Política

LOS ÚLTIMOS 60 AÑOS DEL CONGRESO

Por: José Romero

El Congreso de la República celebró su Bicentenario en un escenario poco favorable y con grandes retos que asumir de cara a la supervivencia de nuestra Patria.

Haré un breve recuento de los últimos 60 años de vida de esta importante institución  republicana que siempre estuvo en el ojo de la tormenta, aunque con mejores exponentes.

El Parlamento del periodo 1963-1968 fue producto de un acuerdo político entre dos enemigos irreconciliables -APRA y el Odriísmo- que representó un férreo opositor al gobierno de entonces y según algunos, causante de la caída de éste. Sin embargo cabe recordar que el último año de gobierno-previo al golpe militar- un acuerdo entre un sector del belaudismo llamado “Carlismo” y la alianza APRA-UNO permitió un poco de aire al desfalleciente desgobierno.

Tras diez años de gobierno militar -sin Congreso- en 1978 se eligió a un Congreso Constituyente que redactó una nueva Constitución que reemplazó a la de 1933. Haya de la Torre presidió esta Constituyente hasta su enfermedad, siendo reemplazado por Luis Alberto Sánchez. El APRA fue la primera minoría, la que en alianza con el PPC logró aprobar la Constitución  pese al petardeo de la izquierda comunista que usó sus escaños como “caja de resonancia”.

Tras las elecciones de 1980, el belaundismo volvió al gobierno, esta vez con una mayoría en la Cámara de Diputados y en alianza con el PPC obtuvo la mayoría en la Cámara de Senadores. Pero esta mayoría tenía serias fisuras por la existencia de dos grupos antagónicos, el sector liderado por Javier Alva y otro por Manuel Ulloa.

El Congreso no supo estar a la altura de las circunstancias y no logró dar respuesta a la crisis que se incubó en aquellos años. La izquierda le hizo el juego al terrorismo y un joven Alan García preparó su camino a Palacio de Gobierno.

En 1985 el APRA logra obtener la Presidencia tras 61 años de vida y con una mayoría en ambas cámaras. Tras dos años de aparente bonanza, el descalabro se desencadenó. El inicio del final fue el vano intento de “estatizar la banca” en 1987 lo cual llevó el fin de la alianza entre un sector tecnocrático liderado por el senador Javier Silva Ruete y la mayoría aprista.

Tras el final del gobierno de la hiperinflación, de la escasez y del terrorismo sin freno; fue elegido el reconstructor del Perú, el Ingeniero Alberto Fujimori que tuvo que lidiar los primeros 20 meses de su gobierno con un parlamento que no apoyó las necesarias medidas económicas ni tampoco las antiterroristas, lo que obligó a la toma de una medida excepcional como fue el anuncio de un Gobierno de Reconstrucción Nacional que implicó el cierre del parlamento.

Tras un breve periodo, el gobierno convocó a un Congreso Constituyente Democrático (CCD) en 1992, el que elaboró la actual Constitución Vigente la que fue aprobada con un referéndum. El CCD estuvo vigente hasta la elección de un nuevo Congreso en 1995  el que estuvo presidido por primera vez por una congresista, Martha Chávez Cossío.

El periodo 2000-2001 fue el fin del decenio en el que gobernó Alberto Fujimori, quien al no haber obtenido mayoría que le permitiera seguir gobernando, “armó una”, sin importar “el cómo”. Tremendo error que desdibujó  la participación de gente valiosa como Pablo Macera, Martha Chávez, Martha Hildebrandt, Luz Salgado, Francisco Tudela, Luis Delgado Aparicio, Absalón Vásquez, Gustavo Ibarra, Elsa Vega y otros.

Al estallar el escándalo el 14 de setiembre del 2000 (“video Kouri-Montesinos”), la crisis devino en terminal. Fujimori anunciaría el acortamiento de su mandato, la Mesa Directiva del Congreso fue censurada y Fujimori renunciaría (fue vacado por el Congreso).

El Perú vivió días de inestabilidad y el congresista Paniagua asumió la Presidencia del Congreso y luego la presidencia temporal dela república.

Lo que vino luego en los siguientes 21 años fue una permanente degradación del Congreso desde el gobierno del corrupto Toledo hasta el presente.

Los tres gobiernos que siguieron a Paniagua tuvieron mayorías congresales sin que éstas diera un marco de gobernabilidad. El drama empezó con el gobierno de PPK quien sin tener una mayoría congresal se enfrentó a un Congreso con una mayoría inédita de 73 congresistas. La corrupción se trajo abajo tempranamente al gobierno con la renuncia de PPK quien fue reemplazado por Martín Vizcarra quien tras breves meses cerró el Congreso.

El nuevo Congreso elegido el 2020 vacó a Vizcarra y apoyó también la algarada comunista que trajo consigo la renuncia del encargado de la presidencia Merino de Lama y el ascenso de Francisco Sagasti. El caviaraje que nunca había ganado una elección se hizo del gobierno y facilitó el ascenso del comunista incapaz y corrupto Castillo.

La historia a lo largo de estos 60 años consigna gente valiosa que ocupó un escaño como Luis Alberto Sánchez, Ramiro Prialé, Andrés Townsend, Mario Polar, Héctor Cornejo Chávez y constituyentes como Haya de la Torre y Bedoya Reyes.

En los siguientes años, muchos de los mencionados fueron acompañados o sucedidos  por figuras como Lourdes Flores Nano, Roberto Ramírez del Villar, Felipe Osterling, Pepe Barba, Antero Flores Aráoz, Juan Carlos Eguren, Rafael Rey, Martha Chávez, Alan García, Javier Valle Riestra, Jorge del Castillo, Nidia Vílchez, Mauricio Mulder, Vitocho García Belaunde, Juan Sheput, Rosa Bartra, Héctor Becerril, Cecilia  Chacón y algunos izquierdistas cuyo mayor mérito fue ser “comparsas” del terrorismo de los 80s.

A lo largo de estos años hemos constatado que gobiernos con mayorías obsecuentes no son garantía de estabilidad y menos aún gobiernos sin mayoría congresal, que finalmente han terminado en el descalabro.

La existencia de gente valiosa tampoco ha logrado que el Perú se conduzca por mejores rutas. Sino, ¿cómo explicar el desastre de los años 80s habiendo grandes políticos como los mencionados?

¿Acaso el sistema parlamentario como lo conocemos ha colapsado y requiere ser repensado? ¿Hasta cuándo tendremos que seguir escuchando a tanto ignorante sentado en una curul obtenida gracias a los votos de una ciudadanía cada vez más en desgracia?

Requerimos no solo nuevas propuestas sino gente valiosa, honesta y capacitada. De los últimos congresos tan solo podríamos rescatar un mínimo porcentaje.

El Perú requiere resucitar a sus instituciones. La historia nos muestra esa imperiosa necesidad. En cuanto al actual Congreso poco que destacar; esperando un poco más de tiempo para resaltar las pocas figuras dignas de señalar.

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