La columna del Director

LA MAGIA DE LA NAVIDAD NO EXISTE

Por: Luciano Revoredo

En la época actual, es común escuchar la frase “la magia de la Navidad” como si fuera una verdad universal. Sin embargo, desde una perspectiva cristiana, esta expresión no solo está fuera de lugar, sino que también desvirtúa el verdadero significado de la Navidad.

La Navidad, en su esencia, no es un evento mágico ni una celebración de fantasía; es una solemnidad sagrada que conmemora el nacimiento de Jesucristo, Hijo de Dios, hecho hombre para la salvación del mundo. La frase “la magia de la Navidad” sugiere una visión infantil y superficial de lo que debería ser una celebración profundamente espiritual y reflexiva.

La Navidad, desde su origen, está ligada a la encarnación de Dios. Es el momento en que el cristianismo celebra el misterio de la Encarnación: Dios se hace hombre para acercarse a nosotros, para compartir nuestra humanidad y ofrecer la posibilidad de la redención. Esto es lo que debemos recordar: la humildad de Dios, el amor infinito que se manifiesta en un pesebre, no en el brillo de las luces o en la magia de los cuentos.

Los Evangelios nos narran la sencillez y la profundidad de este evento. María, José, los pastores y los santos Reyes Magos no se reunieron alrededor de un espectáculo , sino de un niño en un pesebre, simbolizando la pobreza, la humildad y la esperanza. La celebración cristiana de la Navidad invita a la introspección, a la caridad, al amor al prójimo y a la adoración genuina a Dios.

No caigamos en el juego de los que buscan quitarle su sentido cristiano a la Navidad. Desterremos de nuestros adornos a ese personaje deplorable impuesto por Hollywood, ese engendro llamado Grinch. ¡No es un personaje navideño, es un monstruo! Retomemos la celebración en torno al nacimiento, con sus figuritas que tanto ayudan en la formación cristiana de los niños. Retomemos a las 12 de la noche los villancicos, la oración, la adoración del Niño Dios, por encima de frivolidades.

El desenfoque del sentido cristiano de la Navidad ha sido exacerbado por la comercialización de la festividad. Las tiendas llenas de adornos, los anuncios de juguetes y la presión por el consumismo no hacen más que desviar la atención de lo que realmente importa. La Navidad no debería ser una excusa para el derroche material, sino una oportunidad para la generosidad, la solidaridad y la paz.

Por otro lado, la frase “Felices Fiestas”, aunque puede ser bien intencionada, tiende a diluir la especificidad cristiana de la Navidad, promoviendo una celebración genérica y secular. Es imperativo recordar que, para los cristianos, la Navidad es santa, y por lo tanto, debemos decir “Feliz Navidad”, reconociendo y celebrando lo que esta festividad significa para nuestra fe.

La santidad de la Navidad radica en su carácter divino. Es un tiempo para recordar que estamos llamados a ser santos, a vivir según los principios del amor y la justicia que Jesucristo encarnó. No es un momento para la magia, sino para la gracia; no para la ilusión, sino para la verdad de la salvación que se nos ofrece.

La “magia de la Navidad” no existe en el contexto cristiano. Lo que existe es la maravillosa gracia de Dios manifestada en el nacimiento de Cristo. Es hora de volver a las raíces de nuestra celebración, de centrarnos en lo que realmente debería ser la Navidad: un tiempo de espiritualidad, de reflexión y de verdadera alegría en la fe. Digamos, entonces, no “Felices Fiestas”, sino con toda la convicción de nuestra fe, “Feliz Navidad”.

1 comentario

  1. Lo que muestra la Navidad, es la primera muestra de la omnipotencia Divina, en acto para la redención del género humano, la otra gran muestra es la Resurrección. Feliz Navidad Sr. Director, espero que en casa se conserve el Belén hasta la Candelaria.

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