La columna del Director

MURIÓ LA BESTIA

Que se proceda de inmediato a darle sepultura o incinerarlo y que sus restos vayan a un lugar secreto. De ninguna forma se puede entregar sus restos para que se le mitifique y coloque en un lugar de peregrinación para los terroristas y sus cómplices

Por: Luciano Revoredo

En medio de una de las mayores crisis de nuestra historia republicana. Cuando el poder ha sido tomado por una gentuza impresentable y se ha formado un gobierno de delincuentes, incapaces y subversivos vinculados a Sendero Luminoso, se anuncia la muerte de Abimael Guzmán.

Murió como debía ser. En prisión. Justamente cuando el gobierno neosenderista se aprestaba a trasladarlo a una cárcel común cumpliendo los mandatos del MOVADEF y como primer paso para su posterior liberación.

Hacer un recuento de sus crímenes y el daño que causó al Perú y los peruanos es ocioso en este momento. Lo que si es imprescindible es emprender de inmediato una campaña educativa y muy didáctica para que las nuevas generaciones lo sepan.

Algunos desconfiados ya piensan y dicen que no ha muerto, sino que ha sido liberado por el gobierno. Es la típica e inmediata reacción de quienes no creen en quienes han asaltado el poder. Ahora surgirán uno y mil mitos urbanos. Sin embargo hay que creer en la Marina de Guerra del Perú que está de por medio.

Lo importante es que se proceda de inmediato a darle sepultura o incinerarlo y que sus restos vayan a un lugar secreto. De ninguna forma se puede entregar sus restos para que se le mitifique y coloque en un lugar de peregrinación para los terroristas y sus cómplices.

Mañana se conmemora el 12S, es decir los 29 años del día en que la bestia genocida fue apresada. Con mayor razón habrá que estar presentes.

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