Vida y familia

POR EL PODER DE GRAYSKULL (DEFENSA DE UNA PEQUEÑA DE CINCO AÑOS)

Por Tomás González Pondal

Pienso que no debemos asombrarnos si aún no nos hemos enterado que un padre le ha regalado un tigre a su hijo, en consideración de que el pequeño se cree He-Man y, desde luego, necesita su Battle Cat (el tigre guerrero). No es que se piense en que el pequeño morirá desangrado bajo las garras y fauces del felino y que por eso no se los debe juntar, no: eso no debe considerarse pues hay que “respetar” su fantasía. Es simplemente que los animales en la actualidad, cada vez más, son intocables, mientras que el hombre es tan tocable, que hasta se lo puede transformar o matar.

Claro que la ideología de género con toda su perversión sabe bien dónde no puede imponer transformaciones. Por ejemplo, sabe de lo más bien que no es posible admitir la variante “Hombre Merlín”, el cual sostenga que las balas que dispara con su rifle en miras a cazar un león melena negra en extinción, son solo “gotitas de agua mágica” que deja caer sobre la cabeza del cuadrúpedo rey. Si van a permitir el reino de la autopercepción, no parece coherente que impidan justificar la cacería, en la imaginación de aquél que, usando de la fantasía, sostenga que las balas no son balas sino gotitas de agua mágica. Él lo autopercibe así; habría que permitírselo. Pero no… se ve que cuando no les conviene, las transformaciones quedan prohibidas.

Hay quienes se creen vanguardistas porque en Mar del Plata una niña de cinco años “cambió su género y pronto recibirá su nuevo DNI”. De modo que imponen que no se la pueda considerar una niña, sino que, según dicen, al autopercibirse niño, debe ser tratado como niño. Los comentarios: “Los padres dicen que a los 2 años empezó a dar señales de que se autopercibía como varón.” Son unos magníficos: de seguro si hubieran visto a su hija jugar a hacerse la arañita, le hubieran construido una inmensa tela araña en el techo para que pueda desplazarse como araña. Pero, ¿qué nos cuentan? Dicen los padres: “En principio nos decían que era una etapa, lo mismo por el hecho de que anduviera vestido con camisetas de fútbol, pero luego los vestidos fueron una pesadilla para él. Nunca uso vestidos, lloraba, y nos pidió que los tiráramos”. Ya verán ustedes quiénes son esos que les “decían”. Pero ahora fijémonos en esto: hablan de etapa como si la pequeña hubiera vivido ya una extensa vida; ¡tenía apenas dos años!; ¡prácticamente no hay desarrollo de nada!; ¡ni la razón está desarrollada!; ¡es una etapa corta de berrinches, de ir ‘despertando’! ¡Pero increíblemente algunos que no tienen consideraciones más que su afán nefasto de imponer sea como sea su ideología, ahí van: en busca de menores que les sirvan de conejillo de indias para justificar sus invenciones! Ahora sí detengámonos en eso de “nos decían”. Hagamos la pregunta: ¿Quiénes les “decían”? ¡Ohh… sí; lo esperable!: “En el proceso, los papás de Tito se asesoraron con los integrantes de la ‘Asociación por un Mundo Igualitario’ (AMI), una organización sin fines de lucro, de las principales entidades LGBT de la ciudad que reúne a profesionales y trabajadores sociales en un equipo interdisciplinario”. ¿Qué creían? ¿Qué esperaban que les iban a decir en esos movimientos? Es una cargada grosera. Desde luego que si consulto a un abortista sobre “qué le parece matar a un bebé si a una madre le ronda eso en la mente”, la respuesta es más que obvia. Desde luego que si consulto con un capo narco sobre “qué le parece si me dedico a vender sustancias en mi ciudad”, la respuesta es más que obvia.

Con total desparpajo se dice que la niña devenida en “niño”, decidirá “si quiere (…) hormonarse o no. Estaremos de acuerdo con lo que quiera hacer, hay efectos adversos pero no es uno quien habita ese cuerpo.” Invito a todas las personas que leen esto, a conseguir y leer el excelente libro del doctor en Filosofía y Psicología, Pablo Muñoz Iturrieta (residente en Canadá), “Atrapado en el Cuerpo Equivocado”, libro documentado, que contiene estudios irrefutables llevados a cabos por los psiquiatras más prestigiosos del mundo, en el cual se rebate todas estas invenciones ideológicas que estamos padeciendo, y en el cual, por ejemplo, se trata el caso de los niños pequeños con determinadas inclinaciones, las que, debidamente encausadas, se solucionan. Se da probanzas acabadas también de los padecimientos que más tarde viven aquellos que, llevados por los engaños ideológicos, se han visto arrastrados por ellos.

Se cuenta que el papá de la niña, en una actividad llevada a cabo en sala de 3, como había que escribir una frase en un bandoneón, él dejó escrito: “No permitas que nunca cuestionen tu libertad”. Lástima que, precisamente, fue lo que hicieron: cuestionar la libertad de la pequeña. Pues es cuestionar su libertad haberla sometida a un cambio de género que de algún modo fija la mentalidad de ella. Imagino que si realmente el papá hubiera tenido un hijo que se identifique tempranamente con He-Man, cada vez que el hijo levante su espada diciendo ¡por el poder de Grayskull! y exigiendo con llanto la pronta construcción del castillo Grayskull, el padre, en miras a “respetar la libertad” del menor, se dedicará a ver la manera en la que puede transformar su hogar en el inmueble fantaseado por el universo DC Comics. ¡Vamos! Los que aún elegimos movernos dentro del sentido común, debemos ser agradecidos. Debemos agradecer a nuestros padres que, cuando teníamos la temprana edad de cinco años, no nos daban vía libre para ingerir pequeñas cosas de plástico que sí deseábamos masticar, impidiendo así que muriésemos ahogados por estar atragantados. No dijeron: “el nene lo quiere, debe ser ‘libre’ de tragar esos plásticos”. Debemos agradecer que nos frenaron cuando queríamos tirar piedras a la casa del vecino buscando en una picardía romper un vidrio de la ventana, enseñándonos así respeto. No dijeron: “el nene lo quiere, debe ser ‘libre’ de romper todo lo que desee”. Debemos agradecerles a nuestros progenitores que cuando vieron que estábamos por “enchufar” nuestros dedos en el enchufe, nos enseñaron que eso no se hace. No dijeron: “el nene lo quiere, debe ser ‘libre’ de transformarse en una bombita incandescente”.

Clarín comenta: “Tito, hijo de mamá y papá médicos, tiene una hermana de 8 años, y es el niño más chico en Mar del Plata en pedir la rectificación del sexo asignado en su acta de nacimiento. Hay otros casos en el país y por tratarse de menores sus historias siempre despiertan susceptibilidades, que la misma mamá del nene se encarga de neutralizar”.

Tenemos que la mamá, además de haber sometido a la pequeña a lo que ya sabemos, también es una eficiente neutralizadora. Daré probanza de “cuán neutralizadora es”. Hay algo demasiado contundente en una fotografía en donde aparecen los “triunfantes” padres con su pequeña, todos de espaldas. ¿Qué dirán? ¿Qué hay que proteger la identidad de la menor porque eso es lo natural? ¿Pero cómo? Si no le han respetado su identidad dada por naturaleza, ¿a cuenta de qué pretender servirse del dato objetivo de la minoridad dado por naturaleza? De modo que si la niña mañana quiere ser un Mamut, los padres irán al zoológico de Jurassic Park para que la reasignen como mamífero proboscídeo de la familia Elephantidae pues hay que ser respetuosos de su “libertad”; pero si la niña quiere salir en la foto para que todo el país la conozca, no respetan su libertad, y le imponen salir de espaldas en respeto, ¡oh, incoherencia!, de su identidad. Es uno de los peores fracasos manifiestamente expuestos salir de espaldas ante lo que se considera algo triunfal. Ni su apellido aportaron. Han quedado tan esclavos de lo que hicieron, que no se han atrevido ni los mismísimos progenitores a dar la cara en una foto.

Amén de lo últimamente expuesto, aún cuando hubieran dado la cara, pienso que se le ha dado la espalda a una pequeña de cinco años, sometiéndola a una ideología destructiva.

Dejar una respuesta