Vida y familia

UNA SOFISTA REFERENTE DEL FEMINISMO

Por:Tomás González Pondal

Hay quienes realmente creen que, hoy por hoy, un título que acredite que una persona es un profesional en tal o cual disciplina, lo torna realmente eso por lo que se tiene. Más insufrible aún es encontrarse en el camino con gente que así misma se da exagerados aires sobre lo que su título refiere, siendo que, cuando se los pone a prueba, dejan mucho que desear. Cualquier ciencia que no sea recorrida con humildad, termina por arruinar a quien la aborda.

Hay quienes dicen ser filósofos -título en mano-, y, sinceramente, creo que son todo lo contrario a eso. No veo serio que alguien me diga que un filósofo es alguien que puede repetir el pensamiento de algunos hombres que dijeron algo en algún momento, y que, a su vez, manejan algunas lenguas. Platón en su República dice algo muy escueto, pero cargado de una profundidad insospechada para muchos de los “filósofos” modernos: “filósofo es quien repara en la verdad.” Si se quiere ampliar eso hacia una cosmovisión universitaria, diría que es alguien que estudia con una profundidad mayor que la abordada por otros, pero para dar con la verdad. No veo bien identificar al filósofo con el desahogado charlatán moderno, que, encima de todo, tiene el tupe de despreciar la verdad en nombre de “su verdad”, por más título que detente. Sinceramente pienso que Sócrates, Platón y Aristóteles estarían de acuerdo conmigo si digo que un título de Filosofía, no te hace filósofo. Y no porque ellos no hayan obtenido ningún título siendo que fueron filósofos mayores y padres de la filosofía –le dejamos a los ilustrados modernos considerar el hecho-, sino porque ellos supieron distinguirse de los sofistas. Muchos en la actualidad, deberían ser más francos, y, en todo caso, dadas sus vinculaciones ideológicas, fundar facultades cuyo título final sea el de Sofista.

Cuando me entero que ha venido Judith Butler a Buenos Aires, y que “hubo tres cuadras de cola para una charla pública con la filósofa feminista estadounidense”, puedo decir que Clarín dice algunas verdades y una gran mentira. Entre las verdades tenemos que hubo una charla; que hubo una cola; que la conferencia estuvo a cargo de una feminista venida de Estados Unidos. Pero Judith Butler es una sofista; le queda muy grande el nombre de filósofa, principalmente porque, claramente, no ama a la sabiduría.

En su disertación, la feminista hizo referencia al aborto, aclaración esta última que, lo sé, es más que innecesaria. Llevan el aborto hasta en su peinado. Sostuvo: “Criminalizar el aborto es una manera de castigar la libertad sexual de las mujeres”. Comprenderán seguidamente por qué la mujer es una sofista. Da por sentado que el matar al indefenso ser humano es parte de la libertad sexual de una mujer. No hay ley positiva humana que castigue la relación sexual, de modo que, como verán, la sofista marea demasiado. Pero no hay libertad para asesinar a quien, venido a la existencia, merece absoluto respeto. Lo que oculta la sofista es que, su pedido de no criminalización para que se dé rienda suelta al libertinaje más salvaje, conlleva el castigo mortal para quien nada hizo: el bebito intrauterino.

También manifestó la feminista: “Que el aborto esté criminalizado implica que el cuerpo de la mujer pertenece al Estado o a la Iglesia, o a la Iglesia que sobrevive dentro del Estado”. Simplemente implica que el Estado, la Iglesia, y toda persona con sentido común, defienden que no venga una feminista con aires de filósofa para proponer que está bien liquidar a un pequeño ser humano; implica la verdad indiscutible y científicamente inconmovible, de que el ser humano concebido no es parte del “cuerpo de la mujer”.

No puede ver la sofista que cuando refiere que “hay formas patriarcales que sobreviven en el ordenamiento legal del Estado”, se sirve de expresiones como “orden, ley, y Estado, que son, entonces, superlativamente “patriarcales.” Es interesante que haya quienes confiesen que hay un “ordenamiento legal”. Entonces, ¿qué desean? Bregan por el desorden legal, por el antojo que, como lo estamos sufriendo ya, luego lo quieren imponer bajo pena (véase lo que sucede en Canadá, por ejemplo) haciendo creer que eso es un orden.

Esta referente mundial de una ideología nefasta, luciendo pañuelo verde, tiene el atrevimiento de dar consejos a los varones, y decirles: “Les tengo una tarea, un trabajito: que quiebren el pacto de hermandad (…). Que tengan el coraje de decirles a otros varones que no hay que matar (…). Yo le digo a Judith desde este modesto artículo: “Tengo una tarea para usted, un trabajito: quiebre su pacto con el feminismo. Tenga el coraje de decirle a sus seguidores que usted favorece la matanza de seres humanos pues eso implica el aborto, y que debe ser abandonado ese camino del asesinato”.

La estupidez también llega de la mano del aplauso “masa”; el aplauso que llega ante palabras como: “el enemigo no está adentro, sino que tenemos un enemigo muy claro afuera del feminismo, que es el régimen patriarcal, homofóbico y capitalista”; aplauso que no se pregunta cuánto ganó por su charla la feminista que le pega al capitalismo de palabra, para luego estrecharle la mano por debajo para recibir su dádiva.

La sofista expuso también su apoyo a los movimientos LGBT+: “Los derechos del feminismo, del colectivo LGBTIQ+, hacen pensar en individualidades. Me hago un aborto, cambio de género. Pero enmarcar estas conquistas de derechos en actos individuales hacer perder de vista que si puedo cambiar de género es porque otras persona que, antes que yo estuviera acá, cambiaron la idea de género y cambiaron la ley. El acto individual es el último momento de un proceso político, por eso lo principal es el movimiento colectivo del feminismo”. Lógico que, tras eso, sus oyentes aplaudieron. Si la masa supiera. En breves líneas les inoculó todo el veneno de un atroz individualismo desesperante, anarquista, y asesino. Un individualismo tan monstruoso que es capaz de decir livianamente “me hago un aborto, cambio de género”, como si dijéramos “como papás fritas pero freídas con otro aceite. Finalmente, les está indicando el fin: el hombre en la soledad de él mismo, porque, según ella, “el acto individual es el último momento de un proceso político”. El vacío existencial ofrecido por la ideología de género.

Butler viene a la Argentina en un momento histórico clave: la Argentina está aún rebelde a todas las intenciones oscuras que pretenden imponer personas y entidades nefastas. Pagada por el capitalismo que critica solo para deleitar los oídos de una masa aturdida, deja saber lo que estoy afirmando: “Desde el norte estamos mirando sus marchas, paros, estamos prestando mucha atención a eso”. Lo sabemos, Butler. Por eso mismo, desde el Sur, seguiremos con nuestros modestos granos de arena, pues nosotros, oh sofista, tenemos un Norte indestructible.

https://www.clarin.com/…/cuadras-cola-escuchar-filosofa-jud…

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