
Por: Luciano Revoredo
La entrada masiva e ilegal de marroquíes orquestada sobre Ceuta constituye un acto condenable que no admite ambigüedades ni paños tibios. La forma en que se ha alterado la vida de esa comunidad española y como hordas de violadores y asaltantes se han instalado en medio de sus casas bajo la apariencia de refugiados, siendo todos ellos hombres jóvenes, sin familias, niños, ni ancianos, es repudiable. No son refugiados como el miserable traidor de Pedro Sánchez y sus cómplices sostienen. Es una invasión en forma.
Frente a un chantaje geopolítico que vulnera las fronteras españolas y somete a los ciudadanos de la ciudad autónoma a una presión insostenible, la respuesta institucional, diplomática y de las fuerzas de seguridad debe ser inflexible.
España precisa contundencia en la defensa de sus fronteras, la activación inmediata de todos los mecanismos de contención europeos y un mensaje categórico que deje claro que la soberanía e integridad de cada rincón de su país es innegociable.
En este contexto, la iniciativa del fútbol profesional de saltar al campo luciendo una camiseta con el lema “Todos somos caballas” buscaba proyectar una necesaria solidaridad colectiva con el pueblo ceutí, haciendo alusión al gentilicio popular y afectivo de los habitantes de Ceuta, a quienes se les conoce cariñosamente como “caballas”.
Por eso resulta especialmente indignante la actitud exhibida por futbolistas de la talla de Vinícius Júnior y Kylian Mbappé en los prolegómenos del partido ante el Elche.
Ocultar la prenda, enrollársela al cuello de forma deliberada para impedir que el mensaje fuera legible y quitársela apresuradamente antes de saludar a sus rivales no es una simple anécdota; es un gesto de desprecio inexplicable hacia una causa humanitaria y de cohesión que pretendía arropar a miles de ciudadanos afectados.
Resulta inaceptable que figuras con una proyección mundial insuperable, que se benefician del escaparate, las libertades y la proyección que les brinda la sociedad española, actúen con semejante cálculo o indolencia cuando se les pide un gesto mínimo de empatía.
La actitud de Vinícius y Mbappé supone un feo desmarque y una equidistancia cobarde que empaña la imagen de su propio club y de la competición.
El fútbol no puede ser solo una plataforma para el lucro y el espectáculo individual cuando la realidad de un país exige la máxima firmeza y empatía.
Ante la agresión en la frontera, hace falta contundencia de Estado; y ante la frivolidad en el césped, hace falta una reconvención pública a quienes confunden la neutralidad con la falta de respeto hacia la afición que los encumbra.
Es de esperar que el Real Madrid, el más club más grande del fútbol mundial y que agrupa a millones de hinchas en el mundo sancione ejemplarmente a este par de desadaptados.





