Cultura

ENTREVISTA A FEDERICO SALAZAR

Entrevista de: Juan Antonio Bazán

– Cuéntanos acerca de tu niñez y adolescencia, y de tu temprana vocación intelectual

Tuve una niñez feliz, crecí en un barrio en Jesús María con chicos de mi edad, con los que hasta ahora somos amigos. Jugábamos fulbito en la calle, montábamos bicicleta y nos inventábamos juegos. Me aficioné a hacer rimas y también hice textos “narrativos”, como a los ocho o nueve años. Ya en la adolescencia, comencé a escribir cuentos y poemas; luego descubrí que lo que más me gustaba era la parte reflexiva. Pasé de la afición a la literatura a la de la filosofía, eso fue en quinto de media, que tuve como profesor de filosofía a Romeo Luna Victoria, con quien, aunque pensábamos muy diferente, hicimos una buena relación profesor-alumno.

– Cómo influenció tu padre, Arturo Salazar Larraín, en tu formación académica?

De varias formas. De hecho, empecé a escribir muy temprano porque lo veía a él escribir y él nos leía a mi hermano y a mí algunos textos, como La Vida es Sueño, y nos iba explicando el significado de las palabras y del mismo texto. También leí algunos de los libros que había en su biblioteca, como el Segundo Tratado, de Locke; Arte y Poesía, de Heidegger, o la Historia de la República, de Basadre.

También fue importante escuchar las conversaciones que se daban en casa sobre la situación política y económica. Era la época de la dictadura militar y el estatismo socialista de Velasco. Me interesó la economía y siempre que preguntaba, mi padre respondía, una y otra vez.

Mi padre era amigo de Jorge Basadre y eso me permitió establecer también una relación con él. Durante algo más de un año lo visité en su casa de San Isidro, los sábados en la mañana. Fue muy generoso; hablábamos de literatura, de historia del Perú, de los políticos peruanos, del estructuralismo, en fin, hasta de fútbol. Él me guio en mis primeras lecturas sobre marxismo. Me acompañó muchas veces mi amigo Mario Ghibellini.

– Tú eres uno de los maestros de los liberales de mi generación, sobre todo de los austriacos. Un grupo de jóvenes, hoy intelectuales brillantes, se reunían en tu casa para escuchar tus clases y leer a los clásicos. Coméntanos sobre esta experiencia.

Un grupo de jóvenes estudiantes de San Marcos, principalmente de Derecho, se acercó a escuchar unas conferencias que yo daba en el Movimiento Libertad. Estaban buscando escuchar algo distinto a lo que oían en San Marcos. Después de las charlas me preguntaron si podía darles más información. Fue así como empezamos a reunirnos, primero para explicar algunos temas y, luego, para leer algunos textos. Recuerdo que durante un año leímos sistemáticamente La Acción Humana, de Mises. Fue muy enriquecedor porque las preguntas y los aportes venían de sus propias lecturas y experiencias.

– ¿Qué es el liberalismo, y cómo debe ser un liberal peruano?

El liberalismo es la ideología que pone en el centro de los valores la libertad, entendida principalmente como libertad individual. Es la doctrina que investiga todo lo que es necesario hacer en la sociedad para preservar y desarrollar esa libertad de las personas. Un liberal -peruano, ruso o lituano- debe ser alguien disciplinado en la lectura y la investigación. El liberal peruano, además de conocer la doctrina liberal clásica, debe saber de la historia del Perú y debe saber cómo es y cómo funciona la sociedad peruana; debe conocer la historia de las ideas y las ideologías, las formas y mecanismos de difusión de las ideas y debe tener una explicación de la evolución institucional de nuestro país.

– ¿Cuál es la recepción del liberalismo en el Perú, tanto histórica, como actual?

En el Perú el liberalismo clásico no está difundido del todo. Hay mucha gente que se dice “liberal” sin saber nada sobre lo que dice la doctrina o sin haber estudiado las obras esenciales del pensamiento liberal. Hay muchas formas de difusión, yo creo que la mejor es la de los pequeños círculos, porque ahí se puede profundizar, debatir argumental y no emocionalmente. No puede haber mucha recepción si no hay quienes difundan activamente.

– Desde tu enfoque liberal, ¿cuál es tu concepto sobre la actual clase empresarial peruana?

La misma que tengo sobre cualquier clase empresarial. En su mayor parte, lo empresarios se agremian para defender sus intereses sectoriales y piden libertad económica frente a la competencia, pero cuando se trata de ellos mismos piden protecciones. No conozco empresarios que financien thinktanks liberales.

– ¿Te animas a compartirnos tu opinión sobre el predicamento liberal de Hernando de Soto?

Bueno, Hernando mismo ha dicho que no es liberal. Sin embargo, hay que reconocerle a Hernando que trajo al Perú a Hayek, Friedman, Tullock, entre otros pensadores liberales. El libro El Otro Sendero, que escribió junto con Enrique Ghersi y Mario Ghibellini es, hasta ahora, un libro de lectura obligada sobre el problema institucional del Perú. Lamentablemente, Hernando no continuó con los trabajos del Instituto Libertad y Democracia, que él fundó y que convocó a muchos intelectuales peruanos y extranjeros para estudiar los problemas institucionales del país. Hernando fue la primera persona con la que pude conversar sobre James Buchanan, cuando nadie conocía la escuela de la Public Choice. Ojalá hubiera seguido haciendo simposios.

– Por último, cuéntanos sobre tu disciplina personal para el trabajo intelectual, y qué libro estás leyendo.

No soy muy disciplinado, aunque sí apasionado de mis temas. Es decir, muchas veces leo en desorden, no de manera sistemática. Para mí el placer de leer o de enterarme de algo es lo principal. Si no hay placer, no funciona. Cuando tenía 26 años me “autobequé” para estudiar Hayek, Mises, Rand, Buchanan, North. Había ahorrado como para dejar de trabajar como dos años y seguir mi propio plan de estudios. Eso sí fue sistemático, con fichas, textos, relecturas y reflexión sobre lo leído.

Ahora estoy leyendo El Juicio de Adolf Hitler, de David King, que es un reporte exhaustivo sobre el proceso que se siguió contra Hitler a raíz de su intento de golpe de Estado en Múnich en 1923, por el cual fue confinado a una cárcel dorada. El proceso marca el crecimiento de Hitler como figura pública nacional e internacional. Me interesa saber cómo un país como Alemania pudo caer en la tentación totalitaria, siguiendo a un líder charlatán y delincuente.

Ese libro me llevó a conocer a Joseph Roth, un escritor austriaco, que fue socialista y terminó siendo monárquico. Sus textos periodísticos son extraordinarios y retrata justamente la sociedad austriaca y alemana de la época. Hay antologías de sus escritos periodísticos en español: Judíos errantes, La filial del infierno en la tierra, Primavera de café. Luego leeré algunas de sus novelas.

Finalmente, estoy leyendo, de a pocos y por saltos, los escritos nazis de Carl Schmitt, el jurista alemán, tan admirado y citado en nuestras latitudes. En sus Gesammelte Schriften 1933-1936 se ve lo comprometido que estuvo con el Partido Nacionalsocialista, su extremo antisemitismo y se ven los elogios que hace de Hitler, incluso luego de los asesinatos de lo que se conoció como la “noche de los cuchillos largos” y la ley de “empoderamiento” (Ermächtigungsgesetz) con la que se convirtió en dictador.

 

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