La columna del Director

QUE PEDRO SALINAS Y MARTÍN SCHEUCH TENGAN LA HOMBRÍA DE RECTIFICARSE

Por: Luciano Revoredo

El Padre Emilio Garreaud se suma a la lista de sacerdotes de la Iglesia Católica que fueron acusados de algún tipo de abuso sexual y que, luego de ser investigados, fueron hallados inocentes. En el ínterin, los “acusados” han vivido, cada uno a su manera, un calvario. Suspendidos de sus actividades pastorales, denostados públicamente, inescrupulosamente señalados y hasta “sentenciados” por la prensa anticlerical sin que el proceso formal hubiese siquiera empezado, estos buenos cristianos dejan un testimonio de resignación cristiana y fidelidad en la difícil situación que les toca vivir luego de ser calumniados.

Podríamos pensar que “justos pagan por pecadores”. Y en un sentido es verdad, pues ante la triste realidad de los casos de sacerdotes que han denigrado su ministerio y han herido a personas concretas y al Cuerpo de la Iglesia se encuentran estos “casos” de personas inocentes que son falsamente acusadas. Los segundos son asimilados sin mas a la culpabilidad de los primeros. Pero, gracias a Dios, por lo menos para algunos, la verdad finalmente sale a la luz.

Tenemos que pensar que detrás de cada “caso” hay una persona. Y así como es justo que el culpable reciba la pena que le corresponde y el daño que ha ocasionado sea resarcido, también es justo que a una persona falsamente acusada se le restituya el buen nombre y eso sea conocido. En ese sentido, el arzobispo de San José de Costa Rica, lugar donde se dio la acusación al padre Garreaud y donde se le abrió una investigación según manda la legislación canónica, dio a conocer que la denuncia ha sido desestimada decretando su archivo. Asimismo, ha pedido que se tomen las medidas necesarias para restituir la buena fama del Padre Garreaud, afectada por la propagación de la noticia.

Como el Padre Garreaud es miembro del Sodalicio de Vida Cristiana, lo que normalmente sería un caso ajeno a nuestra realidad fue puesto en vitrina por los abanderados de la lucha anticlerical en nuestro medio.

Ni bien se supo de la acusación, que francamente no tenía ni pies ni cabeza, Pedro Salinas Chacaltana se apresuró a escribir un Tweet donde se preguntaba: “¿Cuántos Garreaud más tienen que aparecer para inferir que, una institución en la que imperó una cultura de abuso durante cuatro décadas, no es reformable y debe ser disuelta?”.

Cinco meses después le devolvemos la pregunta a Salinas: Ahora que ha sido absuelto Garreaud, ¿qué podemos inferir? No contento con el Tweet, Salinas escribió un artículo en La República titulado ¿Otro abusador en el Sodalicio? Hay que reconocer que se cuidó en el lenguaje y aprendió la lección. Y es que nadie quisiera arrastrar por la historia dos condenas por difamación, ¿no? Con una basta y sobra. Correcto en el lenguaje, no pudo evitar el deslizamiento en sus argumentos casi dando por hecho que Garreud era culpable. Al fin y al cabo, es “conspicuo miembro” de la denominada ‘generación fundacional’. Y para Salinas, parece, no podría ser de otra manera: “El caso de Emilio Garreaud no es el primero, y hay que añadir que tampoco fue identificado por la comisión de asesores extranjeros”. Ahora sabemos que no lo identificaron porque no había nada que identificar, ¿no?

Otro que no dejó pasar la ocasión, en sintonía temporal y temática con Salinas, fue el excéntrico y verborrágico  Martín Scheuch. Cuándo no. En un extenso post de su Blog, nos cuenta su versión de la historia de Garreaud y dice que hasta le da pena pues tenía buen corazón, era sincero y bien intencionado. Pero, y ahí nos regala con un agudo análisis, “su lealtad al Sodalicio podría haber corrompido sus buenas entrañas y haberlo llevado a cometer actos inmorales”. Encontramos también en el caso de Scheuch la misma técnica de deslizamiento. Habla en condicionales pero su argumentación lleva a validar la veracidad de la acusación. Bueno, pues, resulta que no es verdad. ¿Qué tiene ahora que decir?

Hace unos años, ante una falsa acusación a un sacerdote en Estados Unidos, nada menos que la poderosa Red de Sobrevivientes por abuso sexual de sacerdotes tuvo que pedir disculpas y reconocer que “que acusaciones falsas de abusos sexuales de sacerdotes sí ocurren”. Esperemos que los locales tengan la misma hombría y reconocer que se equivocaron. O quizá Martín Scheuch nos pueda ahora ilustrar con alguna otra amplia cita traducida del alemán pero esta vez sobre los efectos de las falsas acusaciones en las personas y cómo tienen que resarcirse ante ellos los que se apresuraron a echarlos en el montón de los culpables. Y que le haga llegar una copia a su compinche Pedro Salinas.

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