

Raúl Noblecilla, exdefensor de Pedro Castillo y Vladimir Cerrón, y ahora abogado de Betssy Chávez, se ha convertido en una figura que ensombrece la justicia peruana con tácticas cuestionables y un historial que levanta serias alarmas.
Sobrino predilecto de Adolfo Olaechea, el canciller de Sendero Luminoso, Noblecilla parece haber heredado un talento para la controversia y la manipulación. Su trayectoria, marcada por defender a figuras ligadas a la corrupción y al golpismo, lo posiciona como un operador que no duda en enturbiar procesos judiciales para proteger a sus clientes, sin importar el costo para la verdad o la justicia.
En el caso de Betssy Chávez, acusada de participar en el golpe de Estado de diciembre de 2022, Noblecilla ha optado por una estrategia que combina denuncias sensacionalistas con un discurso victimista. Ha llegado al extremo de retirarse de una audiencia aduciendo la supuesta muerte de su defendida e insinuar amenazas de muerte, atribuyéndolas a internas vinculadas al Tren de Aragua, mientras señala al INPE y al gobierno de Dina Boluarte como responsables de cualquier posible atentado.
Estas acusaciones, carentes de pruebas sólidas, parecen diseñadas para desviar la atención del proceso judicial y sembrar dudas sobre la legitimidad de una futura condena. Noblecilla no solo busca ganar tiempo, sino también construir una narrativa de persecución política que pueda ser explotada para descalificar cualquier fallo adverso.Su historial no es menos inquietante. Como exabogado de Castillo y Cerrón, Noblecilla se movió en los círculos de poder de Perú Libre, un partido señalado por vínculos con el caso “Dinámicos del Centro” y otras investigaciones de corrupción.
Su breve paso como viceministro de Gobernanza Territorial en 2022, bajo el gobierno de Castillo, evidenció su rol como operador político, más que como un servidor público. Además, su cercanía con el congresista Guillermo Bermejo, investigado por presunta afiliación terrorista, y su participación en denuncias contra la fiscal Patricia Benavides refuerzan la percepción de que Noblecilla actúa como un estratega al servicio de intereses oscuros, no de la justicia.
El colmo de su conducta se vio en el juicio contra Castillo, donde fue sancionado por la Corte Suprema por insultar al fiscal Edward Casaverde, llamándolo “ignorante” y “tarado”. Este comportamiento, lejos de ser un desliz, refleja su estilo: agresivo, irrespetuoso y dispuesto a desafiar las normas para deslegitimar a las instituciones.
Al insinuar la muerte de Chávez y alzar denuncias de supuestas mafias carcelarias, Noblecilla no solo juega con la gravedad de un proceso penal, sino que pone en riesgo la credibilidad del sistema judicial peruano.Raúl Noblecilla no es un simple abogado; es un agente de la confusión que utiliza el drama y la polarización para proteger a quienes han traicionado la democracia. Su conexión con Sendero Luminoso a través de su tío y su historial de defensa de figuras golpistas y corruptas lo convierten en una figura que la justicia peruana debe observar con lupa. Mientras él siga enturbiando procesos con maniobras de distracción, la verdad seguirá siendo la principal víctima
Con justicia es el ZDM de la semana.
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