
Por: Ibeth Angulo
Hace algunos días leí un tweet que cuestionaba nuestro nivel de conciencia respecto al peligro que corren los niños por el desarraigo cultural y de los valores que nos permitieron avanzar como sociedad. En definitiva, se trata de una alerta válida y motivada por razones diversas que aportan a la sensación de que las estructuras sociales se debilitan o se desmoronan.
Cita Bauman, en su libro Tiempos líquidos, que “…la sociedad actual se ve y se trata como una red en lugar de como una estructura”; y que “…se percibe como una matriz de conexiones y desconexiones aleatorias y de un número esencialmente infinito de permutaciones posibles”. Coincido en la descripción “matriz de conexiones”, sus uniones se generan casi de forma espontánea, entre personas o cosas, para establecer una relación instrumental a objetivos inmediatos, y quizás con la misma facilidad con la que se producen las desconexiones; procesos –ciertamente- propios de una red.
En una verdadera estructura (familiar, organizacional, social) existen vínculos: relaciones inmateriales entre las personas, sólo posibles por el significado de esta unión, por el valor que se otorga a conocer, compartir y disponerse a estar cerca de la otra persona u otras personas que son parte de la estructura. Es decir, no es sólo semántica la diferencia entre vínculo y conexión.
Es necesario enfatizar que la generación de vínculos no es consecuencia natural de una membresía común, los vínculos implican significados compartidos que se han de construir, proteger y fortalecer para que los primeros prevalezcan. Nos encontramos entonces frente a mayores desafíos, no basta con ser parte de una estructura; hay que sentirse parte y actuar en consecuencia.
En el significado encontramos la esencia del vínculo. Un mero símbolo con significado resulta más relevante que un extenso ordenamiento normativo desprovisto de aquel; los ejemplos son diversos, desde el trisquel de los celtas hasta la flor de lis o el pañuelo de los scouts. En el caso de los escudos de armas, existe una disciplina para estudiar el significado de sus imágenes y figuras: la heráldica.
El significado es un poderoso criterio valorativo, orientador de la palabra, del pensamiento y de la conducta. Por ejemplo, el significado del vocablo “todos” es que no excluye a nadie, a nada; en tanto que la reciente invención dizque incluyente “todes” excluye principalmente al significado. Pero no se trata sólo de hallar precisión para el uso de las palabras; entender el significado de los vínculos: amistad, amor, familia, Dios, marca grandes y genuinas diferencias entre lo estructural y lo vacío: esas conexiones líquidas… efímeras, riesgosas para el futuro y el presente.
Nos situamos así frente a una tarea permanente de separar el trigo de la paja, la autenticidad de la falsedad, los significados reales y válidos de las imposiciones advenedizas, lo verdadero y sustancial de lo superfluo y anodino. Todo lo cual implica además la disposición a construir significado, a poner -como invitaba Pessoa- todo lo que somos en lo mínimo que hagamos.





