Vida y familia

PANDEMIA Y EL INEVITABLE DESPOTISMO TECNOLÓGICO

Por: Rafael Cantoni

De un momento a otro, como un sablazo, la pandemia llegó a nuestras vidas, acelerando el proceso de virtualización de las relaciones a todo nivel.

La llegada del Corona Virus no hizo más que destruir el último bastión de resistencia que se tenía a las compras on line, a las operaciones bancarias en internet o a través de aplicativos y a la comunicación personal no presencial, llámese whatsapp u otro tipo de mensajería.

Y esto ha significado el final de una era donde existían dos fuerzas contrapuestas: una tecnología envolvente y en frente, un grupo resistente a él (ancianos y agentes fuera del sistema económico formal).

La tecnología y sus aplicaciones entonces, de facto, han dejado de ser una herramienta, y se han convertido en la forma “segura” de ser, sentir y expresarse. De esta forma incuestionable, se ha impuesto las relaciones sociales virtuales y la técnica telemática en todos los aspectos de la vida, reduciendo las posibilidades de contacto (contagio) entre humanos.

Por su lado, en paralelo, la técnicas de producción y consumo han transformado nuestra realidad, lo cual ha transformado, de un momento a otro, al sujeto en usuario, teniéndose éste último que adaptar a una serie de procesos de forma inconsulta (bancos, pago de servicios, pedidos y reclamos).

Ante esta imposición de procesos, todos cedimos en favor de la eficiencia, ahorro de costos y comodidad.

Ahora la versión presencial de todos los servicios están heridos de muerte y tienden a una necesaria virtualización, ante la llegada del terror sanitario.

Es conveniente recordar que inicialmente se pensó en la tecnología como una nueva forma de hacer las cosas que nos iba a permitir tener mayor tiempo libre, sin embargo, ahora nos hemos dado cuenta que eso no funcionó para nada así y el efecto fue que privilegiamos la producción y el rendimiento frente al descanso y el cultivo del ocio.

Es más que evidente que nunca hemos ido tan rápido en todo, pero la prisa y el apuro es parte de la cotidianeidad de todos, parece que no solucionamos nada.

Por último se logró reducir las distancias y se logró viajar cada vez más rápido, lo cual trajo un tiempo más acelerado, donde siempre se puede hacer algo más.

Así, la despersonalización que se inició en los años noventas, (pedir la pizza, llamar y pedir cita médica a una grabación) ahora se ha impuesto de forma generalizada: el relacionarse a través de las máquinas y las aplicaciones informáticas, que de un momento a otro, han pasado de ser excepción a regla. Ahora pocos son los servicios que no son automatizados y el usuario, se ve forzado a marcar las alternativas que al teléfono le disponen, siendo lo más dificil conversar con alguien vivo del otro lado. No me cabe duda que este ha sido un proceso impuesto para el beneficio de las corporaciones, no de los trabajadores ni los usuarios.

Si bien es indiscutible que la tecnología nos ha traído una serie de facilidades, también ha tenido una serie de consecuencias bastante desagradables. Ahi es donde uno debe detenerse y pensar, como hemos llegado a ésto y hasta que punto podemos rebelarnos a estos cambios que ahora han sido reforzados con la llegada de la pandemia.

La reflexión que nos queda es hasta donde vamos a tolerar la imposición tecnológica, si esta forma de resistencia aún es posible, y de no serlo, reconocer este nuevo despotismo tecnológico sanitario que ya está aquí.

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