
Por: Ricardo León Dueñas
Los cineastas peruanos y el mundillo que rodea esta actividad bastante reducida por cierto tienen todo el derecho del mundo de defender sus películas (pese a que lo hagan con una insufrible pedantería y encaramados en sus imaginarios pedestales de superioridad moral e intelectual) y nosotros los que nos parece que el cine peruano tiene en su inmensa mayoría un incuestionable tufo progre y de reivindicación social-política, el derecho a criticarlos.
Es un cine donde por lo demás presenta películas con tratamientos de personajes muy planos, unos con un muy deficiente trabajo de los protagonistas que nos presenta una total falta de sutileza en sus construcciones que terminan por presentar grotescas caricaturas. Sucede tanto con los dramas basados en hechos históricos, adaptaciones de novelas, ficciones puras, como en las comedias, la gran mayoría muy bobas, por ser educado con el término.
Nadie pretende que una película basada en un libro sea un fiel relato del mismo y sus personajes calco y copia de lo que se desprende de sus páginas, eso es una obviedad que no merece mayor comentario, pueden hasta desnaturalizar o descontextualizar la obra en la que se basa, sí, licencias artísticas les dicen y los que apreciamos un solapado o abierto contrabando ideológico hacérselos saber ¿o no?
De otro lado, muchos de los cineastas peruanos se viven quejando de la falta de apoyo estatal para desarrollar su actividad, pero esta ayuda al provenir de los impuestos que todos pagamos ¿no merece acaso que algunos nos cause una comprensible urticaria al subsidiar una actividad que termina en obras con las que en nada compartimos sus visiones de vida? Es decir, con nuestro dinero fomentamos ideologías que consideramos funestas para el país en el que vivimos y que a nuestro parecer contaminan el mundo del séptimo arte.
Seguro que en esos predios no debe resultar nada agradable leer líneas como estas, de pronto ni las leerán y los que lo hagan las denostaran. Todo lo que no sea alabanza para con sus películas es motivo de mofa, burla o desprecio para el humilde mortal que tiene el “atrevimiento” de comentar de cine. Mala suerte, felizmente todavía estamos en un país libre donde cada uno puede expresar sus puntos de vista como mejor le parezca.
Hay cine bueno y cine malo. El hecho que sea peruano no hace que uno deba mirar el cine hecho acá con otros ojos que no sean los mismos que el realizado en Corea, Suecia, Argentina, EEUU o la Cochinchina. Buenas películas y malas hay en todo el mundo. He visto buen cine peruano, por supuesto que sí, no mucho tampoco, pero cada día observo que la balanza se inclina por un cine militante progresista, uno que seguiré criticando y sobre todo uno que NO quiero subsidiar.
Nota. Debo decir -en honor a la verdad- que el fenómeno es mundial. Así cada día veo menos por ejemplo la plataforma Netflix, película o miniserie en la que me engancho termina por ser un panfleto intragable de concientización acorde a los valores políticamente correctos que están agobiando al mundo ¡Qué tarea difícil se ha convertido el ver una película o serie aceptable! Seguro debe haber buenas películas





