Política

¿A VER SI LES LIGA?

Escribe: Manuel Castañeda Jiménez

El fallido intento de vacar al presidente Castillo no hace sino dejar al descubierto la escasa calidad y preparación política de muchos de los parlamentarios. El fuero interno de las personas es imposible juzgarlo; ése solo está en el ámbito de la persona y de Dios que todo lo conoce. Así que solamente podemos analizar y juzgar o criticar los hechos, en la esperanza –vana, casi siempre– de que la “clase política” preste oídos y se esmere más en sus actuaciones.

Decimos lo anterior porque desde el comienzo de la presentación de la moción de vacancia, estaba visto que sus propugnadores no iban a alcanzar los votos necesarios para llegar a buen término. Con mucha suerte podrían haber logrado el debate de la moción, pero eso ya era difícil. Menos aún podrían haber logrado el resultado final de vacar al presidente.

Entonces, la pregunta cae de obvia: si, como era absolutamente previsible, no lograrían su cometido ¿para qué la presentaron? ¿A ver si les liga? ¿Así estamos? ¿Jugando a los dados en política a ver si la “suerte” permite a los congresistas lograr su propósito? Esa es una total falta de seriedad. Las consabidas justificaciones de “cumplir un deber moral”, “cumplir un deber de conciencia”, “actuar representando el sentir de una enorme mayoría que quiere la vacancia”, “cumplir un deber político”, “dejar que sea el futuro el que juzgue” y otras, no compensan la fatuidad del frustrado intento; el que solamente deja patente la falta de visión y de capacidad política de sus autores. No puede decirse lo mismo de quienes apoyaron la moción o votaron a favor de su admisión a debate, pues ya las cartas estaban echadas y a los demás congresistas solo les quedaba pronunciarse. Pero lo que han provocado los pésimos calculistas políticos que lideraron o alentaron la moción en sus inicios, es defraudar más a la población que miraba la posibilidad de vacar a Castillo como una salida a la crisis que el actual gobierno, por su ideología, por sus vinculaciones y su pésimo manejo de las situaciones, está provocando. ¿Con qué cara van a pretender el día de mañana presentar una nueva moción quizás con mayor fundamento aún? La población ¿va a seguir confiando en la experticia de los actuales políticos? Si fueron incapaces de asegurar un resultado como el que deseaban ¿acaso sabrán asegurarlo la próxima vez? Y, por supuesto, surge la duda de si ¿no será que a sabiendas de que no obtendrían resultado a favor, presentaron o alentaron la moción precisamente para que se caiga y el presidente salga más fortalecido? Al señalar esto no estamos imputando nada a la congresista que presentó la moción. Bien pudo haber sido simplemente alentada por otros, o hacerlo llevada por un ocasional entusiasmo o pensando que con ello, efectivamente, cumplía “un deber moral.” Insisto: el fuero interno nadie lo conoce. Pero el hecho objetivo es que la moción no tenía futuro. Y al fracasar, las expectativas de muchos se ven frustradas y con ello provocan desaliento en la oposición al gobierno.

“La mejor forma de vencer al enemigo es quitarle la voluntad de luchar” sentenciaba Clausewitz. Son muy pocos los que después de varios intentos frustrados, continúan tesoneramente en la misma línea de acción. La mayor parte acaba no queriendo saber más nada de acciones que no llegan a ninguna parte. ¿Qué ejército puede sostenerse si lo único que consigue son derrotas? ¡Hasta el fútbol nos enseña que un equipo que no logra victorias necesita ser reemplazado! ¿Será factible que vuelvan a haber marchas multitudinarias pidiendo la vacancia de Castillo? ¿O simplemente el que menos tratará de pasar el temporal como pueda? Me temo que eso fue lo que acabó sucediendo en Venezuela, en donde los continuos fracasos de la oposición para enfrenar al insufrible Chávez acabaron agotando las energías y la sagacidad de la población que quería deponerlo pues veía el abismo al que estaba conduciendo su desdichado país.

Todo general sabe muy bien que la gloria militar solo que consigue tras la obtención de victorias. Si los políticos actuales siguen creyendo que con tejes y manejes que los ayuden a mantener cierta “popularidad”, van a provocar que se enmienden rumbos, están muy equivocados. El futuro de la “clase política” actual (entre comillas, porque cuesta calificarla así), es totalmente mediocre. Acabarán vegetando, como muchos que ya han ido pasando y casi ni los recuerda su propia generación.

Ojalá a algún buen samaritano se le ocurriese esta Navidad, regalarle a los congresistas  “El arte de la guerra” de Sun Tzu, a ver si con ello se tornan un poco más expertos en sus manejos políticos. Mientras tanto, más efectivo es rezar porque el señor Castillo enmiende rumbos, se deje de bellacadas y entienda que si se le critica no es para que fracase, porque ni a él ni a nadie en el Perú conviene que un gobierno fracase. Si por su orientación, desea poner mayor énfasis en los aspectos sociales, que lo haga; es su opción; pero que lo haga sin destruir lo que ha costado años de esfuerzo edificar. Pues es muy fácil provocar destrucción y abatir lo ya construido. Es la construcción lo que demanda mayor esfuerzo. A Lincoln se atribuye una frase que hoy debiera tener muy presente el actual gobierno: “no se hace fuerte al débil, debilitando al fuerte”.

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