La columna del Director

¡FUERA LAS RATAS!

Por: Luciano Revoredo

Entro en esta campaña y aspiro a ser diputado porque estoy convencido de que el Congreso no se abandona cuando se corrompe: se disputa. Lo hago con un lema claro —¡Fuera las ratas!— que no apunta contra la política, sino contra quienes la han degradado. Decido dar esta batalla desde Renovación Popular porque hoy es el espacio político que, con mayor claridad y sin complejos, ha asumido la necesidad de enfrentar al sistema de privilegios que se ha enquistado en el Estado. Bajo el liderazgo de Rafael López Aliaga, Renovación Popular ha demostrado que se puede hacer política sin pedir permiso, llamando a las cosas por su nombre y enfrentando intereses reales, no imaginarios. No es un refugio cómodo: es una trinchera. Y eso es exactamente lo que el momento exige.

“¡Fuera las ratas!” no es un exabrupto ni un insulto gratuito. Es una consigna política que nace del hartazgo. Del cansancio profundo de un país que ha visto cómo la corrupción se instala, se reproduce y se normaliza dentro del Estado, especialmente en la política, hasta convertirla en un territorio ajeno para la gente decente.

Cuando hablamos de ratas, no hablamos de la política como actividad noble —que lo es— ni de todos los políticos —que no lo son—. Hablamos de aquellos que han hecho de la función pública un botín. De los que entran al Estado no para servir, sino para servirse. De los que viven del privilegio, del blindaje, del gasto inútil, del acomodo y del silencio cómplice.

La metáfora no es nueva ni arbitraria. La rata no construye, no produce, no crea: se alimenta de lo que otros generan. Vive en la oscuridad, huye de la luz y se reproduce allí donde nadie controla. Exactamente así opera la corrupción en la política.

Durante años se nos ha dicho  “que nadie decente entre”, que la política estaba perdida, que todos eran iguales, que entrar era ensuciarse. Ese discurso, cómodo y moralista, solo ha beneficiado a los peores. Porque cuando la gente honesta se retira, el espacio no queda vacío: lo ocupan siempre los mismos. Los profesionales del abuso.

Por eso “¡Fuera las ratas!” no es un grito antipolítico, sino todo lo contrario: es una defensa de la política. Es decir con claridad que la política no puede seguir secuestrada por redes de intereses que usan el Congreso como agencia de empleo, caja chica o escudo de impunidad.

El desprestigio del Congreso no cayó del cielo. Tiene causas concretas: presupuestos inflados, privilegios injustificables, blindajes vergonzosos, leyes hechas a la medida del poder y una desconexión total con la vida real de los ciudadanos. Frente a eso, no bastan discursos tibios ni indignaciones de redes sociales. Hace falta decisión. Y conflicto. Porque limpiar siempre incomoda.

Decir “¡Fuera las ratas!” es asumir que la política está en disputa. Que no se limpia desde la tribuna ni desde el comentario irónico, sino entrando al lugar donde se toman las decisiones. Comprándose el pleito. Dando la batalla desde adentro, aun sabiendo que el costo será alto.

También es una advertencia: no todos los que hablan de reforma quieren reformar. Muchos se acomodan rápido. Por eso la lucha contra la corrupción no puede ser solo moral; debe ser estructural. Menos gasto político. Menos cargos inútiles. Menos privilegios. Menos blindajes. Más control. Más transparencia. Más consecuencias.

Un Estado débil frente a la corrupción termina siendo fuerte contra el ciudadano. Y un Congreso capturado por intereses termina legislando contra la gente común. Esa es la verdadera gravedad del problema.

“¡Fuera las ratas!” no es una consigna para dividir al país, sino para separar aguas. Para decir con claridad de qué lado se está. Del lado de los que viven del esfuerzo propio o del lado de los que viven del Estado. Del lado de la ley o del lado del blindaje. Del lado del ciudadano o del lado del sistema.

La política peruana no necesita más cinismo ni más resignación. Necesita coraje. Necesita gente dispuesta a incomodar. Necesita, en suma, que alguien se atreva a decir lo que muchos piensan y pocos expresan.

Porque si no salen las ratas, el país no avanza.

Ya es hora de limpiar.

1 comentario

  1. Completamente de acuerdo, empezar por el legislativo y bajar a todo estamento del Estado, una limpieza profunda, responsable y sin apadrinados. Éxitos Luciano

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