la persona en los diversos procesos y escenarios, así como para generar un vínculo de confianza.

Por otro lado, si el  ciudadano Héctor Valer fue denunciado más de una vez por violencia psicológica o física a terceros, lo sensato en una cultura que normalice la importancia de trabajar nuestras emociones primarias, hubiese sido asistir donde un profesional de la salud mental para gestionar esas emociones mal dirigidas y poder seguir potenciando sus buenos recursos, y sobre los que se sostendrá como profesional y político.

Lo mismo hubiese pasado con la profesional en derecho de la Sutran y acusada de tendera, la que no pudo ocupar la posición de Jefa de la institución porque si bien tenía  muy buen currículum profesional, padecía de una cleptomanía denunciada dos veces en la Policía. Cleptomanía por tanto no tratada, probablemente derivada de algún problema afectivo temprano.

Hoy existen tantas escuelas, como terapias y metodologías psicológicas. La más interesante es la Psicoterapia de Tiempo Limitado, que incorpora a todas y cuyas sesiones son de 8 a 12, y con la globalización se pueden hacer con psicólogos(as) nacionales como internacionales.

En el caso de ambos profesionales del derecho citados en este artículo, reitero que, si se hubiese promocionado en nuestra patria el autoconocimiento a través de la psicología, incluso gozarían mostrando un certificado de que con orgullo trabajaron sus deficiencias en el manejo de sus afectos, emociones y cogniciones, por lo que serían personas mejor adaptadas. Asimismo,  ese acto en sí, sería el mejor ejemplo plausible a seguir por otros ciudadanos.

No necesitamos una cárcel como reformatorio, para eso están los psicólogos.

Nadie en un país tan convulsionado como el nuestro – en su macro, meso y micro contexto-  donde existen  aristas de  inequidad, podría tirar la primera piedra de intacta salud mental. Eso es un cínico autoengaño cultural.

Por tanto, la ignorancia y la falta de una promoción de una cultura psicológica nos ha llevado a sobrevalorarnos y esconder nuestros complejos o disfrazarlos de superioridad. Complejos de emociones no confrontadas con ayuda profesional, y las que tarde o temprano en  la vida de cualquier ciudadano, volverán a aparecer y serán un hándicap que afectará su, y nuestra felicidad.

Inspirándome en Carl G. Jung, analista creador de muchas imágenes simbólicas y poéticas  para enseñarnos de la psicología humana, regalaré este credo terapéutico: “Identifiqué con un profesional  en psicología mi sombra y la incorporé con cariño y paciencia dentro de mí. Hoy me obedece, entonces nos dirigimos con gusto juntas en los caminos de la vida, donde podemos proyectar en los claros oscuros nuestras señales de luz”. La moral del analista enseña a incorporar a la sombra, y no a atormentarla.

¡Vayamos al psicólogo! Es el mejor regalo que como ciudadanos podemos hacernos y hacer a nuestra sociedad.

 

*Psicóloga

 

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