La columna del Director

LOS OTROS

Por: Luciano Revoredo

La obra maestra de Amenábar es sin duda la película “Los otros” en la que recrea genialmente un ambiente victoriano y tenebroso en la imponente mansión en que la protagonista y sus pequeños hijos viven en la más estricta penumbra.

La protagonista, Grace (Nicole Kidman), es una madre sobria y piadosa, tiene una preocupación, la casa debe estar siempre en penumbra, y no se puede abrir una puerta sin haber cerrado la anterior, la razón es que sus hijos sufren de fotofobia.

Todo esto mientras en este cargado ambiente se espera el retorno del padre del frente de guerra. Hay tres sirvientes que aparentemente quieren enloquecer a Grace. Hasta que al final de este filme de terror a cuentagotas, se da la terrible revelación. Todos los personajes están muertos y las manifestaciones extrañas provienen del mundo de los otros, de los vivos.

Todos los personajes eran espectros que se manifestaban gracias a una médium sin ojos que hacía sesiones de espiritismo en la casa. El engaño es perfecto y el espectador está todo el tiempo atrapado de lado de los muertos.

Una similar historia de terror vivimos en el Perú hace 18 años, la realidad ha sido enturbiada y donde se creía ver a los justos y decentes estaba la podredumbre de la corrupción. Personajes siniestros se encaramaron en el poder sucesivamente, mascarones que ocultaban las miserias de la descomposición moral más repelente.

Toledo, con su cónyuge y toda su corte de amnésicos adulones. Ahí estaban siempre prestos a denunciar a los corruptos. A dar lecciones de democracia. Clases maestras de cómo salir de la miseria. Y sí que salieron. Muchos de ellos aún circulan reciclados en la escena política. Toledo por su parte no es más que un homúnculo macerado en alcohol, que para vergüenza de los peruanos, deambula en los Estados Unidos.

El tren de la corrupción tomó viada en el gobierno de Alan García. El Partido Aprista parecía renovarse pero todo fue una ilusión. Enrique Cornejo resultó un falso valor y hoy tiene mucho que explicar.

Ollanta Humala, siempre desubicado y limitado, mientras Nadine Heredia, se movía por el  mundo de las más oscuras finanzas, como una nueva rica de antología y movía los hilos millonarios de una tragicomedia tropical, que tenía sus más sabrosas escenas en Brasil y Venezuela…

Kuczynski, el viejo lobista, no era sólo eso, era un ser inescrupuloso que traficó con nuestro país a su antojo. bajo la protectora sombra de su paraguas se movía un danza de millones, de negocios dudosos, de acuerdos bajo la mesa y parte de esta coreografía fueron numerosos figurantes que aún siguen en papeles estelares de nuestra política, todo esto a pesar que en su momento supimos como era la nuez.

Por su parte una izquierda casi puritana, erigía un altar a la democracia y a la falsa honestidad. Mientras en la sacristía, in pectore, rendía culto a Polay y Guzmán. Que no eran terroristas sino que eran los cumpas, así, comprensivamente y con cariño. El anfo, la dinamita y los miles de muertos eran culpa del ejército y la injusticia social.

Esa misma izquierda que, ahora lo sabemos, también estaba inmersa en los fosos de lodo de la más abyecta corrupción y se debatía entre las lentejas cajamarquinas y los frijoles brasileños. Expertos en predicar virtudes mientras cubren su podredumbre. Todos callan sobre la presencia de Verónika Mendoza en las andanzas de Nadine Heredia. Nadie dice nada sobre sus anotaciones y su presencia en las famosas  agendas y la danza de millones venezolanos.

Mientras Susana Villarán y Anel Townsend tendrán que dar cuenta de la campaña del NO en la revocatoria. De los millones de dólares que llegaron de Brasil y se distribuyeron entre lo más granado de la caviarada.

A todo esto se sumó una prensa implacable que pretendía ser la personificación de la honestidad, auténticos catones de utilería. Que mientras recibían miles de dólares de la corrupción a través de oenegés y consultorías, eran duros sensores con anteojeras. Álvarez Rodrich y Rosa María Palacios resultan emblemáticos en este arte velado de parecer pero no ser.

Curtidos en dinero sucio eran hábiles para desviar la atención de los espectadores. Así, llevados por la más tétrica trama, llegamos al desenlace terrorífico y supimos que ellos eran los corruptos, que todo el tiempo estuvimos engañados. Todos estaban muertos y pútridos. Su existencia real, su alevoso devenir, sucedía entre gases y fuegos fatuos. Como en “Los otros”

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